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viernes, 7 de agosto de 2026

ANGELELLI:


EL CRIMEN QUE FUE ACCIDENTE (II)

 

En el 2014, publicamos un breve comentario con el mismo título (1). Consideramos necesario ocuparnos nuevamente del tema, debido al Decreto de fecha 29-7-2026, del Arzobispo de Córdoba, Card. Ángel Rossi. En el artículo 1 se instituye en la Arquidiócesis de Córdoba el “Domingo de la Justicia Social”, que se celebrará anualmente el domingo posterior al 4 de agosto, fecha en que la Iglesia recuerda el martirio del beato Mons. Enrique Angelelli.


Recordemos que se considera mártir a la persona que padece muerte en defensa de su religión (RAE). La Iglesia, entre otras condiciones, establece el reconocimiento de un milagro para ser beato, y dos milagros para ser canonizado. En el caso de Angelelli, al ser considerado Mártir, fue exceptuado del milagro.


Ahora bien, durante 7 años (1976-1983) la muerte del entonces Obispo de la Rioja fue considerado un accidente, sin que ninguna autoridad civil ni eclesiástica lo pusiera en duda. Al día siguiente a la muerte, el diario El Independiente de esa provincia, reconocido por su apoyo a la gestión del obispo y opuesto al gobierno del Proceso, en su edición N° 6553 informa: “Falleció en un accidente Monseñor Enrique Angelelli”.


En forma extraoficial, también se comentó que, de la observación de los distintos rastros del accidente los investigadores habrían llegado a la conclusión que el vehículo era conducido por el P. Aldo Pinto, pero para no tener que iniciarle proceso por presunto homicidio culposo, no se determinó quién conducía la camioneta. Jamás fue claro el testimonio del sacerdote, y justifico sus incoherencias en la pérdida de memoria por el shock causado por el accidente. Cuando mucho después, parece recuperar la memoria y declara que otro vehículo apareció en la ruta y golpeó a la camioneta, ya no era sacerdote y estaba casado.


No fue hasta el 4 de agosto de 1983 que, en ocasión de un homenaje al Angelelli realizado en Neuquén, el fraile capuchino Puigjane lanzó públicamente la versión de que el accidente fue, en realidad, fruto de un atentado criminal perpetrado por efectivos de las fuerzas armadas. Es el mismo fraile que años después participaría en un sanguinario ataque a un cuartel en la Tablada, por lo que fue condenado a veinte años a prisión. La denuncia logró que la justicia de Neuquén iniciara una investigación, y luego remitiera lo actuado a la Rioja. En 1990 la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba,  falló que “no hay elementos suficientes que permitan afirmar que el accidente haya sido efectivamente provocado”, y dispone el sobreseimiento de la causa.


Recién en 2014, el Tribunal Oral Federal de la Rioja, llega a conclusiones opuestas sosteniendo la hipótesis del crimen.

 

En el ámbito eclesiástico


1.Mons. Bernardo Witte, Obispo de la Rioja, y alarmado por que el Juez Morales en su investigación de primera instancia sostiene que hubo homicidio premeditado, afirma en el diario La Prensa (29-7-1988) “Nos sorprendimos de que la misteriosa muerte de Mons. Angelelli, haya sido caratulada de asesinato sin que se tengan las pruebas suficientes”. Además, ante la negativa del juez de tomarle declaración testimonial al único testigo presencial del accidente, le hace redactar un Acta en el Obispado el 27-9-1988, de la que existe copia en una escribanía. El señor Raúl Antonio Nacuzzi, LE 6.713.162, de profesión electromecánico,  declara que el 4-8-1976 se encontraba efectuando la reparación de la línea de alta tensión que une la localidad de Patquía y Chamical.


“Estando encaramado en el poste vio la aproximación de un vehículo Fiat Multicarga color claro que aproximadamente en el Km. 1057 de la Ruta Nacional n° 38 se desvía lentamente hacia la derecha sin disminuir la velocidad, recorriendo más de 100 mts., con las dos ruedas derechas sobre la banquina, alejándose del centro de la ruta, hasta que en determinado momento el conductor en una brusca maniobra, como si se despertara, trata de volver al centro de la ruta, oportunidad que escucha el reventón de la cubierta, un giro hacia la izquierda, apertura de la puerta derecha, expulsión de un cuerpo vestido de negro, y posterior vuelco en dirección a la banquina opuesta donde queda de costado en dirección opuesta a la que venía. Que la persona que acompañaba al conductor es la que queda tirada en el suelo. El que conducía, permanece en el vehículo hasta que el mismo termina su recorrido. Que en momento del accidente no se encontraba ningún otro vehículo en la ruta, ni tampoco circulando sobre la misma.”

