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martes, 19 de mayo de 2026

LA SOBERANÍA EDUCATIVA


en las aulas

 

Por Gabriel Camilli

La Prensa, 18.05.2026

 

El concepto de soft power o "poder blando", acuñado para describir la capacidad de las potencias para influir en la mentalidad, valores y conductas de otros pueblos a través de la cultura, la educación y la diplomacia pública, está encontrando en la Argentina un terreno de alarmante permeabilidad.

 

Mientras la atención pública suele centrarse en las rispideces de la alta política internacional o en los comunicados oficiales, una silenciosa pero persistente estrategia de seducción cultural avanza sobre las generaciones más jóvenes ante la mirada esquiva o burocrática del Estado nacional.

 

En sus recientes análisis y exposiciones públicas, el especialista Juan Augusto Rattenbach -secretario ejecutivo del Museo Malvinas- ha encendido las alarmas sobre lo que define como un ataque directo a la "soberanía cognitiva" de los argentinos.

 

La denuncia de Rattenbach expone una preocupante evolución en la estrategia británica: la embajada de ese país en Buenos Aires, valiéndose de la articulación con organizaciones no gubernamentales locales, ha profundizado un despliegue que ya no solo abarca el ámbito universitario, sino que ahora se extiende de forma directa a los adolescentes en los colegios secundarios. A través de visitas guiadas a su sede diplomática y de concursos con consignas edulcoradas como la de "conocer a nuestros vecinos de las islas", se busca desarticular el lazo afectivo e histórico de los jóvenes con el reclamo territorial.

 

Se trata de un meticuloso trabajo de orfebrería geopolítica. Las tesis de Rattenbach describe a una delegación extranjera hiperactiva que "trabaja las 24 horas del día", inaugurando de manera constante programas de vinculación institucional orientados, en última instancia, a un proceso de desmalvinización de largo plazo mediante la captación de voluntades en el plano local.

 

LA ASIMETRIA DEL INTERES NACIONAL Y LA INACCION ESTATAL

 

Frente a esta aceitada maquinaria de diplomacia pública, la respuesta de las instituciones argentinas expone una preocupante asimetría. La flagrante disparidad -que el analista ilustra de forma contundente al comparar la intensa agenda británica en nuestro país con la práctica inactividad de la representación argentina en Londres- desnuda una falencia estructural en la defensa de los intereses nacionales.

 

A nivel institucional, la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, diridiga por Paola Di Chiaro, posee la competencia formal para entender y actuar ante cualquier vector que afecte la narrativa soberana de la Nación. Sin embargo, la naturaleza elusiva del poder blando -disfrazado legítimamente de intercambio académico, cultural o de "fomento de la paz"- parece paralizar las capacidades de reacción del Palacio San Martín. Intervenir ante las actividades de una delegación acreditada o controlar el accionar de las ONG locales supone un costo político que las sucesivas gestiones suelen preferir evitar.

 

A esto se suma la fragmentación interna del propio Estado argentino. Mientras la diplomacia se gestiona en los despachos de Cancillería, la penetración de estas agendas ocurre en las aulas de las escuelas secundarias, cuyo órbita y control dependen exclusivamente de las carteras educativas provinciales y de la Ciudad de Buenos Aires. Esta desconexión facilita que actividades que impactan de lleno en el mediano y largo plazo de la política exterior pasen desapercibidas para las autoridades específicas en la materia.

 

PENETRACION COMERCIAL E INJERENCIA INSTITUCIONAL

 

Rattenbach traza una línea divisoria fundamental entre lo que constituye el consumo cultural orgánico y la intervención diplomática planificada. Los fenómenos de la industria del entretenimiento global -desde el auge del rock británico en décadas pasadas hasta el impacto contemporáneo de sagas literarias como Harry Potter- irrumpen de forma lícita en el mercado cultural y los hogares del país. Históricamente, la sociedad argentina ha demostrado una notable capacidad de resiliencia, llegando a "argentinizar" estéticas e influencias foráneas en lugar de asimilarlas con subordinación.

 

Sin embargo, cuando la fascinación por los productos culturales deja de ser un fenómeno de masas para ser instrumentado como una política de aproximación sistemática hacia menores de edad por parte de una potencia ocupante, el escenario cambia fragmentado de naturaleza. La falta de respuestas sostenidas por parte del Estado no es solo un problema de recursos económicos o de la evidente disparidad presupuestaria frente a estructuras globales como el British Council.

 

Es, principalmente, una consecuencia de los bandazos pendulares de nuestra política exterior, que carece de una estrategia de contra-poder blando unificada, profesional y que trascienda los turnos gubernamentales.

 

EL ROL DE LAS AULAS

 

Si las esferas diplomáticas y ministeriales se muestran lentas o indiferentes, el verdadero escudo soberano debe levantarse en el territorio. En este escenario, los rectores y equipos directivos de las escuelas secundarias tienen una responsabilidad civil y patriótica ineludible. La escuela no es un mero transmisor de datos académicos; es el espacio donde se moldea la ciudadanía. Permitir de forma ingenua que una embajada extranjera con la que se sostiene un litigio territorial abierto financiero o tutele espacios educativos, sin un debido contrapeso pedagógico, constituye una grave claudicación.

