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sábado, 25 de mayo de 2024

HAMBRE EN EL MUNDO

 

El Programa Muncial de Alimentos, organismo de Naciones Unidas, acaba de anunciar que 780 millones de personas padecen hambre crónica. 

Esta noticia pavorosa (La Voz, 24-5-24) refleja la realidad de la injusta distribución de los bienes.

lunes, 2 de octubre de 2023

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

 

 


CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DE CONCIENCIACIÓN


SOBRE LA PÉRDIDA Y EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS

2023

 

A Su Excelencia

el señor Qu Dongyu

Director General de la FAO

 

Excelencia:

 

Gracias por haberme dado la oportunidad de dirigirme y saludar cordialmente a todos los que participan en este encuentro con motivo de la celebración de esta Jornada Internacional.

 

Son los pobres y necesitados de este mundo, que recogen de la basura los alimentos que otros altaneramente derrochan y por los que ellos suspiran, los que hoy tienen fijos sus ojos en esta asamblea. Son los jóvenes los que nos reclaman abiertamente que erradiquemos de una vez por todas los perniciosos efectos que la pérdida y el desperdicio de alimentos causan a las personas y al planeta, al tiempo que nos piden una mayor sensibilización, de modo que no se repitan prácticas tan perjudiciales y dañinas.

 

Sin embargo, y por desgracia, la plaga de la pérdida y del desperdicio de alimentos es tan alarmante y funesta como la tragedia del hambre que tan cruelmente aflige a la humanidad. Cito estos dos dramas juntos porque los considero unidos por una única raíz de fondo: la cultura imperante que ha llevado a desnaturalizar el valor del alimento, reduciéndolo a mera mercancía de intercambio. A esto se añade la indiferencia general hacia las personas indigentes, tan palpable en la actual coyuntura, así como el escaso cuidado que se otorga a la creación, con las nocivas consecuencias que ello acarrea por doquier. Todas estas actitudes, que pueden considerarse enraizadas en el egoísmo humano, llevan por un lado a que muchos se desprendan irresponsable e inmoderadamente de bienes primarios y, por otro, a no indignarse viendo que todavía hay multitud de personas que no disponen de lo necesario para vivir. Un egoísmo que se traduce, además, en la vigente lógica del lucro que regula las relaciones sociales y en la explotación irracional y voraz de los recursos naturales.

 

Todos debemos convencernos de la urgencia de un cambio radical de paradigma, porque ya no podemos limitarnos a leer la realidad en clave económica o de insaciable ganancia. La alimentación tiene un fundamento espiritual y su correcta gestión implica la necesidad de adoptar comportamientos éticos. Cuando hablamos de alimentos, debemos considerar el bien que más que cualquier otro asegura la satisfacción del derecho fundamental a la vida y base del digno sustento de cada persona. Por tanto, debe tratarse respetando la sacralidad que le es propia, derivada de la sacralidad primaria de cada persona, y que le es reconocida por muchas tradiciones, culturas y religiones.

 

Recordémoslo siempre: la comida asegura la vida y nunca puede considerarse un problema. De hecho, es la existencia de cada persona la que sirve de propósito y estímulo para mejorar nuestro trabajo diario. Por lo tanto, no podemos continuar aludiendo al crecimiento de la población mundial como la causa de la incapacidad de la tierra para alimentar suficientemente a todos, porque en realidad la verdadera razón que subyace a la proliferación del hambre en el mundo está en la falta de una concreta voluntad política de redistribuir los bienes de la tierra, de manera que todos puedan disfrutar de lo que la naturaleza nos da, y en la deplorable destrucción de alimentos en función del beneficio económico.

 

El despilfarro alimentario, una de las formas más graves de generar residuos, muestra asimismo un arrogante desprecio por todo lo que, en términos sociales y humanos, se halla tras la producción alimentaria. Tirar alimentos a la basura significa no valorar el sacrificio, el trabajo, los medios de transporte y los costes energéticos empleados para llevar a la mesa comida de calidad. Significa desdeñar a cuantos se esfuerzan cotidianamente en el sector agrícola, industrial y de servicios para proporcionar unos alimentos que, perdiéndose o acabando dilapidados, no alcanzaron su loable fin.

 

¿Cómo poner fin a la pérdida y al despilfarro de alimentos? Para lograr este noble objetivo es preciso invertir recursos financieros, aunar voluntades, pasar de las meras declaraciones a una toma de decisiones clarividentes e incisivas. Pero sobre todo es imprescindible afianzar en nosotros la convicción de que el alimento desechado es una afrenta para los pobres. Es el sentido de la justicia hacia los necesitados el que debe impulsar a todos y cada uno a un categórico cambio de mentalidad y de conducta. Esto se hace cada vez más apremiante, ya que hay que reconocer, y quisiera subrayarlo, que el alimento que arrojamos a la basura lo arrancamos inicuamente de las manos de quienes carecen del mismo. De aquellos que tienen derecho al pan de cada día en razón de su inviolable dignidad humana. San Pablo lo tenía claro cuando afirmaba que no se trata de aliviar a otros pasando estrecheces; se trata de igualar. La abundancia de unos ha de remediar la carencia de otros (cf. 2 Co 8,13-15). El desarrollo, por lo tanto, debe estar estrechamente relacionado con la sobriedad de vida. Forman un binomio inescindible.

