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miércoles, 29 de julio de 2026

LINIERS

 

Y LAS DOS ARGENTINAS


 

Con motivo de conmemorarse el 12 de agosto, la Reconquista de Buenos Aires, consideramos necesario meditar brevemente sobre el tema, pese a que la ley 12.831 que en 1946 declaró esta fecha feriado nacional, dejó de tener vigencia, hace más de medio siglo. Analicemos la cuestión.

 

La batalla naval de Trafalgar del 21 de octubre de 1805 dio por tierra los planes de Francia y España, dejando a Gran Bretaña el señorío de los mares. Los proyectos ingleses de dominar los territorios americanos encontraron el momento propicio. Una flota naval británica surcó el Atlántico sur, primero para tomar el Cabo de Buena Esperanza, y luego enfilar hacia el teatro de operaciones del Río de la Plata.

 

El virrey Marqués Rafael de Sobre Monte, anoticiado de la inminente invasión, decidió trasladarse a Córdoba instalando allí la capital; el tesoro real, sin embargo, fue capturado y luego exhibido como trofeo en Londres. Pero para otros dirigentes del Virreinato, se debía dar una resistencia armada para expulsar al invasor. Esa toma de conciencia popular sobre su sentido histórico y su necesidad de liberarse de todo sometimiento exterior fue interpretada, paradójicamente por un francés.

El 12 de agosto de 1806 Liniers, como caudillo militar, forzó la capitulación del jefe de las fuerzas británicas, Brigadier Beresford. Se ha dicho, incluso, que sin la fe su alma, sin la entereza de su carácter, a esta hora hablaríamos inglés en vez de español.


En realidad, en esa fecha queda consolidada la vigencia plena de la nacionalidad argentina, pero también comienza el drama de nuestra historia, que se prolonga hasta la actualidad: la existencia de dos Argentinas. Desde el 1800 ya existía en el territorio del Virreinato del Río de la Plata, una mayoría de criollos, algunos de los cuales, como Saavedra y Belgrano –integrantes de la primera Junta- desempeñaban funciones públicas de importancia. También existía una cultura criolla que para 1750, tenía características propias y definidas. Por otra parte, la decisión masiva de los habitantes de combatir, revela a un pueblo con identidad propia que asume la defensa de su tierra; sería absurdo que esto ocurriera en una sociedad cuyos integrantes se conformaran con ser parte de una colonia.


Quien ha estudiado en profundidad la compleja situación de nuestro país, es el historiador Víctor Sonego, quien describe las dos líneas de pensamiento político, los dos proyectos de país que, al alternarse en el predominio, han generado nuestro turbulento proceso histórico.


*La línea nacional: que generó valores culturales propios, su espíritu cristiano, indohispánico, que procuró desarrollar modelos económicos autónomos.


*La línea liberal: que adhiere a valores culturales ajenos, con espíritu laicista, anglosajón y mercantilista.


Otros países han padecido enfrentamientos parecidos; por ejemplo, en Estados Unidos, el norte y el sur dirimieron en una guerra civil el modelo de país que preferían. Triunfo el norte y el sur aceptó la derrota, y desde entonces no hubo dos países. Eso no ha ocurrido en nuestro caso. Nada menos que Alberdi lo explica con claridad:


No son dos partidos, 

son dos países: no son los unitarios y federales, son Buenos Aires y las provincias. Es una división de geografía, no de personas… La lucha no es guerra civil; es guerra internacional, de estado a estado. (Grandes y pequeños hombres del Plata)


La línea nacional se basa en la vertiente hispano-criolla que heredó de la España medieval los valores que inspiraron su conducta y su concepto de sociedad, y especialmente la fe en Dios. Nuestra identidad cultural se integrará simbióticamente con la vertiente cultural aportada por la oleada de inmigrantes que arribará desde Europa.


La línea liberal, por su parte, acepta los principios del liberalismo y utilitarismo provenientes de la Europa de los siglos XVIII y XIX, tributaria del Renacimiento y de la Reforma. Nuestra corriente liberal adoptó el ideologismo revolucionario francés y el librecambismo inglés.