 

Afortunadamente, frente al desamparo estatal, surgen faros desde la sociedad civil y los espacios académicos que demuestran que es posible dar una batalla cultural seria y de alto nivel. Un ejemplo paradigmático es la acción que, desde hace ya cinco años, lleva adelante el Instituto Elevan a través del desarrollo de su diplomatura universitaria en "Malvinas, educación y soberanía" (originalmente concebida bajo el eje de educación y valores). Esta propuesta pedagógica única, orientada directamente a la acción, se ha transformado en una cantera de herramientas teóricas y prácticas diseñadas especialmente para docentes, formadores y comunicadores.

 

Iniciativas de posgrado como la del Instituto Elevan no solo desarticulan el relato colonial desde el rigor académico, sino que "enseñan a enseñar Malvinas", promoviendo el pensamiento crítico, rescatando el ejemplo de nuestros héroes como arquetipos de liderazgo y alertando sobre el saqueo de recursos naturales en el Atlántico Sur. Este es el camino que las conducciones escolares deben replicar y en el cual deben apoyarse.

 

ACCIONES CONCRETAS

 

Los rectores de los establecimientos educativos deben permanecer alertas y asumir un rol activo mediante acciones concretas:

 

* Auditoría de contenidos y filtros institucionales: Antes de autorizar la participación de los alumnos en charlas de ONG, concursos de ensayos o invitaciones de delegaciones extranjeras, las autoridades escolares deben exigir los programas pedagógicos detallados. Si se decide aceptar una actividad de intercambio, la dirección debe ordenar que, de manera previa o simultánea, se dicten talleres institucionales que contextualicen la posición argentina, la usurpación de 1833 y la vigencia del reclamo constitucional. El poder blando se desarma exponiendo la verdad geopolítica.

 

* Malvinización activa y transversal: La causa Malvinas no puede quedar confinada al acto escolar del 2 de abril. Las conducciones escolares deben impulsar que la soberanía cruce de forma transversal los proyectos institucionales de todo el año. En el área de Ciencias Sociales, es urgente enseñar el mapa bicontinental de forma obligatoria, analizando la plataforma continental, los recursos pesqueros, los yacimientos energéticos y la proyección antártica. En Formación Ética, se debe debatir el colonialismo en el siglo XXI y cómo las potencias globales usan las becas y las redes para adormecer los reclamos de los países periféricos.

 

* El testimonio vivo como vacuna: La mejor herramienta contra la desmalvinización cognitiva es la memoria humana. Las escuelas tienen a su disposición los centros de excombatientes locales. Invitar periódicamente a los Veteranos de Guerra de Malvinas (VGM) a dialogar con los estudiantes destruye cualquier intento de construir una narrativa ajena o edulcorada sobre el Atlántico Sur.

 

Mientras la Argentina persiste en la desarticulación de sus agencias estatales y en la pasividad frente a estos sutiles avances institucionales, seguirá cediendo un territorio invisible pero crucial. La trinchera cultural hoy está en los colegios. Un rector atento y consciente de su rol histórico, respaldado por la formación académica y el compromiso que promueven espacios como el Instituto Elevan, no solo frena la influencia silenciosa de una embajada extranjera, sino que transforma su institución en un verdadero semillero de ciudadanos con profunda conciencia nacional.

 

Para complementar este análisis sobre el rol estratégico y la vigencia geopolítica del Atlántico Sur, el siguiente material audiovisual expone estas mismas nociones de soberanía de cara al futuro nacional: “El desafío geopolítico de las Islas Malvinas” (youtube). Este video resulta relevante porque presenta un análisis profundo sobre la importancia estratégica de las islas y los desafíos que los argentinos estamos obligados a encarar con patriotismo en la actualidad y hacia el futuro.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

lunes, 20 de abril de 2026

EL DURO BALANCE


 de un profesor tras 40 años de docencia: “Estamos perpetuando el fracaso, venimos en caída libre”

 

Por Claudia Peiró

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 19/04/2026

 

Este veterano profesor ha sido testigo de varias gestiones que, desde la transferencia educativa a las provincias en los 90 no han hecho sino agravar la descomposición de un sistema que alguna vez fue de excelencia.

 

Le angustia la indiferencia de la sociedad ante cada paso hacia el abismo, como la última reforma bonaerense, herencia dejada por Alberto Sileoni como Director General de Cultura y Educación (2021-2025), y le enoja aun más el silencio de las asociaciones e instituciones que se supone trabajan por la educación.