 

Es necesario, además, reavivar en nosotros la conciencia de nuestra pertenencia común a la única familia humana universal. El que se acuesta con el estómago vacío es nuestro hermano. Compartir con él lo que tenemos es tanto un imperativo de justicia como de aquella solidaridad fraterna que brota de las relaciones familiares.

 

Mientras pido a Dios que la familia de las Naciones vuelva a ser verdadera, vuelva a sentirse aquel espacio donde prevalezca la concordia, la generosidad y la ayuda recíproca y amorosa entre los hermanos, agradezco vivamente a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura todas las iniciativas y programas que lleva a cabo para poner fin a la pérdida y al despilfarro de alimentos. Que Dios Todopoderoso colme sus trabajos de copiosos dones celestiales para beneficio de toda la humanidad.

 

Vaticano, 29 de septiembre de 2023

 

Francisco

viernes, 15 de julio de 2022

SOBRAN MALTHUSIANOS


Karina Mariani


Mitos y Fraudes

 

Cada generación ha disfrutado de una calidad de vida superior creada por sus congéneres anteriores. Pero la Agenda 2030 está a punto de cambiar esa ecuación.

 

Sólo existen dos posibilidades: ser muchos y ricos, o pocos y pobres.

Friedrich August von Hayek

 

Hace un poco más de dos siglos, en 1798, un intelectual y clérigo anglicano llamado Thomas Robert Malthus creyó haber entendido que era inexorable el colapso de la humanidad como resultado del desequilibrio que se producía entre el exceso de personas y los recursos dispo-nibles para alimentarlas. Ese desequilibrio hacía que la existencia de la humanidad no fuera “sostenible”. Según su Ensayo sobre el principio de la población (An Essay on the Principle of Population) mientras la producción de alimentos crecía en proporción aritmética la población lo hacía en proporción geométrica. Poca gente ha sido tan enormemente exitosa propagando una idea tan falsa. Seguramente sin saberlo, el buen Malthus iniciaba una poderosa tradición que hoy es todo un éxito: la de alarmar a la población con predicciones falsas, acomodar los datos para no cambiar las predicciones y desprestigiar a quienes cuestionen la alarma y las predicciones.

 

Malthus creía que la sobreexplotación de los recursos naturales conduciría a la miseria. Su ensayo, si bien establecía una serie de catástrofes, carecía de datos que sostuvieran la argumentación general, lo que explica su rotundo fracaso. Pero el empecinamiento de Malthus por sostener sus tesis lo llevaron a hacer modificaciones entre las diferentes ediciones adecuando las argumentaciones a las conclusiones, y no al revés. Como sea se equivocó, los recursos disponibles no crecieron en forma aritmética sino que se multiplicaron de una manera tan asombrosa que superaron lo que se necesita para alimentar a todos los terrícolas. Para la época en que escribió su ensayo más del 90% de la población era pobre, mientras que apenas dos siglos después menos del 10% de la humanidad vivía en esas condiciones.

 

"Una poderosa tradición que hoy es todo un éxito: la de alarmar a la población con predicciones falsas, acomodar los datos para no cambiar las predicciones y desprestigiar a quienes cuestionen la alarma y las predicciones."

 

Según los datos de FAO, actualmente es menor a un dígito el porcentaje de la población que pasa hambre y esto no es por falta de alimentos sino por factores relacionados con la guerra, la logística, etc. La humanidad se ha multiplicado pero sin embargo vive mucho más y en mejores condiciones. La amenaza de que la superpoblación haría escasear los recursos y el espacio ha sido rotundamente desmentida por los hechos. Malthus no pudo prever que la economía crecería mucho más que la población, generando una gran cantidad de riqueza en un período brevísimo. Respecto del espacio, utilizamos sólo una pequeña parte del planeta, aún descartando zonas inhóspitas. Las alarmas encendidas por Malthus no tuvieron en cuenta la increíble capacidad humana para crear ciencia y tecnología que adaptara el espacio y los recursos, de manera que no existe un solo indicador que mida el bienestar humano que no haya mejorado en los últimos dos siglos.

 

Sin embargo, a pesar de ser los humanos una especie generadora de semejantes proezas, triunfan en el mundo ideologías que nos consideran como agentes contaminantes, viles ofen-sores de un planeta que padece nuestra existencia. Poco difiere el fallido argumento malthusiano de la prédica ecologista ligada a las políticas que proponen desandar el camino de crecimiento, confort y calidad de vida humanos para evitar, de nuevo, el apocalipsis de insostenibilidad generado por el Homo sapiens. Se trata de un denodado ejercicio de autohumillación.

 

El relato que describe a la humanidad como un parásito del planeta es recurrente y volvió con renovados bríos en el emblemático año 1968 cuando Paul Ehrlich publicó “La bomba de población”, libro tan exitoso como su par malthusiano y que sostenía la misma tesis.