 

2.Mons. Carmelo Giaquinta, Obispo emérito de Resistencia, fue encargado en el año 2006, por la Conferencia Episcopal Argentina, cuyo presidente era a la sazón el Cardenal Jorge Bergoglio, de constituir y presidir una Comisión especial con el cometido de investigar, en el ámbito eclesial todo lo referido a la muerte de Mons. Angelelli. Los trabajos de dicha comisión (integrada por el entonces Obispo de la Rioja Mons. Roberto Rodríguez y el P. Nelson Dellaferrera) duraron dos años. En declaraciones a la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) con fecha 15-4-2009 (33 años después de la muerte) Giaquinta expresó: 


"La conclusión del trabajo no significa que la Comisión haya llegado a una conclusión judicial. Si fue accidente o atentado, lo dirá la Justicia civil. A partir sólo de los testimonios eclesiales es difícil probar ninguna de las dos hipótesis.”

 

Detalles del expediente judicial N° FCB 97000411/2012/TO1

Tribunal Oral Federal de la Rioja


Dres. Carlos Julio Lascano-Juan Carlos Reinaga-José Camilo Quiroga Uriburu (Presidente)

(2)


Sumario policial:

“Se incorporaron asimismo al plexo probatorio las conclusiones del sumario de prevención compuesto de 47 fojas, instruido por el Inspector Mayor Nicolás de la Fuente, refrendado por el Secretario de actuaciones Oficial Principal Jorge Nicolás Luna Moreyra, que a fs. 47 y con fecha 11 de agosto de 1976, concluye: a criterio de esta instrucción, luego de haberse desvirtuado que el accidente pudo haberse producido por el neumático que se encontró desinflado, las supuestas causas probables del mismo se originaron:


1°por haberse dormido el conductor y acompañante que lo podría haber advertido;

2°que en la ruta en forma imprevista se cruce algún animal; y

3°por haber sufrido el conductor algún contratiempo en su salud, que lo llevara a salir del pavimento con el rodado y cuando retornaba al mismo volcar.”


Pericia Corte Suprema de la Nación:


“Se presentó asimismo la Pericia N° 83/09 de Exhumación correspondiente a Angelelli, Enrique Angel, presentada por los doctores Fernando Claudio Trezza, Luis Alberto Bossio y Roberto Víctor Cohen (pertenecientes al cuerpo de peritos oficiales de la Corte Suprema de Justicia de la Nación), (…) “La realización de placas radiográficas del esqueleto completo, permite descartar la presencia de elementos mecánicos compatibles con armas de fuego.” “No se ha evidenciado en cráneo la pérdida de sustancia ósea compatible con las provocadas por proyectiles de armas de fuego.”


Conclusiones:

1.La causa de fallecimiento de quien fuera en vida Monseñor Enrique Ángel Angelelli está en relación directa a: fracturas múltiples de cráneo. Hemorragia cerebromenígea .

2.Las fracturas torácicas contribuyen en el mecanismo de muerte produciendo hemorragia interna.

3.El mecanismo productor del trauma sería el golpe o choque con o contra objeto y/o superficie dura.

4.La colisión vehicular mixta (choque con vuelco) es idónea para provocar las lesiones observadas y la muerte.

5.No es posible con los elementos obrantes en autos y el estado de esqueletización que presenta el cadáver, suponer otra etiología distinta de producción de las lesiones.

6.No surge del análisis de autos ni de las peritaciones realizadas elementos que permitan suponer la intervención de terceras personas en la producción de las lesiones mortales.

7.Se trataría de una muerte violenta.

 

Autoría mediata (Teoría de Claus Roxin)

Los doctores Carlos Julio Lascano y Juan Carlos Reynaga, dijeron:


“A los acusados Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella les corresponde responder bajo la categoría de autores mediatos por su participación en los hechos precedentemente analizados”.

“En la autoría mediata a través de aparatos organizados de poder, no solo son autores (directos o inmediatos) los que ejecutan materialmente las órdenes ilícitas impartidas por el sujeto de atrás y retransmitidas por los órganos intermedios; sino que también lo son, tanto el jefe que ocupa la cúspide de poder como los que detentan lugares intermedios y que actúan como engranajes haciendo posible el plan global (autores mediatos).


“En la autoría mediata a través de aparatos organizados de poder, el dominio de la voluntad tiene fundamento en la fungibilidad del ejecutor. Es que este tipo de organizaciones funciona automáticamente sin que importe la identidad del ejecutor. El sujeto de atrás, que ocupa los mandos de la estructura organizativa, puede confiar en que la orden será cumplida sin necesidad de tener que conocer al ejecutor.” (…)


“Pero además de un aparato de poder organizado y del carácter fungible (intercambiable) del ejecutor, Roxin limita el dominio de la organización a los aparatos que actúan al margen del ordenamiento jurídico. (…) Esta teoría ha encontrado acogida en la jurisprudencia nacional. (…) La Corte Suprema de Justicia de la Nación por el voto de la mayoría (Fayt, Petracchi y Bacqué) confirmó la condena dictada por la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, calificando la conducta de los ex comandantes como autoría mediata,  aplicando la teoría de los aparatos organizados de poder (…).”

