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miércoles, 2 de abril de 2025

APUNTE

 

IDENTIDAD NACIONAL

 

Nos parece interesante reflexionar sobre los vínculos que existieron entre nuestros héroes, en relación a la tradición nacional. No tiene mucho sentido limitarse a repetir datos por todos conocidos, en relación a los próceres, sin procurar que su actuación sirva de ejemplo y guía para el presente. Y, para eso, es necesario ir más allá de los hechos, tratando de investigar la causa de los hechos. Puesto que (Font Ezcurra), “la historia es en esencia justicia distributiva; discierne el mérito y la responsabilidad”.

 

En momentos de crisis de Honda en nuestra patria, no podrá restaurarse la Argentina, mientras no se prometa en sus raíces verdaderas. Ocurre, sin embargo, que desde hace unos años han surgido de la nada, presuntos historiadores, empeñados en desmerecer la personalidad y la obra de los héroes, sembrando confusión y desaliento.

 

En realidad, el intento de desprestigiar a quienes consolidaron la nación, comienza muy atrás en el tiempo. Recordemos, por ejemplo, lo que escribió Alberdi, en su libro El crimen de la guerra (T. II, pg. 213): “San Martín siguió la idea que le inspiró, no su amor al suelo de su origen, sino el consejo de un inglés general, de los que deseaban la emancipación de Sud-América para las necesidades del comercio británico”.

Por cierto, que no ofrece ninguna prueba de lo que afirma, y ​​nunca se ha exhibido algún indicio del apoyo o recompensa por parte de Inglaterra, que debería haber existido si fuese cierta la sospecha. Incluso en el exilio en Europa, durante un cuarto de siglo, muchos visitantes pudieron comprobar que vivieron apenas con lo necesario, y hasta con penurias económicas, en algún momento.

 

En cambio, un personaje de poca monta, Saturnino Rodríguez Peña, que ayudó a escapar al General Beresford y otros oficiales ingleses, que estaban internados en Luján, luego de la invasión de 1806, fue premiado por sus servicios al Imperio Británico, con una pensión vitalicia de 1.500 pesos fuertes.

Por su parte, otro General argentino, Carlos de Alvear , siendo Director Supremo de las Provincias Unidas, escribió dos pliegos, en 1815, dirigidos a Lord Stranford y Lord Castlereagh, en los que decía:

“Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso”.

 

Estos documentos se conservan en el Archivo Nacional, y prueban una actitud que nunca existió en San Martín, cuya conducta fue siempre transparente y sincera.

 

Los ejemplos mencionados de Alvear y de Rodríguez Peña, hacen necesario rastrear el pasado para tratar de entender el motivo de sus actitudes. Desde antes de la ruptura con España, ya habían aparecido en el Río de la Plata dos enfoques, dos modos de interpretar la   realidad, diametralmente opuestos:

 

l) el primer enfoque, nace el 12-8-1806 , con la Reconquista de Buenos Aires, y podemos llamarlo Federal-tradicionalista ;

 

2) el segundo enfoque, surgido en enero de 1809, con el Tratado Apodaca-Canning , celebrado entre España e Inglaterra, cuando este último país, que había sido derrotado militarmente en el Río de la Plata, ofrece una alianza a España, contra Francia, un cambio de facilidades para exportar sus productos. A este enfoque podemos llamarlo Unitario-colonial .

 

No caben dudas de que San Martín se identifica con el enfoque tradicionalista, que se manifiesta con el rechazo de las invasiones inglesas, se afianza con la Revolución de Mayo y la guerra de la independencia y culmina en la Confederación Argentina, con el combate de la Vuelta de Obligado.

Quienes atacaron a San Martín y trabajaron su gestión, hasta impulsarlo a alejarse del país, se cuadran en el enfoque unitario. Son quienes consideraron más importante adoptar la civilización europea, que lograr la independencia nacional, y por “un indigno espíritu de partido” -decía San Martín- no vacilaron en aliarse al extranjero en la guerra de Inglaterra y Francia contra la Confederación.

Lo mismo hicieron en la batalla de Caseros   -cuando se aliaron   con el Imperio de Brasil-, donde llegaron a combatir 3.000 mercenarios alemanes contratados por Brasil. San Martín llegó a la conclusión de que “ para que el país pueda existir, es de absoluta necesidad que uno de los dos partidos en cuestión desaparece” (carta a Guido, 1829).