Algo muy interesante sucedió cuando el economista contemporáneo Julian Simon sostuvo justamente lo contrario: que el crecimiento de población es la base de la abundancia de recursos porque es la gente la fuente de las innovaciones y cuanta más haya, mayor cantidad de recursos y mayor eficiencia en su uso. Simon le hizo una apuesta a Ehrlich: que eligiera una canasta con materias primas que creyera que iban a ser menos abundantes y, por tanto, más caras a futuro. Si realmente esa canasta se volvía más costosa en diez años, Ehrlich habría ganado la apuesta, caso contrario el victorioso sería Simon. Ehrlich eligió cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno. En el período de la apuesta, para la década del 80 del siglo pasado, la población mundial aumentó en más de 800 millones de personas, pero los cinco materiales estaban más baratos. Simon tenía razón.

 

Otro ejemplo del mismo dogma malthusiano se encuentra en el resumen anual del Foro Económico Mundial, más conocido como Foro de Davos (sí, sí, ese de “no tendrás nada y serás feliz») de 1973, en el que se comenzaron a discutir cómo establecer nuestros “límites para el crecimiento”. Unos años antes se había fundado el Club de Roma, otro grupo de expertos e iluminados que encargó en 1972 un texto que justamente se llamó “Los límites del crecimiento”. La alarma era la misma: la gente vs. el ambiente y sus recursos. El texto anunciaba catástrofes que, por supuesto, jamás se concretaron, pero las soluciones propuestas para el futuro seguían siendo las mismas: reducir la población y el nivel de consumo. Tal cual le pasó a Malthus, su fracaso predictivo fue un éxito editorial, traducido a 30 idiomas y vendido por millones.

"Poco difiere el fallido argumento malthusiano de la prédica ecologista ligada a las políticas que proponen desandar el camino de crecimiento, confort y calidad de vida humanos para evitar, de nuevo, el apocalipsis de insostenibilidad."

 

Lo que la humanidad debería revisar, más que su huella planetaria, es su apego a los embaucadores y a las predicciones fracasadas. El neomalthusianismo está más vivo que nunca en el ecologismo político que propone limitar el crecimiento y el desarrollo para evitar un desequilibrio que, como se ha demostrado, carece de asidero. Las políticas ecologistas proponen recuperar la sostenibilidad limitando el bienestar. Calefaccionarse menos, comer peor, viajar menos, producir y consumir menos energía. Y desde ya, estas propuestas se erigen como leyes de sostenibilidad mundial. Si bien el fracaso de la planificación centralizada es una constante en la historia, la excusa ecológica ha servido para que reviva la idea de una política pública global de control sobre todos los ciudadanos del mundo, la Agenda 2030.

 

Las ediciones sucesivas de las cumbres, foros y congresos que concentran cientos de jefes de Estado son un aquelarre destinado a afirmar, en cada ocasión, que el mundo está en grave peligro. En la misma tónica el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC) se ha convertido en la autoridad encargada de avalar este alarmismo a pesar de que existen cientos de científicos desmontando una tras otra todas sus tesis. Es abrumadora la lista de predicciones del IPCC no cumplidas, pero curiosamente, pasa lo mismo que con las voces catastrofistas del pasado, sus yerros son venerados por la prensa y los gobiernos. Las predicciones de la ONU fallaron una y otra vez, las climáticas, las alimenticias, las sanitarias. Sin embargo, no han cambiado su prédica contraria al libre desarrollo humano.

 

Los malthusianos, los de antes y los de ahora, han descartado siempre la masiva capacidad de crear prosperidad de la especie que más detestan: la humana. El periodismo alarmista es parte de este problema, toman fragmentos de titulares, buscan el escándalo y jamás dicen que los escenarios cataclísmicos tienen una probabilidad minúscula de ocurrir, ¡y eso consta incluso en los informes del IPCC! Los desastres naturales han disminuido en un 90% en el último siglo, pero los titulares de los periódicos se regodean con las imágenes de incendios o inunda-ciones como si fueran plagas divinas, venganzas de la madre Tierra. Omiten decir que padecemos menos las inclemencias porque somos más ricos y desarrollados, y por ende, podemos defendernos mejor. Son nuestras adaptaciones las que nos protegen, no las que nos condenan. Pero esta difusión ignorante y alarmista es la base de las creencias del público masivo.

Esto ocurre porque la ideología de la ecología política no tiene por objetivo el progreso científico, si así fuera, no silenciarían ni desprestigiarían a quienes debaten con sus teorías científicas. Se trata sólo de dar soporte narrativo para el intervencionismo creciente, y si la evidencia no se amolda, peor para la evidencia, lo político es sagrado y está primero.