Así como la línea nacional se consolida con la Reconquista, en 1806, la liberal se afianza en 1809, con el tratado Apodaca-Canning, que otorga a Inglaterra importantes ventajas comerciales en América. A raíz de dicho tratado, llegaron a Buenos Aires naves inglesas con mercadería para vender en todo el virreinato; era la tercera invasión inglesa, que dio nacimiento a la otra Argentina, dependiente, anticipando lo que ocurriría dos siglos después, corregido y aumentado.


Para concluir, vale recordar una frase del Episcopado Argentino, que destaca la esencia de nuestra nacionalidad, que contribuyó a forjar don Santiago de Liniers:


Desde el inicio de nuestra comunidad nacional, aún antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así de formó la compleja cultura que hoy nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.

(Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad; 2010-2016)

 

Fuentes:

Gassino, Eduardo. 1806 “La reconquista de Buenos Aires”, La Prensa digital, 8-8-2020.

Meneghini, Mario Albino. “Liniers: su trágico fin en Córdoba; Centro de Estudios Cívicos Fabiela Meneghini, Córdoba, 2025.

Sonego, Víctor. “Las dos Argentinas”; Tomo I, Ediciones Don Bosco, 1985.

 

 

miércoles, 2 de abril de 2025

APUNTE

 

IDENTIDAD NACIONAL

 

Nos parece interesante reflexionar sobre los vínculos que existieron entre nuestros héroes, en relación a la tradición nacional. No tiene mucho sentido limitarse a repetir datos por todos conocidos, en relación a los próceres, sin procurar que su actuación sirva de ejemplo y guía para el presente. Y, para eso, es necesario ir más allá de los hechos, tratando de investigar la causa de los hechos. Puesto que (Font Ezcurra), “la historia es en esencia justicia distributiva; discierne el mérito y la responsabilidad”.

 

En momentos de crisis de Honda en nuestra patria, no podrá restaurarse la Argentina, mientras no se prometa en sus raíces verdaderas. Ocurre, sin embargo, que desde hace unos años han surgido de la nada, presuntos historiadores, empeñados en desmerecer la personalidad y la obra de los héroes, sembrando confusión y desaliento.

 

En realidad, el intento de desprestigiar a quienes consolidaron la nación, comienza muy atrás en el tiempo. Recordemos, por ejemplo, lo que escribió Alberdi, en su libro El crimen de la guerra (T. II, pg. 213): “San Martín siguió la idea que le inspiró, no su amor al suelo de su origen, sino el consejo de un inglés general, de los que deseaban la emancipación de Sud-América para las necesidades del comercio británico”.

Por cierto, que no ofrece ninguna prueba de lo que afirma, y ​​nunca se ha exhibido algún indicio del apoyo o recompensa por parte de Inglaterra, que debería haber existido si fuese cierta la sospecha. Incluso en el exilio en Europa, durante un cuarto de siglo, muchos visitantes pudieron comprobar que vivieron apenas con lo necesario, y hasta con penurias económicas, en algún momento.

 

En cambio, un personaje de poca monta, Saturnino Rodríguez Peña, que ayudó a escapar al General Beresford y otros oficiales ingleses, que estaban internados en Luján, luego de la invasión de 1806, fue premiado por sus servicios al Imperio Británico, con una pensión vitalicia de 1.500 pesos fuertes.

Por su parte, otro General argentino, Carlos de Alvear , siendo Director Supremo de las Provincias Unidas, escribió dos pliegos, en 1815, dirigidos a Lord Stranford y Lord Castlereagh, en los que decía:

“Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso”.

 

Estos documentos se conservan en el Archivo Nacional, y prueban una actitud que nunca existió en San Martín, cuya conducta fue siempre transparente y sincera.