 

Una de las vías de difusión de la mentalidad unitaria-colonial, fue la masonería, que influyó en algunos próceres. Rodríguez Peña , por ejemplo, fue uno de los 58 residentes en el Río de la Plata, que se incorporó a las dos logias masónicas instaladas durante las invasiones inglesas (Estrella del Sur, e Hijos de Hiram).

Otros dos formaron parte de la 1ra. Junta de gobierno: Mariano Moreno y Castelli (Memorias del Cap. Gillespie).

Curiosamente, se ha pretendido vincular a San Martín a la masonería, cuando, además de no existir ninguna documentación que lo fundamente, toda su actuación resulta antinómica con los principios de dicha institución, cuyos miembros lo atacaron permanentemente, en especial Rivadavia (iniciado en Londres, integró las logias: Aurora y Estrella del Sur).

 De todos modos, en los años 1979/80, un investigador argentino consiguió terminar con cualquier duda, al recibir de las Grandes Logias de Inglaterra, de Irlanda y de Escocia, la confirmación oficial de que San Martín nunca estuvo afiliado a la masonería, y que la Logia Lautaro -que cumplió un rol importante en el proceso emancipador-, fue una sociedad secreta con fines políticos, y no tuvo ninguna relación con la masonería.

 

El enfoque unitario-colonial , está influenciado por el iluminismo y el romanticismo, que se puede sintetizar en una frase de Sarmiento: “los pueblos deben adaptarse a la forma de gobierno y no la forma de gobierno a la aptitud de los pueblos”.  

Precisamente lo contrario sostenía San Martín: “a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, sino las mejores que sean apropiadas a su carácter”.

 

Podemos resumir las diferencias entre ambos enfoques, en el enfrentamiento que tuvo San Martín con Rivadavia, desde que regresó a Buenos Aires, en 1812, hasta su alejamiento definitivo (1824). El mismo año de su llegada, le tocó a San Martín intervenir en el pronunciamiento militar que desalojó al Triunvirato, integrado por Rivadavia.

La decisión obedeció a la incompetencia del gobierno que no acertaba a entender hasta donde se extendía la patria, y actuaba como si se limitara a la ciudad de Buenos Aires. Entre otros errores, ordenó el regreso del Ejército del Norte que, de no haber sido desacatada por Belgrano, habría permitido que el ejército realista llegara al Paraná.

   

Con respecto al interior, Rivadavia, que se ufanaba de no haber pasado nunca más allá de la plaza Miserere, insistía en tratar a las provincias con altanería, considerando que la autoridad debía estar concentrada en la capital. San Martín, no solo veía al interior como una parte del país que debía complementarse con Buenos Aires, sino que ambos debían integrar una unidad superior; primero, la unión de los virreinatos de Lima y el Río de la Plata, más la Capitanía de Chile; luego, la América Española, como una nación desprendida del imperio español.

 

Con respecto al exterior, Rivadavia aspiraba a mejorar nuestra vida pública hasta ponerla en línea con los modelos europeos. Pretendía captar el apoyo de Inglaterra y Francia, con el ofrecimiento de buenas ganancias, y la disposición a acatar sus directivas. Veía el futuro argentino en el presente de Europa.

San Martín, por el contrario, creía que Europa estaba en el pasado, la España perdida se reencontraba en América, la Europa caduca rescataba aquí su juventud.

Procuró, sí, que alguna potencia extranjera jugara a favor nuestro, para lo cual definiría previamente un objetivo, al que debían supeditarse las negociaciones posibles.

 

La cultura de un pueblo se mantiene vigorosa, cuando defiende sus tradiciones, sin perjuicio de una lenta maduración. La identidad nacional se deforma cuando se corrompe la cultura y se aleja de la tradición, traicionando sus raíces. La nación es una comunidad unificada por la cultura, que nos da una misma concepción del mundo, la misma escala de valores. Se proyecta en: actitudes -costumbres – instituciones

 

La nacionalidad es tener

glorias comunes en el pasado;

 voluntad común en el presente;

  y aspiraciones comunes para el futuro.

 

Quienes han logrado suprimir el calendario el Día de la Raza, instituido por el Presidente Irigoyen, amenazan con dejarnos sin filiación, sin comprender que la raza, en este caso, no es un concepto biológico, sino espiritual. Constituye una suma de imponderables que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, por nuestro origen y nuestro destino.

Ese sentido de raza es el que nos aparta de caer en el remedo de otras comunidades cuyas esencias son extrañas a la nuestra. Para nosotros, la raza constituye un sello personal inconfundible; es un estilo de vida.