 

El ecologismo político es sistemáticamente anticapitalista. Sospechosamente, va contra el sistema que en 200 años generó tanta prosperidad que dio por tierra con el ensayo de Malthus, casi parece una venganza. Ve, en el desarrollo y el crecimiento que consiguieron que la vida sea más larga, un mal por sus efectos sobre la naturaleza. El problema es mayúsculo porque se trata de la ideología predominante y está creando pesimismo y aprensión respecto del fu-turo, afectando particularmente a las nuevas generaciones que se perciben como enemigas del planeta. El alarmismo climático está provocando depresión y angustia en los niños obligados a consumir este dogma permanentemente: en la escuela, en las redes, en los medios, en el marketing, en el deporte. Un relato verde destinado a proyectar vergüenza y culpa, adoctrinando a los niños para que sean agentes de su ideología.

 

El ecologismo neomalthusiano cree que las soluciones provienen de la imposición de multas, cupos y restricciones al crecimiento, siempre por medio del control y la regulación del Estado. Cada reunión de líderes mundiales reclama mayores intervenciones para frenar nuevos apoca-lipsis siempre inminentes. Pareciera que la creencia en el apocalipsis ambiental les proporciona un propósito místico, un modo de elevación espiritual y se consideran a sí mismos como semidioses que crean el bien a costa de sacrificar la vida de muchos, pero nunca la propia. Por eso usan sus jets privados para reunirse y decir que los simples mortales debemos dejar de usar el combustible de un simple automóvil. Más y más intervención de los expertos iluminados para amoldar el comportamiento de los ciudadanos. Más y más ingeniería social que es, ni más ni menos, que más poder para regular nuestras vidas.

 

Como cada vez que se juntan los líderes atacados por el neomalthusianismo, la conclusión a la que llegan es que la única forma de resolver estos grandes problemas es a través de una gobernanza centralizada de expertos. Tal es la propuesta de la Agenda 2030 y del famoso Gran Reinicio. El ecologismo político cree que debemos cambiar nuestro modo de vida de manera radical y ese dogma no puede ser cuestionado.

La Agenda 2030 es un libro sagrado rubricado por la inmensa mayoría de los líderes y poderosos del mundo. El enemigo es, claro está, el ser humano libre, capaz de elegir por sí mismo su futuro.

 

Pocas espadas más eficientes al servicio del colectivismo como la narrativa verde, no existe gobierno, plataforma electoral, organización o empresa que no la tenga como fin y misión. Todo, por supuesto, ha de ser sostenible, palabra mágica que no dice mucho, pero que lo es todo. Tenemos políticos e influencers dándonos sermones en los que nos culpan, como especie, de ser responsables de catástrofes que no se han cumplido ni por aproximación. Pero no hay caso, el ecologismo neomalthusiano, pese a los datos que desmienten tanto a su precursor como a sus sucesivos profetas, siguen anunciando peligros que son causados por la interven-ción humana sobre la naturaleza. Es evidente que el verdadero enemigo es, para los neomal-thusianos, la humanidad misma. Privilegian a la naturaleza como a una diosa, antes que a la humanidad.

 

Asistimos inermes, mientras tanto, a políticas de decrecimiento, que es eso que llaman “sostenible”. Propuestas que detienen o ralentizan el crecimiento económico y que estancan a los países más pobres. No existe forma de que los países salgan del subdesarrollo sin fuentes de energía sólidas como la fósil o la nuclear, oponerse a ellas es lisa y llanamente ecocolonialismo y es criminal. Las alarmas ambientales de cualquier índole no se evitan empobreciendo la calidad de vida, sino apostando a las soluciones que la humanidad, libremente, va a encontrar como lo viene haciendo desde que es especie.

 

Afortunadamente, todas las predicciones de que la existencia de la humanidad empeoraría han sido un rutilante fracaso. No hay apocalipsis en el horizonte, estamos mejor que hace dos siglos y, si somos libres, estaremos mejor en el futuro. Los humanos no nos resignamos, crea-mos, somos pensantes, encontramos soluciones. Por eso, cada generación ha disfrutado de una calidad de vida superior creada por sus congéneres anteriores. Pero la Agenda 2030 está a punto de cambiar esa ecuación ¿Dejaremos que el ecologismo neomalthusiano consiga que nuestros hijos vivan peor que nosotros?

(Fuente: Faro Argentino, Abril 24, 2022)

 

sábado, 17 de octubre de 2020

EL HAMBRE

 


no es sólo una tragedia, sino una vergüenza

 

Infobae, 17 de Octubre de 2020

El papa Francisco aseguró que el hambre no es sólo una tragedia sino una vergüenza y propuso crear un Fondo Mundial “con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares para ayudar al desarrollo de los países más pobres”.

Francisco intervino con un mensaje en la ceremonia del Día de la Alimentación que se celebró en la sede de la FAO y que coincide con el 75º aniversario de creación de este organismo.

En esta ceremonia virtual organizada por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Francisco señaló que el hambre, “en su mayor parte, está causada por una distribución desigual de los frutos de la tierra, a lo que se añade la falta de inversiones en el sector agrícola, las consecuencias del cambio climático y el aumento de los conflictos en distintas zonas del planeta”.

Destacó además que por otra parte, mientras millones de personas pasan hambre, “se desechan toneladas de alimentos”.