 

Consideramos que, resulta abrumadora la inconsistencia del fallo judicial, condenando a dos militares que eran católicos practicantes, y nunca hubieran tomado la decisión de ordenar el asesinato de un hombre consagrado, al margen de las discrepancias que tuviesen con su actividad.


Mario Meneghini

Córdoba, 7 de julio de 2026


 

1: Boletín Acción N° 150, 5-7-2014.


2: Sentencia Judicial Homicidio del Obispo Angelelli; Córdoba, Ediciones Tiempo Latinoamericano, 2015.


      www.cij.gov.ar/nota-14019-Lesa-humanidad-difunden-fallo-que-condina-a-los-dos-acusados-en-el-juicio-por-el-homicidio-del-obispo-Angelelli.html

 

 

 

 

viernes, 31 de julio de 2026

URGENCIA EN DIFUNDIR LA DSI

 

El 29 de julio, finalizó el Encuentro de Obispos de la Región Centro, en Alta Gracia. Una de las conclusiones fue:

 

Coincidimos en la urgencia de revitalizar la difusión y vivencia de la Doctrina Social de la Iglesia, para contribuir, con gestos concretos, al bien común de nuestra provincia y de toda la patria.


Nos complace que los Obispos coincidan con el diagnóstico que sostenemos desde el Centro de Estudios Cívicos Fabiela Maneghini, y que nos impulsó hace ya 45 años a dedicarnos a dicha difusión. 

Ojalá que desde ahora se incorporen otras entidades y personas a esta actividad, tan necesaria en el difícil mundo que nos toma vivir.

viernes, 19 de junio de 2026

LA GUERRA ES UN MAL


 pero el pacifismo católico lo agrava

 

Riccardo Cascioli

Brújula cotidiana, 19_06_2026

 

 

Con el inicio de la guerra israelí-estadounidense contra Irán, en el mundo católico se ha intensificado el debate en torno al tema de la llamada “guerra justa”, con posturas que oscilan entre el pacifismo absoluto y la justificación de cualquier guerra que se plantee en defensa de Occidente.

 

Pero es curioso que en este debate cuesta mucho partir de las cuatro condiciones establecidas por el Catecismo de la Iglesia Católica para una legítima defensa armada, que son las únicas condiciones por las que una guerra puede justificarse, a saber:

 “que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones sea duradero, grave y cierto; que todos los demás medios para ponerle fin se hayan revelado impracticables o ineficaces; que existan condiciones fundadas de éxito; que el recurso a las armas no provoque males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. En la evaluación de esta condición tiene un peso enorme la potencia de los medios modernos de destrucción”.

 

Más adelante profundizaremos en el “justificacionismo”. En este artículo de hoy, en cambio, merece la pena detenerse en la deriva pacifista que hoy, gracias también al pontificado de Francisco, prevalece en la Iglesia y que, en sus formas más radicales, pretendería condenar incluso la existencia de los ejércitos. Ya hemos tenido ocasión de refutar, con el Magisterio, ciertas tesis expresadas, por ejemplo, con motivo del desfile militar celebrado en Italia el pasado 2 de junio.

 

Sin embargo, es importante señalar un error que está en el origen de ciertas derivas y malentendidos en torno a la cuestión de la guerra. El pacifismo, con su pretensión de un mundo sin armas, sin agresores ni agredidos, fundado en la mera voluntad del hombre, es una utopía que niega una realidad ineludible: el pecado original. Efectivamente, porque la guerra es la consecuencia del pecado contra Dios y, por lo tanto, como advierte la Constitución pastoral Gaudium et Spes, “los hombres, en cuanto pecadores, están y estarán siempre bajo la amenaza de la guerra hasta la venida de Cristo” (n.º 78). Por eso, la idea de un mundo sin guerras o sin amenaza de guerras es una utopía peligrosa que tal vez resulte comprensible en John Lennon, pero mucho menos cuando la proclaman los pastores de la Iglesia.

 

El compromiso para evitar las guerras o, mejor dicho, por la paz, es algo completamente diferente. Pero significa una sola cosa: la conversión a Cristo. La paz —advierte el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia— “lejos de ser una construcción humana, es un don divino supremo ofrecido a todos los hombres, que implica la obediencia al plan de Dios” (n.º 489).