 

La licuación de la autoridad docente, el vaciamiento de contenidos y la estigmatización de los exámenes son algunos de los elementos que conforman un sistema que termina siendo un simulacro de educación, “cartón pintado, un como si, un hacer de cuenta que…”

 

Jorge Angelini egresó del Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González como profesor nacional de Castellano, Literatura y Latín. Luego hizo una diplomatura en Gramática Castellana en la Universidad del Salvador y una especialización en Enseñanza de la Didáctica en la Universidad Nacional de Córdoba. Fue director de colegios secundarios en dos ocasiones. Actualmente ejerce la docencia en dos secundarios privados del centro de Merlo, uno confesional y otro laico, en 3°, 4°, 5° y 6° año de secundaria. También da clase en dos institutos de formación docente. En uno, confesional, trabaja en la formación de maestras de grado y de docentes de inicial. Y en el otro, un instituto superior del profesorado, forma estudiantes para el profesorado de Lengua y Literatura.

 

La última reforma del secundario en la provincia de Buenos Aires elimina algunos niveles de las materias que dicta Angelini. Se trata de sustituir los contenidos duros por materias que responden más a un enfoque ideológico que al interés educativo.

 

Aunque afirma no ver “un freno” a la caída, se define como “un entusiasta”. no piensa en el retiro y espera irse habiendo visto un mínimo regreso a la escuela de «años gloriosos” de sus comienzos en la docencia.

 

— ¿Cuál es tu balance de estos cuarenta años?

 

— Estamos perpetuando el fracaso. Venimos en caída libre, en picada, y mi angustia es que no veo un freno. Caemos, caemos. Los indicadores de pruebas internacionales como PISA y nacionales como Aprender nos están demostrando que año a año estamos peor. Y la sociedad lo mira con pasividad, eso me angustia. En cuarenta años, hubo algunos aciertos, pero el balance lamentablemente es negativo.

 

— Pareciera no haber un diagnóstico claro de la razón por la cual estamos así, por eso algunas soluciones agravan el problema.

 

— Se toman medidas que son parches, nada más. No es buscar una solución, no es un barajar y dar de nuevo, sino un “barramos la mugre bajo la alfombra y sigamos como si nada”. Es como si detecto que en Argentina toda la población tiene mucha temperatura, 39°, entonces destruyo los termómetros. Destruyo el elemento que mide la fiebre y me quedo conforme, porque ya la fiebre no va a aparecer, pero la fiebre está.

 

— Hubo profesores que alentaban a los alumnos a no ir a las pruebas PISA o Aprender.

 

— Sí, sí. Hay una demonización del examen que viene de años.

 

— Un profesor desaprueba a un alumno pero luego viene la intensificación o la instancia final y otro profesor lo aprueba con un trabajito. ¿Eso es lo que sucede?

 

— Voy a aclarar algo sobre esta moda. El término intensificación es un eufemismo, porque puedo intensificar si hay una base, pero cuando el alumno viene sin ningún contenido, no estamos intensificando, sino recuperando. Pero recuperar implica que el alumno desaprobó y ya de por sí decir desaprobado es estigmatizante, es una palabra que hay que olvidar, entonces se la disfraza con esto de intensificar.

 

— ¿En qué consiste la intensificación?

 

— Que el alumno rinde temas de las distintas unidades y llegado el mes de julio, si desaprobó, va dos semanas a recuperar esos contenidos. Viene el segundo cuatrimestre, misma dinámica. Si desaprueba, tiene dos semanas en noviembre antes de pasar a diciembre. Ya tenemos un mes de recuperación. Si aún así no aprueba el contenido —ya no hablamos de materia completa, sino del tema desaprobado—, pasa a dos semanas en diciembre. Si aún así no aprueba, va dos semanas a febrero. Así por ejemplo, un chico que está en segundo año y nunca aprobó un tema de práctica del lenguaje, lo va a ir intensificando durante toda su trayectoria escolar hasta que lo apruebe. El tema es que la evaluación es un proceso, pero cuando a mí me llegan alumnos de otro profesor para que yo los evalúe, ¿qué me pasa? A ese alumno lo recibo de cero porque no fue alumno mío. Entonces, ¿dónde está el proceso? No hay, es todo cartón pintado, es un como si, un hagamos de cuenta que… Al chico no se le toma examen, sigue con ese contenido hasta que esté en 6° y pueda acreditarlo.

 

— ¿Tampoco hay repitencia?

 

— No, no hay repitencia. Con aprobar una sola materia del año que está cursando, automáticamente pasa al año siguiente. Hay padres que piden la repitencia. Cuando ven que el hijo se lleva diez materias, van a la escuela y los directores les dicen: “No está contemplado en la resolución que el chico repita aprobando ya una materia”. Tampoco los padres pueden hacer nada. Es realmente de locos este caos. Este limbo en el que estamos metidos.

 

— Tengo entendido que también hay una sobrecarga horaria con el nuevo sistema de intensificaciones.

 

— Sí, porque en el sistema actual tenemos los alumnos que corresponden a nuestro año, pero después vienen los que intensifican de otros años y los recursantes. Entonces, tenés de base un curso con 35 estudiantes pero podés llegar a tener 45. Todo por la misma módica suma. Una sobrecarga docente de la cual los gremios no dijeron nada y nos entregaron en bandeja. Nadie nos defendió. La sobrecarga nos quemó la cabeza. Sileoni dijo que esta reforma seguía el modelo de países europeos: Finlandia, Suecia. Pero allá no tienen más de veinte alumnos por aula. A nosotros nos imponen un modelo del primer mundo, pero con sueldos del tercer mundo.