 

Los ejemplos mencionados de Alvear y de Rodríguez Peña, hacen necesario rastrear el pasado para tratar de entender el motivo de sus actitudes. Desde antes de la ruptura con España, ya habían aparecido en el Río de la Plata dos enfoques, dos modos de interpretar la   realidad, diametralmente opuestos:

 

l) el primer enfoque, nace el 12-8-1806 , con la Reconquista de Buenos Aires, y podemos llamarlo Federal-tradicionalista ;

 

2) el segundo enfoque, surgido en enero de 1809, con el Tratado Apodaca-Canning , celebrado entre España e Inglaterra, cuando este último país, que había sido derrotado militarmente en el Río de la Plata, ofrece una alianza a España, contra Francia, un cambio de facilidades para exportar sus productos. A este enfoque podemos llamarlo Unitario-colonial .

 

No caben dudas de que San Martín se identifica con el enfoque tradicionalista, que se manifiesta con el rechazo de las invasiones inglesas, se afianza con la Revolución de Mayo y la guerra de la independencia y culmina en la Confederación Argentina, con el combate de la Vuelta de Obligado.

Quienes atacaron a San Martín y trabajaron su gestión, hasta impulsarlo a alejarse del país, se cuadran en el enfoque unitario. Son quienes consideraron más importante adoptar la civilización europea, que lograr la independencia nacional, y por “un indigno espíritu de partido” -decía San Martín- no vacilaron en aliarse al extranjero en la guerra de Inglaterra y Francia contra la Confederación.

Lo mismo hicieron en la batalla de Caseros   -cuando se aliaron   con el Imperio de Brasil-, donde llegaron a combatir 3.000 mercenarios alemanes contratados por Brasil. San Martín llegó a la conclusión de que “ para que el país pueda existir, es de absoluta necesidad que uno de los dos partidos en cuestión desaparece” (carta a Guido, 1829).

 

Una de las vías de difusión de la mentalidad unitaria-colonial, fue la masonería, que influyó en algunos próceres. Rodríguez Peña , por ejemplo, fue uno de los 58 residentes en el Río de la Plata, que se incorporó a las dos logias masónicas instaladas durante las invasiones inglesas (Estrella del Sur, e Hijos de Hiram).

Otros dos formaron parte de la 1ra. Junta de gobierno: Mariano Moreno y Castelli (Memorias del Cap. Gillespie).

Curiosamente, se ha pretendido vincular a San Martín a la masonería, cuando, además de no existir ninguna documentación que lo fundamente, toda su actuación resulta antinómica con los principios de dicha institución, cuyos miembros lo atacaron permanentemente, en especial Rivadavia (iniciado en Londres, integró las logias: Aurora y Estrella del Sur).

 De todos modos, en los años 1979/80, un investigador argentino consiguió terminar con cualquier duda, al recibir de las Grandes Logias de Inglaterra, de Irlanda y de Escocia, la confirmación oficial de que San Martín nunca estuvo afiliado a la masonería, y que la Logia Lautaro -que cumplió un rol importante en el proceso emancipador-, fue una sociedad secreta con fines políticos, y no tuvo ninguna relación con la masonería.

 

El enfoque unitario-colonial , está influenciado por el iluminismo y el romanticismo, que se puede sintetizar en una frase de Sarmiento: “los pueblos deben adaptarse a la forma de gobierno y no la forma de gobierno a la aptitud de los pueblos”.  

Precisamente lo contrario sostenía San Martín: “a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, sino las mejores que sean apropiadas a su carácter”.

 

Podemos resumir las diferencias entre ambos enfoques, en el enfrentamiento que tuvo San Martín con Rivadavia, desde que regresó a Buenos Aires, en 1812, hasta su alejamiento definitivo (1824). El mismo año de su llegada, le tocó a San Martín intervenir en el pronunciamiento militar que desalojó al Triunvirato, integrado por Rivadavia.

La decisión obedeció a la incompetencia del gobierno que no acertaba a entender hasta donde se extendía la patria, y actuaba como si se limitara a la ciudad de Buenos Aires. Entre otros errores, ordenó el regreso del Ejército del Norte que, de no haber sido desacatada por Belgrano, habría permitido que el ejército realista llegara al Paraná.