 

El pretexto que muchos esgrimen es “el poder de los medios modernos de destrucción”, por decirlo con palabras del Catecismo, para negar la mera posibilidad de justificar una guerra. Así lo ha escrito también el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, afirmando que hoy “es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible ‘guerra justa’”. Sin embargo, el Catecismo considera la existencia de las armas de destrucción masiva como un elemento adicional de reflexión y prudencia en torno a la decisión de intervenir militarmente para defenderse, y no, desde luego, como la negación de la posibilidad de una legítima defensa.

 

El hecho de que las situaciones contingentes cambian puede llevar a detallar aún más la doctrina de la legítima defensa, pero no puede modificar sus criterios. Un ejemplo de ello son las intervenciones al respecto de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El primero, teniendo en cuenta a principios de los años 90 del siglo pasado las atrocidades que se estaban produciendo en la guerra en los Balcanes, introdujo el concepto de “ingerencia humanitaria”, definiéndola como “un deber y un derecho (…) para desarmar a quien quiere matar. Esto no es favorecer la guerra, sino impedirla”.

 

Obviamente, también este principio tiene sus condiciones, que Juan Pablo II aclaró en el mensaje para la Jornada de la Paz del 1 de enero de 2000: las acciones para desarmar al agresor “deben estar circunscritas en el tiempo y ser precisas en sus objetivos, llevarse a cabo en pleno respeto del derecho internacional, estar garantizadas por una autoridad reconocida a nivel supranacional y, en cualquier caso, no dejarse nunca en manos de la mera lógica de las armas” (n.º 11). Posteriormente, Benedicto XVI, en su importante discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas del 18 de abril de 2008, retomó el concepto refiriéndose a la “responsabilidad de proteger” (para un análisis más detallado de este tema, véase La Bussola mensile n.º 29, abril de 2026). Por lo demás, como explica también el Compendio de la Doctrina Social, “el derecho al uso de la fuerza con fines de legítima defensa va unido al deber de proteger y ayudar a las víctimas inocentes que no pueden defenderse de la agresión” (n.º 504).

 

Precisamente esta precisión nos brinda la oportunidad de señalar un malentendido típico del pacifismo, incluido el católico: a saber, la confusión o incluso la equiparación entre el uso de la fuerza y la violencia. Son dos conceptos que deben mantenerse bien diferenciados, porque el uso de la fuerza, en ciertos casos, no solo es legítimo, sino incluso obligatorio (como ya se ha explicado anteriormente), mientras que la violencia, la intención de destruir vidas humanas o la indiferencia ante ello nunca son justificables. “La violencia es mala, la violencia como solución a los problemas es inaceptable, la violencia es indigna del hombre —decía Juan Pablo II durante su viaje a Irlanda en 1979—. La violencia es una mentira, pues es contraria a la verdad de nuestra fe, a la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye aquello que pretende defender: la dignidad, la vida y la libertad de los seres humanos”.

 

Y esto también es válido en tiempos de guerra, en los que hay que hacer todo lo posible para garantizar lo antes posible las condiciones de la paz y en los que no se suspende el derecho humanitario y —como subraya de nuevo la Gaudium et Spes— “no todo se vuelve lícito entre los beligerantes cuando, por desgracia, la guerra ya ha estallado” (n.º 79).

 

Por lo tanto, se puede sostener sin duda alguna que la mayoría de las guerras actuales no son justas; también cabe debatir si ciertas defensas de las fronteras nacionales respetan realmente todas las condiciones para una auténtica legítima defensa. Sin embargo, lo que es contrario a la visión católica es este pacifismo imperante en la Iglesia que, por un lado, predica el desarme total (a ser posible, unilateral) y, por otro, paradójicamente, acaba apoyando a regímenes sanguinarios y violentos.

(continuará)

martes, 9 de junio de 2026

LEÓN XIV


reafirma los principios no negociables en el Congreso español

 

Stefano Fontana

 

Brújula cotidiana, 09_06_2026

 

 

Ayer, 8 de junio de 2026, el Papa León XIV ha pronunciado un largo y sustancioso discurso ante el Congreso de los Diputados, donde se ha reunido con los miembros del Parlamento español, que le dedicaron un largo aplauso al final de su intervención. En los viajes pontificios, los discursos ante los parlamentos de las naciones visitadas son momentos de gran relevancia en el ámbito de la Doctrina Social de la Iglesia y se refieren directamente a la relación entre la fe católica y la vida política, entre la Iglesia y el mundo. Al igual que ocurrió con los discursos de Benedicto XVI en el Westminster Hall de Londres (2010) y en el Bundestag de Berlín (2011), también este discurso de León supone una profundización adicional de esta relación y, por lo tanto, hay que leerlo con atención.