 

— ¿Cómo era hace 40 años?

 

— Si nos remontamos en el tiempo, un descalabro educativo fue la implementación del tercer ciclo de la educación general básica (EGB) y el polimodal. En los 90. La ley de transferencia de la educación a las provincias que hizo Menem y que llevó adelante Susana Decibe. Vino esta atomización. Fue el huevo de la serpiente. La transferencia de los servicios educativos a cada provincia sin un órgano central, como era el Ministerio de Educación, fue un caos, que ahora estoy viendo replicar en la provincia con la nueva secundaria que impulsó Alberto Sileoni y que sigue sosteniendo (Flavia) Terigi.

 

— Esta última reforma agrava el vaciamiento educativo pero no hubo demasiadas críticas.

 

— Este sistema provincial es sostenido por la mirada cómplice de inspectores y supervisores, que son complacientes frente a lo que ven en los colegios, sumado al miedo de los directivos de enfrentarlo. También hay mucha resignación en los profesores: “Esto es así, esto no va a cambiar”. Entonces, si quieren promoción y el trabajito fácil, bueno, sale el trabajito fácil. Lo que más me llama la atención es la no reacción de los padres. Cuando salió este nuevo régimen académico en 2024, todos los padres tendrían que haber ido a golpear las puertas de la Dirección de Escuelas y no irse de ahí hasta que recularan, por lo menos en los aspectos más significativos. Pero los padres están como anestesiados. Esto es una estafa al futuro porque no se está preparando a los chicos para estudios superiores. Dejamos lo mediocre y nivelamos para abajo. Me llama la atención cómo todos los actores de la comunidad educativa miran para otro lado y van dejando que esto avance. Me enoja mucho el silencio de la Academia Nacional de Educación, de los Padres Organizados, de Argentinos por la Educación, que no toman postura frente a este vale todo, este caos, esta nada que estamos viviendo en la educación.

 

— ¿Está desvirtuado el concepto mismo de educación?

 

— Sí, porque educar es enseñar a gestionar el fracaso, preparar a los estudiantes para los riesgos de la vida real. Pero hoy en las aulas, en general, la educación es crear comodidad, es que los chicos tengan todo a mano, que no se frustren y que egresen como entraron, muchas veces sin apropiarse de contenidos verdaderamente significativos.

 

— ¿Qué pasa con la autoridad del maestro, tanto en lo pedagógico como en lo disciplinario?

 

— La autoridad del maestro está completamente desgastada, erosionada desde las normativas del ministerio y muchas veces también desde la familia. Ya el saber es cuestionado. “¿Esto para qué sirve? ¿Para qué te lo dan? ¿Para qué te lo enseñan? ¿Para qué te lo exigen? ¿Cómo lo desaprobó por esto?”. Todo eso va sumando a la erosión del saber y de lo disciplinario. Ahora no hay sanción, se lo llama reparación. Entonces un chico le pega a otro, ya que estamos en el tema de la violencia, y hay que llamarlo, hablar, hacerlo reflexionar. Pero como el chico sabe que no pasa nada si le pega 20 veces a su compañero, eso también desgasta la autoridad. La falta de límites desgasta la autoridad.

 

— Es como si la escuela fuera una terapia de grupo….

 

— Si por lo menos uno viera que la “terapia” funciona….pero no es el caso.

 

— También hay un permanente adelgazamiento de contenidos.

 

— Sí, lo vivo en carne propia. Este año se reforma la currícula del profesorado de Enseñanza de Secundaria en Lengua y Literatura. Yo dicto Lingüística y Gramática III en tercer año y Lingüística y Gramática 4 en cuarto año. Con la nueva currícula, la materia de 3° —Lingüística y Gramática III— desaparece y a mí me reasignan a Sociolingüística para no quedar desempleado. Pero no es el área que a mí me interesa. Yo tengo una diplomatura en Gramática Castellana. Tengo estudios en la Universidad de Córdoba de Didáctica de la Gramática. Todo ese saber que yo le puedo aportar a mis estudiantes del profesorado va a desaparecer porque desaparece la materia. Y en 4° año también desaparece Lingüística y Gramática IV y me reasignan las horas a una materia que se llama Lengua, Poder y Sociedad. Es decir, que de los cuatro años que había de Gramática en el profesorado van a quedar dos, en 1° y 2°. Si eso no es adelgazar contenidos, ¿cómo lo podemos llamar?

 

— ¿Hay demasiada psicología en el aula?

 

— La psicología no es mala. De hecho, en nuestra carrera estudiamos psicología de la niñez y del adolescente. Lo malo es el psicologismo que nos invadió, que instaló al alumno como víctima. Lo llamo la pedagogía de la compasión. El chico no puede, el chico se frustra, el chico no llega. Eso es lo malo, no la psicología en sí.

 

— Vamos por etapas: después de la reforma de los 90, ¿qué trajeron los 2000, los 2010, los 2020?