   

Con respecto al interior, Rivadavia, que se ufanaba de no haber pasado nunca más allá de la plaza Miserere, insistía en tratar a las provincias con altanería, considerando que la autoridad debía estar concentrada en la capital. San Martín, no solo veía al interior como una parte del país que debía complementarse con Buenos Aires, sino que ambos debían integrar una unidad superior; primero, la unión de los virreinatos de Lima y el Río de la Plata, más la Capitanía de Chile; luego, la América Española, como una nación desprendida del imperio español.

 

Con respecto al exterior, Rivadavia aspiraba a mejorar nuestra vida pública hasta ponerla en línea con los modelos europeos. Pretendía captar el apoyo de Inglaterra y Francia, con el ofrecimiento de buenas ganancias, y la disposición a acatar sus directivas. Veía el futuro argentino en el presente de Europa.

San Martín, por el contrario, creía que Europa estaba en el pasado, la España perdida se reencontraba en América, la Europa caduca rescataba aquí su juventud.

Procuró, sí, que alguna potencia extranjera jugara a favor nuestro, para lo cual definiría previamente un objetivo, al que debían supeditarse las negociaciones posibles.

 

La cultura de un pueblo se mantiene vigorosa, cuando defiende sus tradiciones, sin perjuicio de una lenta maduración. La identidad nacional se deforma cuando se corrompe la cultura y se aleja de la tradición, traicionando sus raíces. La nación es una comunidad unificada por la cultura, que nos da una misma concepción del mundo, la misma escala de valores. Se proyecta en: actitudes -costumbres – instituciones

 

La nacionalidad es tener

glorias comunes en el pasado;

 voluntad común en el presente;

  y aspiraciones comunes para el futuro.

 

Quienes han logrado suprimir el calendario el Día de la Raza, instituido por el Presidente Irigoyen, amenazan con dejarnos sin filiación, sin comprender que la raza, en este caso, no es un concepto biológico, sino espiritual. Constituye una suma de imponderables que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, por nuestro origen y nuestro destino.

Ese sentido de raza es el que nos aparta de caer en el remedo de otras comunidades cuyas esencias son extrañas a la nuestra. Para nosotros, la raza constituye un sello personal inconfundible; es un estilo de vida.

 

La identidad nacional, está marcada por la filiación de un pueblo. El pueblo argentino es el resultado de un mestizaje, la nación argentina no es europea ni indígena. Es el fruto de la simbiosis de la civilización grecolatina, heredada de España, con las características étnicas y geográficas del continente americano.

Un modelo del criollo, fue Hernandarias, nacido en Paraguay dos siglos antes de la emancipación, y que fue reelegido varias veces como Gobernador del Paraguay, y verdadero caudillo de su pueblo.

 

Lo que caracteriza una cultura es la lengua, en nuestro caso el castellano. Los colonialistas consideraban a este un idioma muerto, pues no era la lengua del progreso, y preferían el inglés o el francés.

Dos siglos después, muchos argentinos manifiestan los mismos síntomas del complejo de inferioridad. Muchos jóvenes caen en la emigración ontológica ; en efecto, se van a otros países, creyendo que van a poder ser en otra parte. Olvidan la expresión sanmartiniana: serás lo que debas ser, sino no serás nada.

 

Con respecto a las instituciones, el embrionario Estado argentino adoptó el federalismo, que respetaba la autonomía de las provincias históricas. De allí que la Constitución de 1819, de cuño liberal, destruyó la resistencia en el interior. Las autoridades porteñas ordenaron al Ejército del Norte y al de San Martín que interrumpieran las acciones militares contra los realistas, para enfrentar a los caudillos.

San Martín desobedece pues era evidente la prioridad de continuar la campaña libertadora. Belgrano renuncia al mando; y uno de los jefes de su ejército, el Cnel. Juan Bautista Bustos , subleva a las tropas en la posta de Arequito, comenzando un largo período de luchas civiles.

 

Recién con la Constitución de 1853, se pudo afianzar la organización institucional, pues en su texto se logró un equilibrio entre el interior y Buenos Aires, al respetarse los pactos preexistentes, que menciona el Preámbulo, en especial el Pacto Federal de 1831, ratificado por el Acuerdo de San Nicolás (1852), en que las provincias resolvieron organizarse bajo el sistema federal de Estado.