 

En las últimas décadas, España ha vivido un proceso acelerado y radical de secularización que ha supuesto el fin de la anterior sociedad cristiana y también el derrocamiento de la ética pública, como siempre ocurre en estos casos. La laicización ha generado un nihilismo moral, sobre todo tras la introducción de leyes contra la vida y la familia. Recientemente, las aperturas a un posible “redimensionamiento” de la inviolabilidad del secreto sacramental de la Confesión han ido acompañadas del proyecto de incluir en la Constitución el derecho al aborto, como ya ocurrió en Francia. El Papa se ha dirigido a esta España, que ya no es una nación cristiana, y lo ha hecho siguiendo tres líneas temáticas: en primer lugar, ha recordado la historia cristiana de la nación, durante la cual la Iglesia y la religión católica han animado una civilización luminosa; a continuación ha descrito el marco de principios y valores que, incluso tras ese periodo de cristiandad, deben mantenerse como expresión de la naturaleza del hombre; y por último, ha hablado de lo que la religión aún puede aportar a la sociedad española si se le concede libertad.

 

En cuanto al primero de estos puntos, León ha recordado a Don Quijote, a santa Teresa de Ávila, a Miguel de Unamuno, a la Escuela de Salamanca, en particular la obra del fraile dominico Francisco de Vitoria, que contribuyó a fundar el derecho internacional moderno sobre el “valor irreducible de todo ser humano y sobre los límites morales del poder”. En realidad, el pensamiento de Vitoria no era moderno, sino que seguía vinculado a una visión interna de la societas christiana, y la justa apelación a él no debe llevar a superponer el derecho natural cristiano y el derecho moderno de los Estados soberanos. A este respecto, al Papa León se le escapa un “mea culpa” por la Iglesia, que no habría estado completamente a la altura de esta tradición, al igual que en la Magnifica humanitas había pedido perdón por el retraso con el que había luchado contra la esclavitud: afirmaciones poco fiables desde el punto de vista histórico. Aparte de esto, el Papa ha hecho bien en recordar esta historia pasada, al decir que “pertenece a las grandes herencias de España”.

 

El paso al segundo punto indicado anteriormente se produce precisamente en torno a la inviolabilidad de la persona humana como criterio último de la justicia, inviolabilidad en la que convergen la Revelación y la razón, que “puede reconocerla como exigencia inscrita en la verdad del hombre”. La parte más sustancial del discurso se ha centrado precisamente en dirigir “una palabra fuerte y decidida a quienes tienen la gran responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social”.

Estas palabras “fuertes y decididas” se refieren a la defensa de la vida humana en todas sus fases, y que no “deja en la sombra a un niño aún no nacido”; posteriormente, la protección de la familia, “primera realidad humana y fundamento natural de la comunidad”; y, por último, la educación, en la que hay que “respetar siempre el derecho primario e inalienable de los padres a elegir el tipo de instrucción y formación que se impartirá a los hijos”.

No hay duda de que en este discurso se reiteran de manera inequívoca los “principios no negociables”, aunque sin llamarlos así. Esto es válido incluso si el discurso pasa inmediatamente a hablar del “trágico drama migratorio”, equiparándolo a los tres anteriores, mientras que entre ellos hay una diferencia notable, dado que en los tres primeros nos encontramos ante absolutos morales negativos. Resulta interesante, sin embargo, el realismo con el que se ofrecen indicaciones para abordar el problema: que haya “posibilidades reales de integración” y que se promueva “el derecho a permanecer en la propia tierra”.

 

El tercer punto ha llevado al Papa León a reflexionar sobre las sociedades democráticas y su concepto de libertad, sobre todo de la libertad religiosa. León aborda la cuestión no basándose en los derechos del catolicismo, sino en la libertad de religión, para la cual “la fe no pretende imponerse con privilegios o coacciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio”.

 

Aquí se abre una cuestión relevante en la que hay que profundizar. A pesar de la referencia inicial a la contribución del catolicismo a la grandeza de la civilización española, a pesar de las observaciones finales del Papa que, inspirándose en los frisos y pinturas que adornan la sala de las Cortes, ha recordado que “la libertad moderna fue preparada también por una larga educación de la conciencia, profundamente marcada por la tradición cristiana”, en el discurso no surge ninguna referencia directa a la religión católica como religio vera que desempeña por tanto un papel único en la purificación de la razón política, y que no estámotivado únicamente por razones culturales e históricas.