 

La identidad nacional, está marcada por la filiación de un pueblo. El pueblo argentino es el resultado de un mestizaje, la nación argentina no es europea ni indígena. Es el fruto de la simbiosis de la civilización grecolatina, heredada de España, con las características étnicas y geográficas del continente americano.

Un modelo del criollo, fue Hernandarias, nacido en Paraguay dos siglos antes de la emancipación, y que fue reelegido varias veces como Gobernador del Paraguay, y verdadero caudillo de su pueblo.

 

Lo que caracteriza una cultura es la lengua, en nuestro caso el castellano. Los colonialistas consideraban a este un idioma muerto, pues no era la lengua del progreso, y preferían el inglés o el francés.

Dos siglos después, muchos argentinos manifiestan los mismos síntomas del complejo de inferioridad. Muchos jóvenes caen en la emigración ontológica ; en efecto, se van a otros países, creyendo que van a poder ser en otra parte. Olvidan la expresión sanmartiniana: serás lo que debas ser, sino no serás nada.

 

Con respecto a las instituciones, el embrionario Estado argentino adoptó el federalismo, que respetaba la autonomía de las provincias históricas. De allí que la Constitución de 1819, de cuño liberal, destruyó la resistencia en el interior. Las autoridades porteñas ordenaron al Ejército del Norte y al de San Martín que interrumpieran las acciones militares contra los realistas, para enfrentar a los caudillos.

San Martín desobedece pues era evidente la prioridad de continuar la campaña libertadora. Belgrano renuncia al mando; y uno de los jefes de su ejército, el Cnel. Juan Bautista Bustos , subleva a las tropas en la posta de Arequito, comenzando un largo período de luchas civiles.

 

Recién con la Constitución de 1853, se pudo afianzar la organización institucional, pues en su texto se logró un equilibrio entre el interior y Buenos Aires, al respetarse los pactos preexistentes, que menciona el Preámbulo, en especial el Pacto Federal de 1831, ratificado por el Acuerdo de San Nicolás (1852), en que las provincias resolvieron organizarse bajo el sistema federal de Estado.

 

La emancipación de los países americanos coincide con el surgimiento del constitucionalismo escrito, y por lo tanto es lógico que quienes conducían los nuevos Estados buscaran afirmar su independencia a través de un instrumento jurídico. En el caso de San Martín, recordamos que, siendo teniente coronel del ejército español, cumplió funciones en Cádiz, donde fue testigo del debate por la sanción de la Constitución, que sería promulgada en 1812.

Al volver ese año al Río de la Plata, San Martín comprendió la inconveniencia de seguir utilizando la máscara de Fernando VII, uno de los motivos del derrocamiento del 1er. Triunvirato, que se negaba a declarar la independencia.

 

El segundo Triunvirato (Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Álvarez Jonte) convocó a la Asamblea General Constituyente de 1813, que sin embargo no proclamó la independencia, ni aprobó una constitución.

 

Cuando se reunió 3 años más tarde el Congreso de Tucumán, continuó esta cuestión sin resolverse, y San Martín siguió insistiendo en la independencia que fue proclamada el 9 de julio, pero sólo con respecto a España. San Martín, advertido de gestiones que procuraban la incorporación de nuestro territorio a Inglaterra o Portugal, exigió que se incorporara al acta un agregado que dice: “y de toda otra dominación extranjera”, propuesto por el diputado Medrano en sesión secreta.

San Martín no disimuló su desacuerdo con el proyecto unitario de Rivadavia, y, en cambio, se alegró por la adhesión de las provincias al Pacto Federal de 1831, sosteniendo que, estos países no pueden por muchos años regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos, resaltando los males que han ocasionado la convocatoria prematura a congresos.

 

En esta hora que nos toca vivir, resulta evidente que solo podrán resistir los embates de la globalización y conservar su independencia, los Estados que se afiancen en sus propias raíces, y mantengan su identidad nacional. El ex Presidente Avellaneda, en un discurso famoso, con motivo del regreso a la Argentina de los restos del Gral. San Martín, sostuvo que: “los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos; y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir”.

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De modo sintético, procuraremos señalar la relación armoniosa que existe entre los principales próceres.