 

— Después del desastre de los 90, la crisis del 2001 impactó en la escuela. Vinieron las escuelas comedor. Había que subsanar el tema de alimentación, de los chicos que llegaban a las aulas con hambre. Entonces se corrió el eje. Fue más atender esas necesidades de alimentación y de contención que de enseñanza. Y lo que en educación se pierde no es como en economía, que se puede invertir y después ganar el doble. En educación lo que se pierde tarda años y años en recuperarse y a veces se pierden generaciones. Así llegamos al 2010. Ahí tuvimos en la provincia de Buenos Aires la gestión de Mario Oporto, el que instaló al alumno como sujeto de derechos y no de obligaciones. Porque sí, el alumno tiene el derecho a la educación, pero también al ingresar al sistema tiene que tener obligaciones. Te doy algunos ejemplos que recuerdo de la resolución de evaluación. Por ejemplo, si un alumno desaprobaba tres veces con un profesor, podía pedir cambio de mesa y rendir con otro. Si la mesa de examen empezaba a las ocho de la mañana y él llegaba a las once, había que tomarle igual el examen. Así se fue instalando esto de que el alumno hace lo que quiere, y nosotros nos plegamos.

 

— Otro momento de agravamiento fue la pandemia, el cierre de escuelas.

 

— En el 2020, con la pandemia, yo pensaba: cuando acá baje el agua de la inundación se va a ver toda la suciedad. Y aún hoy la estamos viendo. Después de casi un año y medio en que el alumno estuvo en casa, porque al cierre de las escuelas, en el 2021 le siguieron las burbujas. No iban todos los chicos a la escuela todos los días. Toda esa intermitencia repercutió en los comportamientos en el aula. Me costó un montón en el 2022, 2023, que los chicos tuvieran hábitos de escucha, que no pidieran de ir al baño a cada rato, que no se pusieran a comer en clase, porque para ellos era normal, porque durante la educación en la casa prendían las computadoras pero después si tenían ganas de ir al baño, o de salir un rato al patio, lo hacían. Y no quiero dejar de mencionar al ministro Nicolás Trotta, que cuando estábamos remándola para que los chicos se conecten, se enganchen, entreguen los prácticos que les pedíamos, a mitad de año, en junio, dijo que no iba a haber nadie desaprobado. Eso fue patear un hormiguero, porque después teníamos que salir a pescar a los chicos para que se conectaran, para que cumplieran… total, el ministro había dicho que no iban a desaprobar.

 

— ¿Algún ministro rescatable?

 

— De estos 40 años, lamentablemente, me quedan los nombres de ministros que categorizo de malos a pésimos. Que no pueda mencionar un ministro que se haya destacado por hacer un aporte significativo a la educación es tristísimo, desolador. Hoy el Ministerio de Educación tampoco existe y tiene rango de Secretaría. Me pregunto si la sociedad sabrá quién es Carlos Torrendell, porque se lo escucha muy poco. Cada tanto se lo ve participando del Consejo Federal de Educación, pero no más. En síntesis, una serie de desaciertos y de gente que le hizo mucho daño a la educación argentina.

 

— Decías que también hubo algún que otro acierto…

 

— Sí, en 2006, salió la nueva Ley Nacional de Educación, que derogó la Ley Federal. Eso fue un acierto. Lo que pasa es quedó en letra muerta, porque la ley dice claramente que se le tiene que brindar a los estudiantes una educación de calidad. Hoy la calidad se traduce en caridad educativa. La ley dice que se debe preparar a los estudiantes para el abordaje de estudios superiores. Eso tampoco está ocurriendo.

 

— ¿Qué es esta nueva moda del aprendizaje basado en proyectos?

 

— El famoso ABP. En 2019, gestión de María Eugenia Vidal, que fue desastrosa en educación, se intentó un plan piloto que se llamó Escuelas promotoras. El nombre lo dice: buscaban que el alumno promocione. La estrategia era trabajar en esas escuelas piloto con el aprendizaje basado en proyectos. Por suerte eso no se implementó en los dos colegios donde yo trabajo, pero sí escuché a colegas de otros colegios. Por ejemplo, tenían que tomar una problemática local. Por ejemplo, la contaminación del río Reconquista, que pasa por acá. Todas las materias tenían que trabajar sobre esa problemática: Historia, Geografía, Prácticas del lenguaje y Literatura, Inglés. Todo debía confluir en un producto final que fuera el trabajo sobre la contaminación del río Reconquista. Es evidente que se menoscaban los contenidos fundamentales, porque uno no puede acotar su materia a una sola problemática.

 

—¿El adelgazamiento de contenidos ha sido una constante?

 

— Claro que sí. Y en esto del ABP, eran raquíticos los contenidos porque todas las materias debían tratar esa temática y eso era despojar la currícula. También traía una dificultad en la evaluación. ¿Cómo se evaluaba un producto final si cada uno tenía que mirarlo desde su materia, pero a la vez acordar con el otro docente para poner una nota final? Cuando en el 2022 vino el revoleo de materias, cuando nos juntaban por áreas, también había que acordar una nota con el profesor de la disciplina parecida. Por ejemplo, yo tenía que trabajar con Inglés. Si el alumno aprobaba Inglés pero no Literatura, igual aprobaba esa área. Así también se adelgazaron los contenidos e incluso se dio por aprobadas materias que estaban desaprobadas.