 

La emancipación de los países americanos coincide con el surgimiento del constitucionalismo escrito, y por lo tanto es lógico que quienes conducían los nuevos Estados buscaran afirmar su independencia a través de un instrumento jurídico. En el caso de San Martín, recordamos que, siendo teniente coronel del ejército español, cumplió funciones en Cádiz, donde fue testigo del debate por la sanción de la Constitución, que sería promulgada en 1812.

Al volver ese año al Río de la Plata, San Martín comprendió la inconveniencia de seguir utilizando la máscara de Fernando VII, uno de los motivos del derrocamiento del 1er. Triunvirato, que se negaba a declarar la independencia.

 

El segundo Triunvirato (Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Álvarez Jonte) convocó a la Asamblea General Constituyente de 1813, que sin embargo no proclamó la independencia, ni aprobó una constitución.

 

Cuando se reunió 3 años más tarde el Congreso de Tucumán, continuó esta cuestión sin resolverse, y San Martín siguió insistiendo en la independencia que fue proclamada el 9 de julio, pero sólo con respecto a España. San Martín, advertido de gestiones que procuraban la incorporación de nuestro territorio a Inglaterra o Portugal, exigió que se incorporara al acta un agregado que dice: “y de toda otra dominación extranjera”, propuesto por el diputado Medrano en sesión secreta.

San Martín no disimuló su desacuerdo con el proyecto unitario de Rivadavia, y, en cambio, se alegró por la adhesión de las provincias al Pacto Federal de 1831, sosteniendo que, estos países no pueden por muchos años regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos, resaltando los males que han ocasionado la convocatoria prematura a congresos.

 

En esta hora que nos toca vivir, resulta evidente que solo podrán resistir los embates de la globalización y conservar su independencia, los Estados que se afiancen en sus propias raíces, y mantengan su identidad nacional. El ex Presidente Avellaneda, en un discurso famoso, con motivo del regreso a la Argentina de los restos del Gral. San Martín, sostuvo que: “los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos; y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir”.

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De modo sintético, procuraremos señalar la relación armoniosa que existe entre los principales próceres.

 

SAN MARTÍN Y ROSAS

Los antecedentes que hoy se conocen, demuestran que hubo una relación de admiración mutua entre estos próceres, de los cuales es posible anunciar una suerte de vidas paralelas. San Martín, llevando la libertad a tres pueblos. Rosas, consolidando la obra del Libertador. Resulta explicable que los dos hayan experimentado esa atracción recíproca, que suele existir entre aquellos dirigentes de empresas semejantes.

 

Cuando muere el Libertador, la Gaceta de Buenos Aires, por orden de Rosas, publica durante diez días una biografía muy bien escrita del Padre de la Patria. La firma “un argentino”, pero se sabe que el autor era el joven Bernardo de Irigoyen, que trabajaba para el Gobernador.

 

La misma disposición favorable, nos encontramos en San Martín respecto a Rosas, siendo de destacar el mayor gesto de aprecio y admiración consistentes en legarle su sable, en el párrafo tercero de su testamento ológrafo, firmado el 23-1-1844 y depositado -como era costumbre de la época- en la Legación Argentina en París:

“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur, le será entregado al General de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República, contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”.

Algunos han sostenido que SM estaba enfermo y por eso tomó esa decisión.

Resulta, sin embargo, que el mismo prócer, en carta que le escribe a Rosas, el 10 de junio de 1839 (5 ​​años antes) , le dice:

“...porque lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

 

 

 

 

Bibliografía:

-Francés, Carlos. “Reciprocidad entre San Martín y Rosas”; revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Nº 60, 2000, págs. 108/119.

-Fernández Cistac, Roberto. “San Martín y la intervención extranjera”; ibídem, págs. 120/127.

domingo, 10 de noviembre de 2024

DÍA DE LA TRADICIÓN

 

 ¿cuál es el origen y por qué se celebra el 10 de noviembre en Argentina?