Cuando se reivindican sus derechos, se hace solo en referencia al principio de la libertad religiosa, es decir, con un criterio válido para todas las religiones, y utilizando las palabras fe o religión en sentido general. Pero si el catolicismo es la religio vera y si, por ello, la política lo necesita, su posición en la vida pública cambia, tanto respecto a la autoridad como a las demás religiones. En este punto se observa cierta diferencia con Benedicto XVI y sus discursos ante otros parlamentos.

martes, 2 de junio de 2026

CAÍDA SOSTENIDA


 del catolicismo en Argentina y un aumento de personas sin religión

 

Brisa Bujakiewicz


Infobae, 02 Jun, 2026

 

El catolicismo en Argentina dejó de ser la referencia dominante en la identidad religiosa. Así lo reveló un reciente informe del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina presentado por el Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires. El mismo confirma una transformación estructural: el porcentaje de católicos sigue en descenso, mientras aumenta de manera sostenida el número de personas sin filiación religiosa.

 

“Uno de los hallazgos más importantes del relevamiento tiene que ver con esta tendencia declinante del catolicismo”, explicó en Infobae en Vivo Al Amanecer Juan Cruz Esquivel, investigador principal del CONICET a cargo del estudio.

 

En Argentina, el catolicismo aún representa la confesión mayoritaria, con 57,7% de quienes se identifican religiosamente. Sin embargo, esta proporción dista mucho del 90% de la primera mitad del siglo XX. “Desde el año 1960 que se registró en el último censo de población la pregunta sobre religión, representaba el 90% de los argentinos", indicó Esquivel.

 

Y como contrapartida, precisó el investigador, hay un “crecimiento de dos grandes grupos. Por un lado, el campo evangélico, con sus múltiples denominaciones, que representa el 17,4%, y los llamados sin filiación religiosa, que no son solamente ateos o agnósticos, sino es un conjunto de personas que se consideran creyentes, que tienen prácticas espirituales, pero que a la hora de preguntarles cuál es su religión, dicen: ‘Ninguna’“, detalló.

 

Las personas sin filiación religiosa alcanzan actualmente 22,4%, constituyendo el segundo grupo más numeroso. Este cambio marca el quiebre de la matriz única que definió la vida social argentina durante décadas. Los evangélicos ocupan el siguiente puesto, con 17,4%, consolidando su presencia como la segunda identidad religiosa organizada más importante. "Es un fenómeno que no solo crece en Argentina, sino en el mundo entero", comentó Esquivel.

 

El informe identifica al recambio generacional como el principal motor de cambio. Sólo 44,6% de los jóvenes entre 16 y 29 años se declara católico, mientras que 31% no adscribe a ninguna religión. En contraste, entre los mayores de 50 años, el catolicismo conserva la mayoría absoluta con 69%, y sólo 12,6% afirma no tener religión.

 

Esta segmentación etaria muestra que el escenario religioso argentino es cada vez más fragmentado. Para Esquivel, el alejamiento de las nuevas generaciones respecto a la fe institucionalizada deja atrás el modelo tradicional que moldeó históricamente la sociedad.

 

El estudio destaca una feminización creciente de la religiosidad, especialmente en el ámbito evangélico: 19,3% de las mujeres se identifica con este sector, frente a 15,2% de los hombres. A su vez, los varones tienden más que las mujeres a declararse sin filiación religiosa (25,7% contra 18,8%).

 

La educación formal influye en el sentido de pertenencia religiosa. Entre quienes cuentan con menor escolaridad, el 22,5% se vincula a comunidades evangélicas, que ejercen funciones de apoyo social y comunitario. En los niveles medio y alto de educación, crece el grupo de personas sin religión.

 

Desde la perspectiva territorial, el catolicismo sigue siendo mayoritario en el interior, donde alcanza 59,4%, mientras que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) lidera la secularización con un 26,1% de personas sin afiliación religiosa.

 


El Barómetro sostiene que ya no existe un eje homogéneo que vertebre la identidad colectiva a partir de la tradición católica. El crecimiento de expresiones como “creer sin pertenecer” refleja el auge de formas autónomas de espiritualidad, desvinculadas de instituciones formales.

 

El informe prevé que la segmentación y el distanciamiento respecto de las iglesias tradicionales continuarán acentuándose. La tendencia hacia esquemas religiosos individualizados y cada vez más diversos parece irreversible.

 

La investigación se elaboró entre febrero y marzo de 2026 con una muestra nacional de personas mayores de 16 años mediante recolección telefónica y presencial. El estudio ofrece un nivel de confianza superior al 95%, según su metodología validada.

 

lunes, 4 de mayo de 2026

NEGOCIAR CON TEHERÁN


 el problema no es Trump

 

Por Jorge Martínez Barrera

La Prensa, 03.05.2026

 

Criticar a Donald Trump es, hoy por hoy, un ejercicio casi automático en ciertos círculos. Él mismo no contribuye demasiado a suavizar esa inclinación: en medio de negociaciones con Irán, llegó a declarar que le daba lo mismo alcanzar o no un acuerdo. La frase desconcierta. Pero la pregunta relevante no es si se trata de una excentricidad más, sino si hay en ella un cálculo que no todos están viendo. Para responderla conviene partir por el tipo de adversario que enfrenta EE.UU.