 

— En cuanto a los institutos docentes: ¿es irrestricto el ingreso? ¿Cómo llegan esos estudiantes a la carrera docente?

 

— En 2007, bajo la gestión de Mario Oporto, se eliminó el examen de ingreso para los profesorados. Eso se suplantó con cursos nivelatorios no eliminatorios, y actualmente se da un programa de primer año, es decir, que el alumno ingresante tiene todo el primer año para adecuarse al sistema superior. Y llegan sí con deficiencias, como en cualquier carrera. Por eso digo que la ley nacional en la práctica no se cumple, porque tendrían que egresar con aprendizajes significativos para transitar estudios superiores sin dificultad y eso no se da. Cuando la señora Terigi vino a Ituzaingó con el gobernador a inaugurar una escuela, criticó a los docentes que estamos en contra de este régimen académico permisivo llamándonos “defensores del dificilismo”, cosa que me hizo mucho ruido, porque ella, siendo rectora de una universidad [General Sarmiento], tendría que darse cuenta de que el dificilismo lo tienen los estudiantes por las carencias de un secundario que no da las habilidades y herramientas mínimas para la universidad.

 

— ¿Qué pasa con los programas de los institutos?

 

— En uno de los institutos de formación docente donde trabajo, cuando empecé, el programa, los contenidos, eran muy completos. En el 2018, gestión Vidal, cambia la currícula, sacan materias. Por ejemplo, Latín y Lenguas Clásicas. Aun sabiendo que nuestro idioma viene del latín, lo eliminaron porque era una de las materias filtro, que hacía que los estudiantes abandonaran. Por apuntar a la cantidad, sacaron una materia importante. Y este año, se da la segunda reforma, el otro cambio curricular que ya comenté. En mi caso concreto, eliminan Gramática, y ocupan esa carga horaria con materias como Pensamiento Político Pedagógico Latinoamericano o Políticas Inclusivas y Propuestas Pedagógicas Igualitarias. Según el posicionamiento ideológico, tienen que suprimir algunas materias para darle carga horaria a otras.

 

— Pudiendo jubilarte, ¿por qué decidiste no hacerlo?

 

— Sí, con este panorama tan trágico, con esta tragedia educativa, como decía Jaime Etcheverry, ¿por qué permanezco en el sistema? Me sobran años para jubilarme. A los 50 me podía haber jubilado, ya tengo 10 más. Con 25 de servicio también, y ya tengo 40. No soy masoquista, me considero una persona muy entusiasta por sobre todas las cosas. Digo entusiasta por el significado etimológico de la palabra. Para los griegos, entusiasta era el que tenía un dios adentro, “en” es adentro, “theos”, dios. La persona que desbordaba de ganas de cambio. Bueno, yo me defino así. Soy entusiasta, y el día que este entusiasmo esté opacado por todo esto que te dije, que todavía no logra hacer mella en ese entusiasmo mío, ahí sí me voy a ir. Me gustaría irme habiendo visto un poco de esos años gloriosos en los que empecé, y hasta el 93, cuando vino la transformación de la que ya hablamos, para mí esos años fueron excelentes. Después empezó la decadencia hasta esto de hoy que es irrefrenable, que no sé a dónde va a parar, pero yo tengo fe de que alguien tome el guante y decida cambiar. A pesar de que no está entre las preocupaciones de los argentinos. Cuando veo que en las encuestas sale que la principal preocupación de los argentinos es la desocupación, la inflación, la inseguridad, la corrupción, y la educación no figura ni siquiera como un problema en quinto o sexto lugar, me hace acordar a lo que decía Belgrano, “sin educación nunca seremos más de lo que desgraciadamente somos”. Me gustaría irme más optimista. Pero el aula me entusiasma, estar con los adolescentes y mostrarles lo importante que es su lenguaje, que quieran su código lingüístico, que sean críticos, que entiendan que “quien domina el lenguaje, maneja el mundo”. Que no sean manejados, que puedan ver las intenciones de las palabras, lo que esconden. ¿Qué hay detrás? ¿Qué tengo que inferir cuando tal medio me dice tal cosa? Que sean excelentes usuarios de su lengua. Soy un entusiasta de que eso se cumpla.

 

— ¿Cómo te describirías como profesor?