 

Juan Manuel Godoy

Infobae, 10 Nov, 2024

 

La conmemoración de esta fecha se extiende desde las pampas hasta las ciudades, y se expresa en actos escolares, encuentros familiares y actividades comunitarias. Los niños en las escuelas se visten de gauchos y paisanas para representar con orgullo las vestimentas típicas, mientras se organizan danzas, lecturas y representaciones de la vida de estos hombres libres del campo. En plazas y centros culturales, se desarrollan eventos que incluyen música tradicional, recitados de versos de Martín Fierro y degustaciones de asado, esa tradición culinaria que ocupa un lugar central en la vida social argentina.

 

Este día es una celebración que trasciende generaciones y fomenta el respeto por el legado de los gauchos y su vida en las extensas llanuras. El gaucho, al igual que el cowboy en Estados Unidos, se ha convertido en un símbolo de independencia y fortaleza, inmortalizado en las páginas de Martín Fierro. A continuación, exploraremos por qué el Día de la Tradición se celebra en esta fecha, cuál es el significado del Martín Fierro, y quién fue el hombre detrás de esta obra literaria que continúa resonando en la identidad argentina.

 

¿Por qué se celebra el Día de la Tradición el 10 de noviembre?

El Día de la Tradición en Argentina se celebra el 10 de noviembre para conmemorar el nacimiento de José Hernández en 1834. Este poeta, periodista y político argentino es conocido especialmente por su obra Martín Fierro, publicada en dos partes entre 1872 y 1879. Hernández se inspiró en la vida del gaucho y en su entorno, retratando no solo su estilo de vida, sino también las injusticias y dificultades a las que estaban expuestos.

 

La idea de establecer un día dedicado a la tradición nacional y al gaucho surgió en 1937. Fue impulsada por el poeta y periodista Francisco Timpone, quien propuso crear una fecha para reconocer las costumbres gauchescas en la agenda cultural argentina. Un año después, en 1938, el Senado de la Provincia de Buenos Aires aprobó la propuesta y designó el 10 de noviembre como el Día de la Tradición en honor a José Hernández. Finalmente, en 1975, el Congreso Nacional extendió la conmemoración a todo el territorio argentino, dándole carácter de celebración nacional bajo la Ley 21.154.

 

Esta fecha es, por tanto, un reconocimiento oficial y un recordatorio anual del legado cultural del país, vinculado a la vida y la obra de Hernández y al papel fundamental que la figura del gaucho ha tenido en la identidad argentina.

 

¿Es feriado el Día de la Tradición?

El Día de la Tradición en Argentina no es un feriado nacional, aunque se celebra ampliamente en diferentes ámbitos de la sociedad. En las escuelas, los estudiantes suelen participar en eventos y actividades especiales donde se les anima a vestirse con ropas tradicionales gauchescas, a recitar poesía de Martín Fierro o a bailar danzas folklóricas como la zamba o la chacarera. Los actos escolares representan una forma de mantener viva la cultura gaucha en las nuevas generaciones.

 

Además, en distintos pueblos y ciudades del país, es común que se organicen ferias y espectáculos públicos en honor a las tradiciones nacionales. A pesar de no ser un día de descanso oficial, el Día de la Tradición está profundamente arraigado en la vida social argentina y se ha convertido en una fecha clave para reforzar los valores de identidad y pertenencia.

 

La importancia del Martín Fierro

Martín Fierro es una obra que trascendió su tiempo y se consolidó como una pieza fundamental de la literatura argentina y del género gauchesco. Publicada por primera vez en 1872, esta obra de José Hernández narra en forma de verso la vida del gaucho Martín Fierro, quien es forzado a unirse al ejército y, luego de un trato injusto, huye para convertirse en un gaucho fuera de la ley. La narrativa aborda temas de libertad, resistencia y los conflictos sociales de la época, incluyendo la opresión a los gauchos.