 

SAN MARTÍN Y ROSAS

Los antecedentes que hoy se conocen, demuestran que hubo una relación de admiración mutua entre estos próceres, de los cuales es posible anunciar una suerte de vidas paralelas. San Martín, llevando la libertad a tres pueblos. Rosas, consolidando la obra del Libertador. Resulta explicable que los dos hayan experimentado esa atracción recíproca, que suele existir entre aquellos dirigentes de empresas semejantes.

 

Cuando muere el Libertador, la Gaceta de Buenos Aires, por orden de Rosas, publica durante diez días una biografía muy bien escrita del Padre de la Patria. La firma “un argentino”, pero se sabe que el autor era el joven Bernardo de Irigoyen, que trabajaba para el Gobernador.

 

La misma disposición favorable, nos encontramos en San Martín respecto a Rosas, siendo de destacar el mayor gesto de aprecio y admiración consistentes en legarle su sable, en el párrafo tercero de su testamento ológrafo, firmado el 23-1-1844 y depositado -como era costumbre de la época- en la Legación Argentina en París:

“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur, le será entregado al General de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República, contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”.

Algunos han sostenido que SM estaba enfermo y por eso tomó esa decisión.

Resulta, sin embargo, que el mismo prócer, en carta que le escribe a Rosas, el 10 de junio de 1839 (5 ​​años antes) , le dice:

“...porque lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

 

 

 

 

Bibliografía:

-Francés, Carlos. “Reciprocidad entre San Martín y Rosas”; revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Nº 60, 2000, págs. 108/119.

-Fernández Cistac, Roberto. “San Martín y la intervención extranjera”; ibídem, págs. 120/127.

domingo, 10 de noviembre de 2024

DÍA DE LA TRADICIÓN

 

 ¿cuál es el origen y por qué se celebra el 10 de noviembre en Argentina?

 

Juan Manuel Godoy

Infobae, 10 Nov, 2024

 

La conmemoración de esta fecha se extiende desde las pampas hasta las ciudades, y se expresa en actos escolares, encuentros familiares y actividades comunitarias. Los niños en las escuelas se visten de gauchos y paisanas para representar con orgullo las vestimentas típicas, mientras se organizan danzas, lecturas y representaciones de la vida de estos hombres libres del campo. En plazas y centros culturales, se desarrollan eventos que incluyen música tradicional, recitados de versos de Martín Fierro y degustaciones de asado, esa tradición culinaria que ocupa un lugar central en la vida social argentina.

 

Este día es una celebración que trasciende generaciones y fomenta el respeto por el legado de los gauchos y su vida en las extensas llanuras. El gaucho, al igual que el cowboy en Estados Unidos, se ha convertido en un símbolo de independencia y fortaleza, inmortalizado en las páginas de Martín Fierro. A continuación, exploraremos por qué el Día de la Tradición se celebra en esta fecha, cuál es el significado del Martín Fierro, y quién fue el hombre detrás de esta obra literaria que continúa resonando en la identidad argentina.

 

¿Por qué se celebra el Día de la Tradición el 10 de noviembre?

El Día de la Tradición en Argentina se celebra el 10 de noviembre para conmemorar el nacimiento de José Hernández en 1834. Este poeta, periodista y político argentino es conocido especialmente por su obra Martín Fierro, publicada en dos partes entre 1872 y 1879. Hernández se inspiró en la vida del gaucho y en su entorno, retratando no solo su estilo de vida, sino también las injusticias y dificultades a las que estaban expuestos.

 

La idea de establecer un día dedicado a la tradición nacional y al gaucho surgió en 1937. Fue impulsada por el poeta y periodista Francisco Timpone, quien propuso crear una fecha para reconocer las costumbres gauchescas en la agenda cultural argentina. Un año después, en 1938, el Senado de la Provincia de Buenos Aires aprobó la propuesta y designó el 10 de noviembre como el Día de la Tradición en honor a José Hernández. Finalmente, en 1975, el Congreso Nacional extendió la conmemoración a todo el territorio argentino, dándole carácter de celebración nacional bajo la Ley 21.154.

 

Esta fecha es, por tanto, un reconocimiento oficial y un recordatorio anual del legado cultural del país, vinculado a la vida y la obra de Hernández y al papel fundamental que la figura del gaucho ha tenido en la identidad argentina.

 

¿Es feriado el Día de la Tradición?

El Día de la Tradición en Argentina no es un feriado nacional, aunque se celebra ampliamente en diferentes ámbitos de la sociedad. En las escuelas, los estudiantes suelen participar en eventos y actividades especiales donde se les anima a vestirse con ropas tradicionales gauchescas, a recitar poesía de Martín Fierro o a bailar danzas folklóricas como la zamba o la chacarera. Los actos escolares representan una forma de mantener viva la cultura gaucha en las nuevas generaciones.