 

— Cuando mi abuela se enteró de que iba a ser profesor de secundaria, me dijo: “Mirá, Jorge, que se agarran más moscas con miel que con vinagre”. Eso lo pongo en práctica desde ese momento. Soy un profesor exigente, pero exijo lo que doy. Y es una exigencia con mucho afecto. Uno de mis momentos inolvidables es a fin de año cuando entrego diplomas. Es un momento que atesoro, el abrazo que me da el egresado cuando le doy el diploma y me dice gracias. Esa es otra de las cosas inolvidables a lo largo de estos 40 años. Entre mis estudiantes, me gané un respeto genuino, no impuesto. Tengo una base muy sólida en el dominio académico de las materias que dicto. Durante las horas de clase, la materia es el centro del trabajo. No hay dispersión hacia otros temas. Creo un clima de cordialidad en el aula basado en el respeto mutuo. Es uno de los valores que fomento en mis alumnos. No permito las cargadas, las risas, no permito que se burlen si alguno pregunta, porque si uno habilita eso, está desalentando la participación por miedo a las cargadas de los compañeros. Así que en eso soy muy estricto y entiendo que tengo una autoridad muy serena y eso hace que los estudiantes me aprecien y yo a ellos. Una vez una antropóloga nos dijo que como docentes podemos tener dos actitudes: que nos importe el alumno o que lo soportemos. Y volvemos a la etimología: importar es llevar adentro. A mí me importan porque yo los llevo conmigo. Los llevo sobre mis hombros. Lo que yo soporto es el sistema educativo. A mis estudiantes yo los importo.

 

— ¿Y cómo es tu vínculo con el sistema educativo?

 

— Tengo bajo perfil, soy muy discreto. No soy de los que toman la palabra en las reuniones docentes o en las jornadas. Observo más de lo que hablo. Pero resisto presiones o modas educativas, que son eso, modas y, por lo tanto, pasatistas. Estoy convencido de lo que vengo practicando desde hace años y noto que me da resultados.

 

— ¿Buenos recuerdos de estos años?

 

— Sí, hay historias que atesoro en mi corazón. Recuerdo el caso de un estudiante de secundario que estaba muy comprometido con el tema drogas y me pidió que yo fuese su tutor en las reuniones que tenía por semana. Después de un año le dieron el alta. Hoy me lo cruzo por las calles de Merlo y es un eterno agradecido. También hubo un chico que me eligió como padrino de bautismo. Se bautizó de grande. Y también dos alumnos que me eligieron como padrino de confirmación. Además atesoro los más de 20 viajes dentro y fuera de la provincia, acompañando grupos de estudiantes. Todo eso humaniza el rol docente. Otra satisfacción de estos años, es que en 2022 publiqué un libro sobre didáctica de las prácticas del lenguaje, donde reúno todo lo que les digo a mis estudiantes del profesorado. Son tips de cómo trabajar las prácticas del lenguaje a partir del texto literario. Me dio muchísima satisfacción poder reunir años y años de experiencia en algo productivo que sirva a futuras generaciones. También fui invitado a colaborar en un proyecto de innovación pedagógica en la Universidad de Zaragoza.

 

— Desde tu experiencia, ¿qué medidas habría que tomar para empezar a recuperar la educación?

 

— Brevemente: que vuelva el Ministerio de Educación y que sea un organismo independiente del gobierno de turno. Que sus autoridades deban acreditar 15 años de experiencia en aulas. Los 2 últimos años de la secundaria tienen que tener un régimen preuniversitario y su promedio debe habilitar a qué carrera pueden inscribirse. Las escuelas tendrían que poder elaborar su propio régimen de promoción y evaluación acorde a la comunidad educativa a la que pertenecen. El ministerio fijaría algunas pautas mínimas comunes y permitiría la autonomía institucional.

lunes, 1 de diciembre de 2025

EDUCACIÓN O PROGRESISMO


Por Claudio Chaves

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 30/11/2025

 

Al parecer, el gobierno Nacional habría elaborado, por medio de la Secretaría de Educación, un proyecto de Ley Educativa bajo el ampuloso título: Ley de Libertad Educativa. No está claro si es así. Todo está por verse. Solo hay trascendidos. Sin embargo y por las dudas el progresismo ha salido con los puños en alto para enfrentar el embate reaccionario, según lo denominan.

 

Lo difundido ha servido para que aparezcan nuevamente las voces que contribuyeron al desastre educativo. De esos ecos nos ocuparemos en la presente nota.

En principio diremos que los distintos gobiernos, a lo largo de la historia argentina, siempre han tenido una palabra, una norma o una ley que orienta la educación en dirección de sus ideas. En la oportunidad no abordaremos la historia argentina. Solo los últimos cuarenta años.

 

LA LLEGADA DE LA DEMOCRACIA

El gobierno del doctor Alfonsín consideró necesario convocar a un debate educativo. Estaba convencido que la escuela y la educación en general guardaban una cuota de responsabilidad por los malditos años de plomo y muerte. Se trataba de alcanzar un nuevo paradigma que contemplara el renacer democrático. Llamó, entonces, a un Congreso Pedagógico en consonancia con el primer debate serio sobre el tema, acaecido cien años antes, bajo el gobierno del general Roca.

 

El entusiasmo en el mundo educativo fue general y la participación masiva y generosa. Jornadas intensas, de debate acalorado, concluyeron, en apretada síntesis, en descentralizar y regionalizar la educación para adaptarlas a las necesidades históricas y geográficas de las provincias. Se trataba, según clima de época, de abandonar el enciclopedismo, que de lo general se acercaba a lo particular, para invertir la formula: de lo nuestro al mundo.