 

CUNA DEL TERRORISMO

Irán es actualmente la cuna del terrorismo mundial. Éste, a diferencia del de los años 70 del siglo pasado, que era político, es un terrorismo abiertamente religioso. La consigna actual no es “¡Viva la revolución!”, o “¡Socialismo o muerte!”, sino “Allahuh akbar!” Esto conlleva toda una redefinición de fines y medios, que se hace más visible en la modalidad contemporánea de la Yihad islámica, la guerra santa, ya prescrita en numerosas aleyas coránicas. Allí se manda subyugar a los infieles por la vía violenta en caso de que no lo hagan pacíficamente.

En realidad, el mandato coránico, según entienden los ayatolás, es el de someter a los infieles por las buenas o por las malas, pero someterlos al fin. De hecho, la palabra “Islam” significa eso en árabe: sumisión.

 

Como es sabido, las dos grandes ramas contemporáneas del Islam son la sunita y la chiíta. Esta segunda es minoritaria; no se sabe a ciencia cierta cuántos chiítas hay, pero se estima que alrededor del 10% de los musulmanes lo son.

 

ENGAÑAR A UN ADVERSARIO

Y ahora viene el segundo asunto que convendría considerar para entender las especiales características de esta guerra. Se trata de algo habitualmente pasado por alto en los análisis públicos. Me refiero a la práctica llamada “Taqiyya”, que significa “disimulación”, “prudencia”, incluso “engaño”. Es lícito engañar a un adversario en contextos de hostilidad o cuando la supervivencia del musulmán está amenazada.

El creyente no será culpable a los ojos de Alá si niega su fe bajo coacción extrema, siempre y cuando en el interior de su corazón se mantenga firme en la creencia.

 

Ahora bien, esta práctica es central en el chiísmo debido a la historia de persecución sufrida por esta minoría. En el Islam sunita la “Taqiyya” es mucho menos frecuente, aunque doctrinalmente también es aceptada. Así entonces, la doctrina de la “Taqiyya”, sumada al historial de incumplimientos del régimen, genera una barrera de desconfianza racional para cualquier negociador occidental ¿Qué garantías tendría entonces EE. UU. de estar en una negociación sincera con un adversario que tiene demasiados problemas en su propio frente interno, y cuyo líder estaría gravemente desfigurado y herido? Muy pocas tal vez. Difícilmente Paquistán podría ser un garante de confianza: ese país, si bien no es mayoritariamente chiíta, sí comparte con los iraníes la animosidad contra Israel.

 

A todo esto se suma la situación interna del régimen iraní, marcada por protestas sociales reprimidas con dureza, por una creciente fragilidad política y por un deterioro escandaloso de su economía. En este escenario, las negociaciones externas pueden cumplir también una función instrumental: ganar tiempo o aliviar presiones, más que alcanzar acuerdos sustantivos.

 

El problema adquiere otra dimensión cuando se considera el programa nuclear iraní. La negativa a someterse plenamente a las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica y la insistencia en mantener capacidades de enriquecimiento de uranio refuerzan la percepción de que el objetivo estratégico no es negociable. Y si ese objetivo se vincula con una visión religiosa del poder, el margen para la diplomacia tradicional se reduce considerablemente.

 

CUALQUIER MEDIO VALE

Para volver al asunto central, EE. UU. enfrenta a un adversario cuyo objetivo como país y cuya política de Estado son religiosos, ya mencionados más arriba: someter al mundo al Islam. Por las buenas o las malas. Y para eso, cualquier medio vale. Naturalmente, si se tratase de armamento tradicional, el asunto tendría otros matices. Pero Irán está trabajando activamente para poseer armamento nuclear, y no está demasiado lejos de obtenerlo. Éste es el punto innegociable mencionado por los iraníes en el reciente diálogo fallido. Ellos han rechazado las últimas inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) encargado de monitorear, justamente, que el enriquecimiento de uranio no sobrepase el límite que permite los usos pacíficos.

 

En suma, si el objetivo religioso es la islamización del mundo y la herramienta táctica es la disimulación (Taqiyya), ¿de qué serviría un papel firmado en Ginebra o Islamabad? Mientras la OIEA siga encontrando puertas cerradas, la “locura” de Trump no parece un capricho, sino la única respuesta lógica ante un adversario que no juega con las reglas de la diplomacia occidental, sino con las de la supervivencia teocrática.

lunes, 30 de marzo de 2026

EL PAPA LEÓN XIV

 

 pide al Principado de Mónaco ser un laboratorio de la Doctrina Social de la Iglesia

 

Por Victoria Cardiel

Aci Prensa, 28 de marzo de 2026

 

León XIV pidió al Principado de Mónaco que sea un laboratorio de la Doctrina Social de la Iglesia, abogando por la redistribución de la riqueza, la ecología integral y la defensa de la vida humana.