 

Además, en distintos pueblos y ciudades del país, es común que se organicen ferias y espectáculos públicos en honor a las tradiciones nacionales. A pesar de no ser un día de descanso oficial, el Día de la Tradición está profundamente arraigado en la vida social argentina y se ha convertido en una fecha clave para reforzar los valores de identidad y pertenencia.

 

La importancia del Martín Fierro

Martín Fierro es una obra que trascendió su tiempo y se consolidó como una pieza fundamental de la literatura argentina y del género gauchesco. Publicada por primera vez en 1872, esta obra de José Hernández narra en forma de verso la vida del gaucho Martín Fierro, quien es forzado a unirse al ejército y, luego de un trato injusto, huye para convertirse en un gaucho fuera de la ley. La narrativa aborda temas de libertad, resistencia y los conflictos sociales de la época, incluyendo la opresión a los gauchos.

 

Con el paso de los años, el personaje de Martín Fierro se convirtió en un símbolo de los valores tradicionales, como la valentía, la honestidad y la resistencia frente a la adversidad. Martín Fierro ha sido traducido a más de 70 idiomas, y su influencia ha alcanzado la literatura, el teatro y hasta el cine, siendo interpretada en varias producciones audiovisuales. La obra sigue siendo leída y estudiada en instituciones educativas de Argentina, perpetuando así la visión y el legado de Hernández sobre la identidad argentina.

 

Quién fue José Hernández

José Hernández nació el 10 de noviembre de 1834 en el área de Pedriel, en la provincia de Buenos Aires, y pasó gran parte de su vida en contacto con la cultura rural argentina. Tras la muerte de su madre, su padre lo llevó a vivir al campo, donde Hernández desarrolló una profunda conexión con la vida de los gauchos, sus costumbres y su particular forma de ver el mundo. Esto le dio una perspectiva única que más tarde plasmaría en su obra más conocida.

 

Además de ser escritor, Hernández fue un destacado periodista y político. Militó activamente en favor de los derechos de los gauchos y criticó el centralismo de Buenos Aires, enfrentándose al gobierno de Domingo Faustino Sarmiento y participando en las rebeliones federales. Estas experiencias políticas lo llevaron al exilio en Brasil en un momento de su vida, pero a su regreso, en 1871, comenzó a dar forma al poema épico de Martín Fierro. También fundó la “Revista del Río de la Plata”, y fue diputado y senador, siempre comprometido con los ideales federales y los derechos de las comunidades rurales.

 

José Hernández falleció el 21 de octubre de 1886, pero su legado perdura en la literatura y en la cultura popular argentina. Cada Día de la Tradición, su figura y su obra se recuerdan y celebran como símbolo de la identidad argentina y de un espíritu que, como el gaucho, busca siempre la libertad y la justicia.

 

El Día de la Tradición en Argentina se convierte cada año en un momento de encuentro con la herencia cultural de un país que honra sus raíces gauchescas. Este homenaje, no solo evoca el espíritu libre y trabajador del gaucho, sino que también recuerda la importancia de preservar una identidad que sigue viva en las costumbres, la música y la literatura. La celebración del 10 de noviembre permite a los argentinos revivir y transmitir estos valores a nuevas generaciones, asegurando que, aunque el tiempo avance, el legado gauchesco y su mensaje perduren en el corazón del país.

jueves, 7 de noviembre de 2024

DÍA DE LA SOBERANÍA

 

CONFERENCIA

 

El Ateneo José de San Martín, la organizado una conferencia sobre “Soberanía nacional y globalismo”, que estará a cargo de Mario Meneghini, el día 20 de noviembre, a las 18,30 horas.

La reunión se realizará en La Rioja 532, con entrada libre.

viernes, 18 de octubre de 2024

LA SOLEDAD DEL ALMIRANTE

 

 Carlos Ialorenzi -  Myriam Mitrece


 

Pasó otro 12 de octubre. Se cumplieron 532 años de la gran epopeya de Cristóbal Colón encomendada por la corona española y su figura siguió sin los honores merecidos.

 

Durante años, su hazaña y su personalidad, fueron objeto de estudio y homenajes, pero el avance de la izquierda cultural comenzó la demolición simbólica y real de su figura. Quien fuera en otros tiempos conocido como el protagonista de una gran gesta de la humanidad, para el relato de los primeros años del siglo XXI, pasó a ser uno de los mayores genocidas de la historia.