 

“Ante esta realidad, no podemos permanecer insensibles o quedar paralizados. Todos somos responsables”, agregó Francisco.

 

 

El Sumo Pontífice explicó la crisis actual provocada por la pandemia, que ha agravado aún más el problema del hambre, demuestra “que se necesitan políticas y acciones concretas para erradicar el hambre en el mundo”.

 

Y advirtió que “las discusiones dialécticas o ideológicas nos llevan lejos de alcanzar este objetivo, y permitimos que hermanos y hermanas nuestros sigan muriendo por falta de alimento”.

 

El Papa argumentó que “una decisión valiente” sería “constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares un Fondo mundial para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres”.

 

Destacó que vivimos en una época de “contradicciones”, pues por un lado, “somos testigos de un progreso sin precedentes en los diversos campos de la ciencia y por otro lado, el mundo se enfrenta a múltiples crisis humanitarias”.

 

El Papa lamentó que “a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos decenios, el número de personas que luchan contra el hambre y la inseguridad alimentaria crece, está creciendo” y subrayó que “la actual pandemia agudizará todavía más esas cifras”.

 

Además del Papa, en la ceremonia virtual para celebrar el Día Mundial de la Alimentación, también intervinieron el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y la reina Letizia de España.

 

(Con información de EFE)

viernes, 9 de octubre de 2020

PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTOS

 


el plan de la ONU que entrega 15 mil millones de raciones por año

 

Infobae, 9 de Octubre de 2020

El Comité Noruego del Nobel otorgó esta mañana el Premio Nobel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por “sus esfuerzos en la lucha contra el hambre, su contribución para mejorar las condiciones de paz en las zonas afectadas por los conflictos y por haber impulsado los esfuerzos para no convertir el hambre en un arma de guerra”.

 

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU nació en 1961 y tiene su sede en Roma, Italia. En principio, fue creado como un proyecto experimental de tres años, por iniciativa del expresidente estadounidense Dwight Eisenhower. Sin embargo, distintos acontecimientos que tuvieron lugar en aquellos años (un terremoto en Irán, un tifón en Tailandia y crisis de refugiados en Argelia luego de lograr la independencia de Francia) dieron a entender la necesidad de existencia permanente de un programa que se ocupara de brindar asistencia alimentaria y combatir el hambre en el mundo.

 

Actualmente, el PMA, que se define como la organización humanitaria líder en la lucha contra el hambre, asiste a 86.7 millones de personas en 83 países todos los años, en un mundo donde una de cada diez personas no tiene suficiente alimento. Según datos oficiales, el programa cuenta con 5.600 camiones, 20 barcos y 92 aviones en movimiento, que entregan alimentos y distintos tipos de asistencia todos los días. Cada año, distribuyen alrededor de 15.000 millones de raciones con un costo estimado por ración de 31 centavos de dólar.

Los esfuerzos del PMA, que se financia en su totalidad con donaciones voluntarias, se focalizan en la “asistencia frente a emergencias, el alivio y la rehabilitación, la ayuda para el desarrollo y las operaciones especiales”. La mayor parte de su trabajo tiene lugar en países afectados por conflictos, donde las personas presentan tres veces más probabilidades de sufrir desnutrición que aquellas que viven en naciones donde no hay conflictos que amenacen su subsistencia.

 

En situaciones de emergencias, el programa suele arribar primero a la zona afectada para ofrecer asistencia alimentaria a las “víctimas de guerras, conflictos civiles, sequías, inundaciones, terremotos, huracanes, pérdidas de cosecha y desastres naturales”. Finalizada la emergencia, continúan ayudando a las comunidades a reconstruir sus vidas y los medios de vida que se vieron afectados. Además, trabajan para fortalecer la resiliencia y la resistencia de las personas y las comunidades afectadas por las crisis extendidas en el tiempo.

 

Las madres y los niños son actores de sumo cuidado para el PMA. Sus proyectos de desarrollo suelen enfocarse en combatir la desnutrición de ambos grupos desde las etapas más tempranas, con especial énfasis en los primeros 1.000 días, desde la concepción hasta el segundo cumpleaños del niño o niña, y posteriormente a través de comidas escolares. Cada año, el programa brinda alimentos escolares a más de 16 millones de niños en 60 países.

 

El PMA está administrado por una Junta Ejecutiva de 36 miembros y trabaja de manera estrecha con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), ambos también con sede en Roma. Además, se encuentra asociado con más de 1.000 ONG nacionales e internacionales para ofrecer asistencia alimentaria y acabar con el origen de las causas del hambre en el mundo.

martes, 8 de septiembre de 2020

HILDA CHICHE DUHALDE

 


dejó la Mesa contra el Hambre del Gobierno y la calificó como “un fiasco”


07/09/2020

Clarín.com

La ex senadora Hilda “Chiche” Duhalde anunció que se retiró de la Mesa contra el Hambre convocada por el Gobierno nacional, la calificó como "un fiasco" y cuestionó que “no tiene sentido” estar reunida con gente que “va a poner la cara solo porque son conocidos”.