 

"Gracias a una fe antigua serán, así, expertos en las cosas nuevas; no tanto persiguiendo los bienes que pasan, a menudo novedades que envejecen en una temporada, cuanto hallándose preparados de frente a desafíos sin precedentes, que sólo se afrontan con un corazón libre y con una inteligencia iluminada", aseveró el Pontífice en francés en su primer discurso.

 

El Pontífice citó San Pablo VI que en el 75º aniversario de la encíclica de su predecesor, León XIII, l Rerum novarum, reseñó que para caminar "se necesita la luz, para promover un progreso social se necesita una doctrina […]; es el pensamiento el que guía la vida".

 

Además, hizo referencia al tamaño del país —Mónaco es el segundo país más pequeño del mundo, después del Vaticano— y señaló que en la Biblia “los pequeños marcan la historia”.

 

Del mismo modo, aseveró que es necesario confiar en la providencia de Dios, “aun cuando predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia, porque nosotros creemos que el Reino de Dios es semejante a una semilla minúscula que se convierte en árbol”.

 

Antes de su alocución, el Santo Padre recorrió las calles de Mónaco en un vehículo blindado —donde le esperaban cientos de fieles con pequeñas banderas, tanto de Mónaco como de la Ciudad del Vaticano— hasta llegar al Palacio del Príncipe.

 

Allí fue acogido por el príncipe Alberto II, la princesa Charlène y sus dos hijos gemelos, mientras una orquesta interpretaba los himnos nacionales.

 

Por otro lado, también defendió que el modo de abordar los problemas típicos del Magisterio social de la Iglesia es útil incluso en sociedades poco religiosas.

 

La gran luz del Evangelio brilla incluso en sociedades poco religiosas

 

“Incluso en una cultura poco religiosa, muy secularizada, el modo de abordar los problemas típicos del Magisterio social puede revelar a nuestro tiempo —un tiempo en el cual a muchas personas les resulta difícil esperar— la gran luz que viene del Evangelio”, señaló el Pontífice

 

“La fe católica —ustedes son de los pocos países del mundo que la tienen como religión de Estado— nos sitúa ante la soberanía de Jesús, que compromete a los cristianos a ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta, sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad”, dijo el Pontífice.

 

La Constitución del Principado de Mónaco reconoce al catolicismo como religión de Estado, lo que permitió que el príncipe Alberto II rechazara una ley que pretendía legalizar el aborto en el principado, después de que el Consejo Nacional aprobara una reforma para promulgar esta norma el pasado mes de mayo.

 

Alberto II protagonizó un choque institucional e hizo valer sus prerrogativas constitucionales, subrayando que su profunda fe católica y el reconocimiento oficial de la religión en el principado le impedían rubricar una norma que por primera vez despenalizaba el aborto en algunos supuestos.

 

El Santo Padre también se refirió así a una de las características del Principado de Mónaco: sus ventajas impositivas.

 

De hecho, este pequeño país en el corazón de Europa está entre los países con mayor Producto Interno Bruto (PIB) por habitante y una de sus notas más destacadas es que los residentes monegascos no pagan impuestos sobre la renta.

 

En este sentido, el Pontífice señaló que entre los habitantes del Principado de Mónaco “no pocos ocupan cargos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero” y llamó a una redistribución justa de la riqueza.

 

“Cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido”, en el pequeño Estado—uno de los países más ricos del mundo.

 

“Como Jesús sugiere en la parábola de los talentos, cuánto nos ha sido confiado no debe enterrarse, sino que debe ponerse en circulación y multiplicarse en el horizonte del Reino de Dios”, insistió desde el balcón del Palacio del Príncipe, residencia de la familia del príncipe Alberto II.

 

El Papa –flanqueado por Alberto II de Mónaco y la princesa Charlène, vestida de blanco y con mantilla– dejó claro que dicho horizonte “es más amplio que el horizonte privado y no se refiere a un mundo utópico”.

 

“El Reino de Dios, al que Jesús ha consagrado su vida, está cerca, porque está en medio de nosotros y sacude las configuraciones injustas del poder, las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos”, aseveró.

 

Así, León XIV constató que el Principado “posee en su independencia una vocación al encuentro y al cuidado de la amistad social, hoy amenazados por un ambiente generalizado de cerrazón y autosuficiencia”.

 

“El don de la pequeñez y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del derecho y de la justicia, especialmente en un momento histórico en el que la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz”, aseveró finalmente el Papa.