 

En distintas partes del mundo, varios monumentos en honor al almirante fueron vandalizados o directamente destruidos. Buenos Aires no fue la excepción. El maravilloso conjunto escultórico que desde 1921 estuvo emplazado detrás de la Casa de Gobierno en la Plaza que lleva su nombre, fue desmontado por orden de Cristina Fernández de Kirchner en 2013, violando la ley nacional vigente que dispuso su emplazamiento en ese lugar y dañando severamente la majestuosa obra del escultor florentino Arnaldo Zocchi.

 

El monumento fue una donación de la colectividad italiana en la Argentina, con motivo del primer centenario de la Revolución de Mayo. Todavía son muchos los que recuerdan los actos que realizaban allí, tanto la colectividad italiana como la española. Este 12 de octubre, Buena Data acompañó la soledad del almirante.

 

Recordamos que en 2013 un grupo de ciudadanos autodenominados “Colón en su lugar” se levantó contra su traslado. Organizaciones de la sociedad civil se unieron en el reclamo, realizaron manifestaciones, recogieron más de 40.000 apoyos explícitos, recurrieron a los tres poderes del Estado nacional y de la Ciudad, pero primó la “corrección política”.

 

Después de dos años de tenerlo desarmado en junio de 2015, ejecutando una de sus últimas maldades, el gobierno kirchnerista junto con el gobierno macrista de la ciudad, decidieron su traslado al espigón que está frente al aeroparque, que se denominaba “Puerto Argentino”, en donde existían placas recordando a los héroes de Malvinas que fueron retiradas.

 

Fueron infructuosos los informes presentados por especialistas, entre ellos el del Arq. Magadán; para que no fuera erigido allí por estar muy cerca del aeroparque y junto al río. Pese a los insistentes reclamos y a las presentaciones efectuadas a los gobiernos de Cristina Kirchner y de Mauricio Macri ambos desoyeron el justo reclamo ciudadano. Los daños preanunciados sobre el mármol ya se visualizan.

 

 

LA CASA ROSADA

 

Desde sus redes, este año, la Casa Rosada difundió el siguiente mensaje: “El 12 de octubre de 1492 con la llegada de Cristóbal Colón a América se abrió una nueva era de progreso y civilización en el nuevo mundo. Este hito histórico sin precedentes sentó las bases de la modernidad en América marcando una influencia cultural lingüística y económica que ha moldeado nuestra historia e identidad lejos de ser una simple expedición marítima. La llegada de Colón representó un cambio de paradigma global. Colón como símbolo de la expansión y el progreso, nos recuerda la capacidad del ser humano para superar lo desconocido y buscar nuevas oportunidades para el desarrollo y la civilización”. Y se refirió a la celebración del “Día de la Raza”, generando una nutrida polémica.

 

DESCUBRIMIENTO Y RAZA

 

“¡No fue un descubrimiento, ya estábamos acá!” es una de las ingenuas críticas. Quizás haya que decir, so pena de ser muy obvio, que descubrir no es inventar. Se descubrió lo que ya estaba, como ocurre con todo lo que se descubre, y se vio que era bueno, por eso se celebra.

 

“¡No somos animales para dividirnos por razas!”. Hay que conceder que la alusión a “raza” puede tener un tufillo a “racismo”. Pero no debería confundirse una con otro. La existencia de diferentes razas biológicas entre los humanos no implica la superioridad de unas sobre otras. Con perdón de la comparación, no es más perro un Caniche que un Doberman, pero igualándose en especie, tienen diferencias biológicas evidentes. La raza alude a esas diferencias biológicas que se manifiestan en el fenotipo y se perpetúan por herencia. El encuentro de los “dos mundos” originó al criollo, que si bien se trata de una novedad biológica, no es lo más importante que se logró con la incursión de España en América.

 

LO QUE FALTA

 

Quizás la objeción al texto que emitió la Casa Rosada no sea criticable por lo que dijo sino por lo que dejó de decir. Es cierto que “la influencia cultural lingüística y económica ha moldeado nuestra historia e identidad lejos de ser una simple expedición marítima”, pero la llegada de la evangelización a América, tiene una fuerza mucho mayor que la de ser un simple acontecimiento cultural.