“Propuse que fuese una mesa más chica, solamente con gente con experiencia de cómo se aborda el tema del hambre, porque si no, seguimos reuniéndonos ‘para la gilada’, y a mí no me interesa eso”, manifestó en FM Milenium.

 

Uno de los principales cuestionamientos tuvieron que ver con la presencia de famosos como Marcelo Tinelli, con quien reconoció que en una primera reunión estuvo bien juntarse con personalidades de alto impacto, pero que luego debía seguir con expertos.

 

Para la ex primera dama “no tiene sentido” estar reunida con gente que “va a poner la cara solo porque son conocidos”.Por eso, calificó como "un fiasco" la iniciativa impulsada por el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo.

 

La dirigente peronista También catalogó como "un fiasco" su experiencia con Andrés "Cuervo" Larroque y el intendente de Lanús Néstor Grindetti.

 

"Ellos me habían pedido que les diera una mano con la reorganización de las manzaneras y mi participación en la Mesa del Hambre; algo verdaderamente no me gustó y decidí apartarme".

 

Duhalde criticó, además, que en la última reunión de la Mesa en la que ella participó, la presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, usó su tiempo para expresar su satisfacción por la negociación de la deuda externa. “¿Tiene que ver con el tema del hambre? No. Entonces perdemos tiempo”, cuestionó.

 

Por otro lado, también discrepó respecto a la importancia que el ministro Arroyo le da a la tarjeta Alimentar. "Puede ser un elemento, pero el problema es mucho más grave”, remarcó.

 

La propuesta de Duhalde en ese sentido fue avanzar hacia un único plan social que permita mejorar el alcance y la fiscalización. “Si no, es imposible de controlar”, concluyó.

 

Semanas atrás, la ex primera dama ya se había expresado de manera similar, aunque en ese momento todavía no había dado un paso al costado en la Mesa contra el Hambre.

 

“Hace falta una mayor articulación de los ministerios, que además economiza recursos. Hay que ir hacia un único plan social. Tenemos demasiados planes sociales. En nuestro país es una historia vieja que ya lleva varios años. Surge un problema y armamos un plan social", contaba en una entrevista con Radio El Disparador.

 

Y siguió: "Sobre esos planes sociales no hay demasiado control. El ingreso universal por hijo es un buen plan, pero no ha logrado que todos los chicos vayan a la escuela, y es una de las obligaciones que tiene ese programa”, puntualizó.

martes, 25 de agosto de 2020

MAPA DE LA POBREZA

 

 

Por Martín Dinatale

Infobae, 25 de Agosto de 2020

Al ritmo de la pandemia de COVID-19 y desde el inicio de la cuarentena, la pobreza en la Argentina se extendió a niveles que preocupan seriamente al Gobierno: un incremento de más de 3,5 millones de personas que empezaron a recibir planes alimentarios hasta llegar a 11 millones, el mapa de más de 11.335 niños menores de 6 años que están malnutridos y al menos 133 municipios en donde los problemas de alimentación son hoy algo cotidiano.

 

Es probable que el INDEC no pueda ofrecer en lo inmediato un porcentaje certero del incremento de la pobreza en la pandemia porque la cuarentena frenó toda la labor de los técnicos en la recolección de datos. Pero los números de aumento en ayuda alimentaria, la aparición de nuevos pobres y el volumen in crescendo de chicos menores de 6 años con bajo peso cristaliza una situación social cada vez más complicada según los datos oficiales que maneja la Casa Rosada.

 

En esta radiografía de la pobreza se pueden ver datos concretos que abonan este panorama desolador en términos de pérdida de ingresos, nuevos pobres y chicos con hambre en la Argentina.

 

Según un relevamiento que hizo el Ministerio de Desarrollo Social y al que accedió Infobae, el aumento de 8 a 11,2 millones de personas que en enero y febrero recibían la Tarjeta Alimentar y que ahora se potenció se concentra en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, sustancialmente.

 

El conurbano bonaerense es donde hay mayor concentración de planes alimentarios. Según el informe elaborado desde el ministerio que conduce Daniel Arroyo, mientras que en enero de este año la provincia de Buenos Aires recibió 1.700.230 tarjetas alimentarias, en julio pasó a recibir 2.831.150. Este reparto de alimentos se vio aumentado por miles de personas que perdieron sus empleos en la cuarentena, no logran llegar a fin de mes con los ingresos que tienen y se sumergieron en la pobreza en apenas meses.

 

En Entre Ríos la situación es más leve aunque el aumento en el reparto de la Tarjeta Alimentar fue llamativo: pasó de recibir en enero 35.432 a tener ahora 226.076 beneficiarios de este plan alimentario. Y en Santa Fe se pasó de repartir 248.810 tarjetas en enero a 551.234 en julio pasado.

 

El resto de las provincias mantuvieron desde que empezó la pandemia hasta ahora los niveles de recepción de la tarjeta Alimentar que se vio desde enero aunque la ayuda social se canalizó por otras vías: el incremento de comedores, merenderos o programas IFE y Asignación Universal por Hijo.