 

Con el paso de los años, el personaje de Martín Fierro se convirtió en un símbolo de los valores tradicionales, como la valentía, la honestidad y la resistencia frente a la adversidad. Martín Fierro ha sido traducido a más de 70 idiomas, y su influencia ha alcanzado la literatura, el teatro y hasta el cine, siendo interpretada en varias producciones audiovisuales. La obra sigue siendo leída y estudiada en instituciones educativas de Argentina, perpetuando así la visión y el legado de Hernández sobre la identidad argentina.

 

Quién fue José Hernández

José Hernández nació el 10 de noviembre de 1834 en el área de Pedriel, en la provincia de Buenos Aires, y pasó gran parte de su vida en contacto con la cultura rural argentina. Tras la muerte de su madre, su padre lo llevó a vivir al campo, donde Hernández desarrolló una profunda conexión con la vida de los gauchos, sus costumbres y su particular forma de ver el mundo. Esto le dio una perspectiva única que más tarde plasmaría en su obra más conocida.

 

Además de ser escritor, Hernández fue un destacado periodista y político. Militó activamente en favor de los derechos de los gauchos y criticó el centralismo de Buenos Aires, enfrentándose al gobierno de Domingo Faustino Sarmiento y participando en las rebeliones federales. Estas experiencias políticas lo llevaron al exilio en Brasil en un momento de su vida, pero a su regreso, en 1871, comenzó a dar forma al poema épico de Martín Fierro. También fundó la “Revista del Río de la Plata”, y fue diputado y senador, siempre comprometido con los ideales federales y los derechos de las comunidades rurales.

 

José Hernández falleció el 21 de octubre de 1886, pero su legado perdura en la literatura y en la cultura popular argentina. Cada Día de la Tradición, su figura y su obra se recuerdan y celebran como símbolo de la identidad argentina y de un espíritu que, como el gaucho, busca siempre la libertad y la justicia.

 

El Día de la Tradición en Argentina se convierte cada año en un momento de encuentro con la herencia cultural de un país que honra sus raíces gauchescas. Este homenaje, no solo evoca el espíritu libre y trabajador del gaucho, sino que también recuerda la importancia de preservar una identidad que sigue viva en las costumbres, la música y la literatura. La celebración del 10 de noviembre permite a los argentinos revivir y transmitir estos valores a nuevas generaciones, asegurando que, aunque el tiempo avance, el legado gauchesco y su mensaje perduren en el corazón del país.

jueves, 7 de noviembre de 2024

DÍA DE LA SOBERANÍA

 

CONFERENCIA

 

El Ateneo José de San Martín, la organizado una conferencia sobre “Soberanía nacional y globalismo”, que estará a cargo de Mario Meneghini, el día 20 de noviembre, a las 18,30 horas.

La reunión se realizará en La Rioja 532, con entrada libre.

viernes, 18 de octubre de 2024

LA SOLEDAD DEL ALMIRANTE

 

 Carlos Ialorenzi -  Myriam Mitrece


 

Pasó otro 12 de octubre. Se cumplieron 532 años de la gran epopeya de Cristóbal Colón encomendada por la corona española y su figura siguió sin los honores merecidos.

 

Durante años, su hazaña y su personalidad, fueron objeto de estudio y homenajes, pero el avance de la izquierda cultural comenzó la demolición simbólica y real de su figura. Quien fuera en otros tiempos conocido como el protagonista de una gran gesta de la humanidad, para el relato de los primeros años del siglo XXI, pasó a ser uno de los mayores genocidas de la historia.

 

En distintas partes del mundo, varios monumentos en honor al almirante fueron vandalizados o directamente destruidos. Buenos Aires no fue la excepción. El maravilloso conjunto escultórico que desde 1921 estuvo emplazado detrás de la Casa de Gobierno en la Plaza que lleva su nombre, fue desmontado por orden de Cristina Fernández de Kirchner en 2013, violando la ley nacional vigente que dispuso su emplazamiento en ese lugar y dañando severamente la majestuosa obra del escultor florentino Arnaldo Zocchi.

 

El monumento fue una donación de la colectividad italiana en la Argentina, con motivo del primer centenario de la Revolución de Mayo. Todavía son muchos los que recuerdan los actos que realizaban allí, tanto la colectividad italiana como la española. Este 12 de octubre, Buena Data acompañó la soledad del almirante.