 

Es una realidad palpable que desde ese encuentro de los dos mundos, sobre todo América Latina, quedó signada por los valores cristianos. Valores que se fundieron constitutivamente en la historia común, aún de quienes no profesan la fe católica, o se dicen ateos.

 

Reconocer y enaltecer la propia historia no implica subestimar ni discriminar a quienes tienen ancestros autóctonos. Uno de los valores recibidos con la colonización es considerar a todos los seres humanos como hijos de Dios, por lo tanto, iguales en dignidad.


La Prensa, 17.10.2024

jueves, 17 de octubre de 2024

DE LA HISPANIDAD

 

 y su estandarte

 

POR IGNACIO F. BRACHT (*)

La Prensa, 13.10.2024

 

Desde aquella mañana en que el Almirante de la Mar Oceánica, Don Cristóbal Colón pisó suelo americano, en busca de la ruta hacia la especiería, dio a luz un proceso donde España arribó a estas playas y con ella, Grecia, Roma y el Cristianismo, a través de las oleadas ininterrumpidas de las órdenes religiosas como franciscanos, dominicos, mercedarios, jesuitas, entre otras, para expandir la Fe de Cristo.

 

Este proceso, con conflictos desde ya, tuvo su consagración en el fenómeno único en un proceso de conquista en la historia de la humanidad, cuya resultante fue el mestizaje cultural y de sangre, donde lo europeo se fundió con las múltiples y diversas culturas indígenas, haciendo nacer un Nuevo Mundo, donde peninsulares, indígenas, mestizos y criollos convivieron durante tres siglos, enriqueciendo esta nueva realidad.

 

Se fundaron ciudades, universidades, hospitales, iglesias, catedrales, acueductos, caminos reales, colegios de oficios, misiones, extendiéndose el Imperio Hispánico desde la hoy tercera parte de los Estados Unidos hasta el Cabo de Hornos.

 

En este peculiar imperio, sus habitantes fueron súbditos del rey, sus territorios virreinatos y no colonias, su modelo de vida se rigió por las múltiples leyes de Indias, los debates teológicos en defensa de los indios, la promoción desde la propia Corona de los matrimonios con los naturales, que hicieron de América, España y Occidente algo nuevo al mundo conocido previo a 1492, a un lado y otro del Atlántico.

 

Surgió así la raza americana, esa que el pensador mexicano José de Vasconcelos bautizó como la “raza cósmica”.

 

En tiempos de postmodernidad en que la batalla cultural arrecia, el wokismo de una izquierda reciclada se enseñorea creando nuevos relatos falsos e ideologizados y retorcidos paradigmas para recrear la vieja leyenda negra en una neo leyenda detractora de la identidad y cosmovisión que compartimos, aupando neo indigenismos divisorios y radicalizados, creemos relevante rescatar un hecho que exalta en nuestro pasado cercano una ofrenda a esa monumental obra que se produjo en América, y que, entre otros legados, nos dejó una religión mayoritaria, una lengua en común (hablada hoy por más de 600 millones de personas) y una cosmovisión inserta en las raíces de Occidente, como tradición e identidad. Algo que hoy pretenden arrebatarnos.

 

LA POETISA

 

Con motivo de que en 1932 se celebraría en la República Oriental del Uruguay la VII Conferencia Panamericana, nació la idea, propuesta por la gran poetisa oriental Juana de Ibarbourou, “Juana de América”, como la llamaron sus contemporáneos de las letras, de un concurso continental para dotar de una bandera que representara los valores de la Hispanidad, como síntesis de unidad de dos mundos que se cruzaron y fundieron a partir de 1492.

 

El diseño elegido fue el que presentó el capitán del ejército uruguayo Angel Camblor, quien había cursado la escuela de Guerra en Madrid en 1929.

Así nació la “Bandera de la Raza” o de la “Hispanidad”, como se la conoció luego, donde el término raza está exento de un contenido biológico o racista, sino que apunta al componente sociológico, surgido del mestizaje americano. El propio Camblor lo expresó: “Nosotros no consideramos más que la moral: Una raza compuesta por la levadura de indios y españoles; hombres y mujeres venidos más tarde de todas las regiones de la tierra. Es la raza sociológica, más del alma que de los huesos...”.

 

Se sumaba así al espíritu del decreto del presidente Hipólito Yrigoyen que estableció en 1917 el 12 de Octubre como fecha Patria. En igual sentido lo señalaría el presidente Juan D. Perón en 1946-47. Ideales que hoy parecen haber olvidado muchos de los seguidores de ambos líderes.