 

Una idea muy generalizada ilustraba la desazón pedagógica. Por aquellos años un célebre pensador afirmaba: “El pueblo en que nací, en el oeste de Buenos Aires, era treinta años antes territorio ranquelino, pero la escuela a la que concurrí ignoraba oficialmente a los ranqueles. Conocíamos el Yan-tse-kiang, el Nilo y el Danubio pero la escuela ignoraba el Salado de Buenos Aires” (Jauretche) Muchos docentes no conocían ni habían leído a don Arturo sin embargo entendían que la escuela sin raíces se encontraba en el aire.

 

Otra conclusión del Congreso Pedagógico fue la necesidad de ampliar la obligatoriedad, mejorar la calidad educativa e incorporar a la sociedad civil y a las familias para ampliar la base democrática del sistema escolar, por aquello de que la educación es algo tan serio que no puede quedar en manos de los docentes.

 

LOS 90

Hubo en ésta década tres impulsos en dirección a lo discutido y aprobado en el Congreso Pedagógico. Ley de transferencia de servicios educativos (1991) Ley Federal de Educación (1993) y la Constitución de 1994. Por la primera se traspasaron a las provincias los servicios educativos secundarios y terciarios. Las escuelas primarias ya habían sido entregadas en 1978. La regionalización no era solo un asunto de currícula, al decir de Jauretche, era fundamentalmente de gestión. Las provincias debían hacerse cargo de sus escuelas como lo indicaba la Constitución de 1853 que en su artículo 67 apuntaba que corresponde a las provincias proveer educación primaria a sus habitantes. La Ley 1420 de obligatoriedad y gratuidad de la educación primaria fue solo para la Capital y los Territorios Nacionales, las provincias que ya habían fundado escuelas adhirieron a los fundamentos de la Ley, por voluntad y acción soberana. Este esquema de gestión federal fue alterado por la Ley Lainez (4878) centralista y unitaria que ocasionó disparates como el siguiente: “Cuando se estudiaba el griego, llegó al Colegio Nacional de una pequeña capital de provincia el inspector Larsen del Castaño, que dominaba la lengua de Homero. Fue a la clase de griego, y su asombro llegó al infinito cuando un alumno comenzó a recitar la lección. ¿Qué estará enseñando el profesor? Preguntábase Larsen, que no abría los ojos por no humillarle. Pero acabada la clase lo hizo llamar. El hombre que se acercaba encogido, al hallarse frente a quien con media palabra podía hacerle echar a la calle, dijo:

-Discúlpeme señor inspector. Soy padre de familia, con doce hijos. Pedí una cátedra y me dieron la de griego. Le ruego por mis criaturas.

-Bien, lo haré trasladar ¿pero que enseña usted como griego?

-Quichua, señor.” (Manuel Gálvez. En el Mundo de los seres ficticios)

 

El traspaso puso la realidad sobre los pies. De modo que los pedidos de Roca Techint, que en estos días sugirió volver todo para atrás, al centralismo asfixiante, nos hace correr el riesgo de volver al inspector Larsen.

 

La Ley Federal de 1993 alentaba el fortalecimiento de la identidad nacional atendiendo la idiosincrasia local, provincial y regional. Estimulaba los regímenes alternativos de educación, particularmente los sistemas abiertos y a distancia. La participación de la familia, la comunidad, las asociaciones docentes y las organizaciones sociales y el derecho de los padres como integrantes de la comunidad educativa a asociarse y a participar en organizaciones de apoyo a la gestión educativa. En una palabra la escuela abría sus puertas a la sociedad civil y a los padres. La Constitución de 1994 en su artículo 75 inciso 19 consolidaba lo dicho hasta aquí.

 

EL KIRCHNERISMO

El mismo personaje que en los 90 participó de la redacción de la Ley Federal, en el kirchnerismo, borró lo escrito diez años antes. Es que Filmus, de él hablamos, da tanto para un barrido como para un fregado. En la Ley de Educación del 2005 desaparecen los padres, la comunidad y las organizaciones de apoyo a la gestión educativa. Es que Flacso se torna tornadizo.

 

LEY DE LIBERTAD EDUCATIVA

Como se dijo al comienzo de la nota no se la conoce oficialmente pero el progresismo ya ha hablado. El periodismo progre y la Ctera observan con horror la interferencia o centralidad de la familia en el hecho educativo. “Lo rechazamos por tratarse de un proyecto conservador que impone la idea de la familia como la figura preferentemente responsable de la educación de sus hijos, obturando cualquier principio colectivo de socialización en las escuelas.” De ser cierto que la Ley centraliza en la familia la educación de los hijos es una profundización en la línea de la Ley Federal de 1993. Va en la dirección correcta pues nos aleja de pulsiones totalitarias. Por ejemplo: “Para los bolcheviques la familia era el mayor obstáculo para la socialización de los niños. Al amarlo, la familia convierte al niño en un ser egoísta, y lo alienta a creerse el centro del universo. Era necesario, entonces, reemplazar este amor egoísta por el amor racional de una familia social más amplia.” (Figes, O. Los que susurran) El progresismo no es lo mismo, pero es parecido.