 

“Sostener esta situación implicó un esfuerzo del Estado pero también fue importante el rol de la red social. Y un rol importante del sector privado. Con todo el sistema de asistencia del Estado, más las redes sociales y el sector privado llegamos a 11,2 millones de personas”, dijo el ministro Arroyo a Infobae.

 

En lo que va de la pandemia, el Gobierno inyectó $68.747 millones para diferentes programas sociales. Esto incluye $2.277 millones en compras centralizadas de alimentos, $4.092 millones de fondos para provincias y municipios, $52.413 millones para la Tarjeta Alimentar, $3.345 millones para comedores y merenderos, $7.301 millones para comedores escolares y $319 millones en otros rubros de ayuda alimentaria.

 

Sin dudas, la ayuda que más creció en la pandemia fue para el rubro de la Tarjeta Alimentar que hoy llega a 1,5 millones de beneficiarios y unos 2,8 millones de chicos. Aunque los comedores crecieron hasta ahora para dar de atención a 230.000 personas, los merenderos a unas 202.000 beneficiarios y los fondos descentralizados COVID alcanzaron a 232.000 personas. Los comedores escolares llegan ahora a 19.432 escuelas mientras que para los módulos COVID para los municipios se invirtieron $600 millones.

 

“Argentina demostró estar a la altura para sostener la situación. El Estado, la red social y el sector privado lo lograron. La reconstrucción tiene varias partes: mejorar la cobertura y la comensalidad en el hogar, producir alimentos y mejorar la calidad nutricional”, dijo Arroyo sobre el despliegue de todos estos programas de asistencia que crecieron exponencialmente en los últimos 160 días de cuarentena.

 

 

En paralelo a todo esto, el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales que conduce Victoria Tolosa Paz elaboró junto con diferentes ministerios un “Mapa de Indicadores Múltiples Georeferenciados” en el marco del Plan Argentina contra el Hambre.

 

Ese mapa al que tuvo acceso Infobae describe que al día de hoy hay 11.335 niños menores de 6 años que tienen bajo peso o están malnutridos, aunque también hay allí chicos con problemas graves de hambre.

 

“Estos chicos quedaron totalmente excluidos del sistema y debemos garantizar su atención de manera inmediata”, explicó Tolosa Paz.

 

Ese trabajo articulado dio como resultado un mapa que tiene representado el registro de datos del programa SUMAR, donde se identifica la “prevalencia de baja talla/peso”, obtenidas desde centros de salud (CAPS y Hospitales Públicos) a nivel nacional y datos del registro de Renabap.

 

En total se identificaron 232 ubicaciones (centros de salud), que están distribuidas en 21 provincias y representan 133 departamentos o municipios distribuidos en todo el país.

 

De este análisis, que constituye un primer recorte para el abordaje territorial con una mirada integral, se identificaron 11.335 niños y niñas concentrados en estos puntos con problemas de baja talla/peso.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la “baja talla” de un niño determina el retraso del crecimiento, o talla baja para la edad y se refleja en una estatura inferior a la esperable de acuerdo a su edad. “Se define cuando la talla se aleja en más de 2 desviaciones estándar de la mediana de los patrones de crecimiento infantil”, sostiene el organismo internacional.

 

Con este mapa de nutrición de la Argentina el Gobierno buscará ahora desde la Mesa contra el Hambre planificar políticas sociales específicas y su impacto en el territorio, ya que incorpora datos como vulnerabilidad educativa (registro por provincias de servicios educativo, analfabetismo, repitencia y deserción escolar), servicios Alimentarios escolares, registro de comedores PNUD, índice de carencias múltiples (accesos a servicios y condiciones de vivienda) y registros de Huertas Escolares y Comunitarias, con la idea de analizar desde que lugar se puede mejorar los alimentos en los comedores comunitarios.

 

Los 133 municipios donde están concentrados estos 11.335 chicos con problemas de alimentación y baja talla se ubican en mayoría de las provincias: Buenos Aires, Catamarca, Chaco, Corrientes, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Santa Fe, Santa Cruz, Santiago del Estero y Tucumán.

 

Aunque prevalece un mayor número de municipios del conurbano bonaerense, el gran Córdoba, Santa Fe capital y varias comunas de Santiago del Estero.

 

En líneas generales, los intendentes sufren de manera directa el impacto de aumento de la pobreza. La ayuda nacional resulta insuficiente y deben contar con el respaldo de los gobernadores o el sector privado, la ONG y los movimientos sociales para poder atender tanto volumen de nuevos pobres.

 

La mayor parte de las transferencias para ayuda social está concentrada en el conurbano bonaerense. Según un informe de Desarrollo Social, el 46,8% de las transferencias monetarias de impacto territorial para sustentar a los sectores vulnerables va a parar al AMBA, el 19% a la zona centro del país, un 11% al NOA, el 9,4% al NEA, un 7,1% a Cuyo y el 5,7% a las provincias de la Patagonia.