 

La bandera posee el paño de color blanco, color de la luz y la pureza, a su vez predominante en muchas banderas del imperio español, como la de las Aspas de Borgoña, testigo de grandes gestas y bandera histórica del Regimiento N°1 de Infantería Patricios que se lució en las invasiones inglesas al Rio de la Plata.

 

Lleva a su vez tres cruces moradas que recuerdan a los reinos de León y Castilla, como a las tres naves que comandó Colón. El sol que parece amanecer, representa el Sol Incaico Inti, como el despertar del nuevo mundo americano.

 

DOS VISIONES

 

En su esencia la bandera muestra la intención de plasmar las dos visiones que se encontraron para dar origen a una nuevo: La Hispanidad, como lo definieron en coloquial amistad (ambos españoles) el jesuita Zacarias de Vizcarra y el gran pensador Ramiro de Maeztu, durante su permanencia en Buenos Aires como embajador desde 1928 a 1930, y que dio origen a su magnífico escrito, Defensa de la Hispanidad.

 

El acto solemne de izamiento, por las manos de la propia Juana de Ibarbourou, se realizó el 12 de octubre de 1932, en la Plaza Independencia de la ciudad de Montevideo, ante la asistencia de autoridades nacionales, delegaciones diplomáticas, fuerzas del ejército y alumnos de diversas escuelas.

La enseña fue adoptada en toda América: Brasil, Paraguay, Colombia, Guatemala, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, Costa Rica, Panamá, El Salvador, la Argentina, México (donde se dispuso que fuera jurada en las escuelas públicas por millones de alumnos. Algo que deben haber olvidado el saliente presidente Andrés Manuel López Obrador y la actual presidente Claudia Sheinbaum Pardo, ambos detractores de España y negadores del pasado histórico real, no la narrativa que pretenden inventar).

 

FIESTA

 

En la Argentina, la bandera fue izada en la Sociedad Rural de Palermo en 1933, ante la presencia de 60.000 personas, el entonces presidente Agustín P. Justo, el embajador de España, cuerpo diplomático, eclesiástico, y su creador, el capitán Camblor.

 

Fue una colorida fiesta; las crónicas y fotos muestran el desfile de asociaciones españolas, con sus trajes típicos: vascos, gallegos, asturianos, aragoneses, junto a gauchos montados en representación de grupos criollos.

 

El primer diputado socialista electo, D. Alfredo Palacios fue uno de los asistentes al acto. Algo que sin duda molestaría, y mucho, a los diputados de la izquierda vernácula de hoy.

 

En toda América se emitieron sellos postales conmemorativos con la imagen y alusiones a la bandera, la Hispanidad y su simbolismo.

 

Hoy, en cambio, observamos el surgimiento de banderas de todo tipo y color, como la LGTB+, la Trans, la de los pueblos originarios (Wiphala); o las múltiples banderas mapuches (Wenufoye, una de tantas), con un claro mensaje de confrontación contra la idea del estado nacional; ataques a todo lo hispano-criollo, incluido sus valores religiosos; el cambio de escudos centenarios como hizo Nicolás Maduro con el de Caracas, para darle un toque “bolivariano”, siguiendo a su mentor Hugo Chávez que designó al 12 de octubre como el “Día de la Resistencia Indígena”; o la destrucción de monumentos, como sucedió en Estados Unidos con el ultraizquierdista “Black Lives Matter”, la quema de iglesias, destrucción de estatuas de San Fray Junípero Serra, Isabel la Católica, Colón, Cervantes y hasta Jefferson. O en nuestro país cuando el complejo escultórico de Colón fue desmontado y secuestrado por la entonces presidente Cristina Kirchner, quien en 2010 designó al 12 de octubre como el “Día de la Diversidad Cultural”, algo que no ha sido modificado por el presidente Javier Milei, como no lo hizo Mauricio Macri durante su gestión.

 

Por ello, hoy celebramos el fasto patrio como corresponde, el “Día de la Hispanidad”, rescatando del olvido esa bandera que supo flamear en América, símbolo de unión de ese monumental proceso iniciado en 1492 que, con luces y sombras, dio el Ser a eso que hoy es Hispanoamérica que, al decir del gran poeta nicaragüense, Rubén Darío, “Aún reza a Jesucristo y habla el español…”.

 

(*) El autor es Licenciado en Historia, Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia, Miembro de Número de la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación, Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo. Autor, entre otros libros, de ‘Hispanidad. Escritos en Defensa Propia’.