 

Recordamos que en 2013 un grupo de ciudadanos autodenominados “Colón en su lugar” se levantó contra su traslado. Organizaciones de la sociedad civil se unieron en el reclamo, realizaron manifestaciones, recogieron más de 40.000 apoyos explícitos, recurrieron a los tres poderes del Estado nacional y de la Ciudad, pero primó la “corrección política”.

 

Después de dos años de tenerlo desarmado en junio de 2015, ejecutando una de sus últimas maldades, el gobierno kirchnerista junto con el gobierno macrista de la ciudad, decidieron su traslado al espigón que está frente al aeroparque, que se denominaba “Puerto Argentino”, en donde existían placas recordando a los héroes de Malvinas que fueron retiradas.

 

Fueron infructuosos los informes presentados por especialistas, entre ellos el del Arq. Magadán; para que no fuera erigido allí por estar muy cerca del aeroparque y junto al río. Pese a los insistentes reclamos y a las presentaciones efectuadas a los gobiernos de Cristina Kirchner y de Mauricio Macri ambos desoyeron el justo reclamo ciudadano. Los daños preanunciados sobre el mármol ya se visualizan.

 

 

LA CASA ROSADA

 

Desde sus redes, este año, la Casa Rosada difundió el siguiente mensaje: “El 12 de octubre de 1492 con la llegada de Cristóbal Colón a América se abrió una nueva era de progreso y civilización en el nuevo mundo. Este hito histórico sin precedentes sentó las bases de la modernidad en América marcando una influencia cultural lingüística y económica que ha moldeado nuestra historia e identidad lejos de ser una simple expedición marítima. La llegada de Colón representó un cambio de paradigma global. Colón como símbolo de la expansión y el progreso, nos recuerda la capacidad del ser humano para superar lo desconocido y buscar nuevas oportunidades para el desarrollo y la civilización”. Y se refirió a la celebración del “Día de la Raza”, generando una nutrida polémica.

 

DESCUBRIMIENTO Y RAZA

 

“¡No fue un descubrimiento, ya estábamos acá!” es una de las ingenuas críticas. Quizás haya que decir, so pena de ser muy obvio, que descubrir no es inventar. Se descubrió lo que ya estaba, como ocurre con todo lo que se descubre, y se vio que era bueno, por eso se celebra.

 

“¡No somos animales para dividirnos por razas!”. Hay que conceder que la alusión a “raza” puede tener un tufillo a “racismo”. Pero no debería confundirse una con otro. La existencia de diferentes razas biológicas entre los humanos no implica la superioridad de unas sobre otras. Con perdón de la comparación, no es más perro un Caniche que un Doberman, pero igualándose en especie, tienen diferencias biológicas evidentes. La raza alude a esas diferencias biológicas que se manifiestan en el fenotipo y se perpetúan por herencia. El encuentro de los “dos mundos” originó al criollo, que si bien se trata de una novedad biológica, no es lo más importante que se logró con la incursión de España en América.

 

LO QUE FALTA

 

Quizás la objeción al texto que emitió la Casa Rosada no sea criticable por lo que dijo sino por lo que dejó de decir. Es cierto que “la influencia cultural lingüística y económica ha moldeado nuestra historia e identidad lejos de ser una simple expedición marítima”, pero la llegada de la evangelización a América, tiene una fuerza mucho mayor que la de ser un simple acontecimiento cultural.

 

Es una realidad palpable que desde ese encuentro de los dos mundos, sobre todo América Latina, quedó signada por los valores cristianos. Valores que se fundieron constitutivamente en la historia común, aún de quienes no profesan la fe católica, o se dicen ateos.

 

Reconocer y enaltecer la propia historia no implica subestimar ni discriminar a quienes tienen ancestros autóctonos. Uno de los valores recibidos con la colonización es considerar a todos los seres humanos como hijos de Dios, por lo tanto, iguales en dignidad.


La Prensa, 17.10.2024