 

Desde que comenzó la cuarentena el 19 de marzo pasado, el Ministerio de Desarrollo Social empezó a girar a los municipios un fondo de $10 millones para la compra de comida que luego se duplicó a $20 millones para cada distrito. Pero para muchos intendentes no resulta suficiente esa ayuda si se tiene en cuenta que cada bolsón de comida tiene un valor de unos $1.000 pesos y hay comunas donde se gastan hasta $80 millones por mes en compra de alimentos para los sectores vulnerables que aumentan diariamente.

 

El intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, explicó a Infobae que la ayuda de esos módulos de alimentos sumada a los programas de asistencia de la Nación como el IFE o la AUH aliviaron un poco la situación social. Pero el jefe comunal no dudó en sostener: “Nunca hay nada que alcance”. Y graficó que antes de la pandemia había en sus distrito unas 55.000 personas que llegaban a los comedores a pedir alimentos y hoy son más de 110.000.

 

El intendente peronista de Ituzangó, Alberto Descalzo, expresó que actualmente la situación en los barrios está contenida por los aportes alimentarios que le gira la Nación o la gobernación bonaerense. Aunque destacó que la solución de atención a la pobreza debería pasar por unificar todos los programas en un ingreso único universal.

 

Desde la oposición del PRO, el intendente de Lanús, Néstor Grindetti, dijo a Infobae que “hasta ahora el gobierno nacional ha cumplido bien, en tiempo y en forma, con la entrega de dos fondos rotatorios uno de 10 y otro de 20 millones que estamos ejecutando para reforzar con alimentos secos los comedores sociales del municipio”. Pero está claro que en Lanús se incrementó la ayuda alimentario y con ello los niveles de pobreza como en gran parte del conurbano bonaerense.

 

Este aumento de la pobreza en la pandemia ocurre en todos los distritos bonaerenses sin diferenciación política alguna. Por ejemplo, en el municipio de Vicente López, Jorge Macri de Juntos por el Cambio, antes de la pandemia se asistía a 4.500 familias en su comuna y hoy la ayuda alimentaria llega a casi 19.000 familias, es decir, casi tres veces más. “Estamos asistiendo al 35% de la gente de Vicente López con alimentos o con elementos de limpieza”, dijo Jorge Macri. El intendente de Vicente López destacó que hay una buena coordinación con la Nación en la tarea contra el COVID-19 pero también recaló en que “hay mucho por hacer en materia económica y de seguridad”.

 

Fernando Gray lidera la comuna bonaerense de Esteban Echeverría donde los bolsones de alimentos se llevan más de $70 millones al mes. “Estamos trabajando en una línea de ayuda social directa del Ministerio de Desarrollo Nacional y los municipios, básicamente del conurbano. El Estado en sus tres niveles está presente pero la demanda social crece. Y estamos trabajando junto a la sociedad civil y las organizaciones para mitigar este momento”, expresó Gray a Infobae al hacer un análisis del aumento de pobreza.

 

En una línea similar se mostró el intendente peronista de Almirante Brown, Mariano Cascallares, quien remarcó: “estamos articulando muy fuerte con el Ministerio de Desarrollo Social para materializar la ayuda alimentaria. En Almirante Brown entregamos mensualmente 87.000 cupos del Servicio Alimentario Escolar (SAE) en las escuelas, recibimos fondos para la Asistencia Alimentaria Directa y desde enero contamos con la Tarjeta Alimentar que le permite a casi 25 mil familias acceder a los alimentos. En paralelo, ya estamos trabajando para potenciar la producción de alimentos y mejorar en forma considerable la calidad nutricional”.

 

En otros casos, los intendentes bonaerenses del PJ o de la oposición prefieren no hablar públicamente. Aunque en sus encuentros virtuales y en las reuniones últimas que mantuvieron con el gobernador, Axel Kicillof, dejaron traslucir el nivel elevado de preocupación que hay por el aumento de pobres desde la pandemia hasta hoy.

 

Es el mismo tono de alerta y preocupación que se percibe en la Casa Rosada aunque allí prefieren mantener la cautela y mantenerse activos. Tanto en el Ministerio de Desarrollo Social, como en el Consejo de Políticas Sociales o en la Jefatura de Gabinete se percibe un nivel de preocupación ante tanto incremento de pobreza.

 

Desde el presidente Alberto Fernández para abajo, en la Casa Rosada saben que la reactivación económica será el mayor reto que tendrá el Gobierno para salir de la crisis de la pandemia y empezar a reducir los niveles elevados de pobreza que la pandemia del COVID-19 elevó duramente y golpea a miles de argentinos.

jueves, 10 de octubre de 2019

PARA SUPRIMIR EL HAMBRE


 no se necesitan contribuciones extras

La Nación, 10 de octubre de 2019 

El presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Daniel Pelegrina, dijo que "con los 11.500 millones de dólares que el campo tributa anualmente en impuestos se podría pagar una canasta básica y obra social para la población en situación de indigencia por tres años".

En declaraciones a LA NACION, el dirigente rural opinó que buena parte de la solución a los problemas del hambre pasa por una correcta administración del gasto público. "Nos preocupa la situación, pero se habla poco del 50% de impuestos que tienen los alimentos", añadió.