El Programa Muncial de Alimentos, organismo de Naciones Unidas, acaba de anunciar que 780 millones de personas padecen hambre crónica.
Esta noticia pavorosa (La Voz, 24-5-24) refleja la realidad de la injusta distribución de los bienes.
El mayor castigo para quienes no se interesan por la política, es que serán gobernados por personas que sí se interesan. (Arnold Toynbee)
El Programa Muncial de Alimentos, organismo de Naciones Unidas, acaba de anunciar que 780 millones de personas padecen hambre crónica.
Esta noticia pavorosa (La Voz, 24-5-24) refleja la realidad de la injusta distribución de los bienes.
CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DE CONCIENCIACIÓN
SOBRE LA PÉRDIDA Y EL DESPERDICIO
DE ALIMENTOS
2023
A Su Excelencia
el señor Qu Dongyu
Director General
de la FAO
Excelencia:
Gracias por
haberme dado la oportunidad de dirigirme y saludar cordialmente a todos los que
participan en este encuentro con motivo de la celebración de esta Jornada
Internacional.
Son los pobres y
necesitados de este mundo, que recogen de la basura los alimentos que otros
altaneramente derrochan y por los que ellos suspiran, los que hoy tienen fijos
sus ojos en esta asamblea. Son los jóvenes los que nos reclaman abiertamente
que erradiquemos de una vez por todas los perniciosos efectos que la pérdida y el
desperdicio de alimentos causan a las personas y al planeta, al tiempo que nos
piden una mayor sensibilización, de modo que no se repitan prácticas tan
perjudiciales y dañinas.
Sin embargo, y por
desgracia, la plaga de la pérdida y del desperdicio de alimentos es tan
alarmante y funesta como la tragedia del hambre que tan cruelmente aflige a la
humanidad. Cito estos dos dramas juntos porque los considero unidos por una
única raíz de fondo: la cultura imperante que ha llevado a desnaturalizar el
valor del alimento, reduciéndolo a mera mercancía de intercambio. A esto se
añade la indiferencia general hacia las personas indigentes, tan palpable en la
actual coyuntura, así como el escaso cuidado que se otorga a la creación, con
las nocivas consecuencias que ello acarrea por doquier. Todas estas actitudes,
que pueden considerarse enraizadas en el egoísmo humano, llevan por un lado a
que muchos se desprendan irresponsable e inmoderadamente de bienes primarios y,
por otro, a no indignarse viendo que todavía hay multitud de personas que no
disponen de lo necesario para vivir. Un egoísmo que se traduce, además, en la
vigente lógica del lucro que regula las relaciones sociales y en la explotación
irracional y voraz de los recursos naturales.
Todos debemos
convencernos de la urgencia de un cambio radical de paradigma, porque ya no
podemos limitarnos a leer la realidad en clave económica o de insaciable
ganancia. La alimentación tiene un fundamento espiritual y su correcta gestión
implica la necesidad de adoptar comportamientos éticos. Cuando hablamos de
alimentos, debemos considerar el bien que más que cualquier otro asegura la
satisfacción del derecho fundamental a la vida y base del digno sustento de
cada persona. Por tanto, debe tratarse respetando la sacralidad que le es
propia, derivada de la sacralidad primaria de cada persona, y que le es
reconocida por muchas tradiciones, culturas y religiones.
Recordémoslo
siempre: la comida asegura la vida y nunca puede considerarse un problema. De
hecho, es la existencia de cada persona la que sirve de propósito y estímulo
para mejorar nuestro trabajo diario. Por lo tanto, no podemos continuar
aludiendo al crecimiento de la población mundial como la causa de la
incapacidad de la tierra para alimentar suficientemente a todos, porque en
realidad la verdadera razón que subyace a la proliferación del hambre en el
mundo está en la falta de una concreta voluntad política de redistribuir los
bienes de la tierra, de manera que todos puedan disfrutar de lo que la
naturaleza nos da, y en la deplorable destrucción de alimentos en función del
beneficio económico.
El despilfarro
alimentario, una de las formas más graves de generar residuos, muestra asimismo
un arrogante desprecio por todo lo que, en términos sociales y humanos, se
halla tras la producción alimentaria. Tirar alimentos a la basura significa no
valorar el sacrificio, el trabajo, los medios de transporte y los costes
energéticos empleados para llevar a la mesa comida de calidad. Significa
desdeñar a cuantos se esfuerzan cotidianamente en el sector agrícola,
industrial y de servicios para proporcionar unos alimentos que, perdiéndose o
acabando dilapidados, no alcanzaron su loable fin.
¿Cómo poner fin a
la pérdida y al despilfarro de alimentos? Para lograr este noble objetivo es preciso
invertir recursos financieros, aunar voluntades, pasar de las meras
declaraciones a una toma de decisiones clarividentes e incisivas. Pero sobre
todo es imprescindible afianzar en nosotros la convicción de que el alimento
desechado es una afrenta para los pobres. Es el sentido de la justicia hacia
los necesitados el que debe impulsar a todos y cada uno a un categórico cambio
de mentalidad y de conducta. Esto se hace cada vez más apremiante, ya que hay
que reconocer, y quisiera subrayarlo, que el alimento que arrojamos a la basura
lo arrancamos inicuamente de las manos de quienes carecen del mismo. De
aquellos que tienen derecho al pan de cada día en razón de su inviolable
dignidad humana. San Pablo lo tenía claro cuando afirmaba que no se trata de aliviar
a otros pasando estrecheces; se trata de igualar. La abundancia de unos ha de
remediar la carencia de otros (cf. 2 Co 8,13-15). El desarrollo, por lo tanto,
debe estar estrechamente relacionado con la sobriedad de vida. Forman un
binomio inescindible.
Es necesario,
además, reavivar en nosotros la conciencia de nuestra pertenencia común a la
única familia humana universal. El que se acuesta con el estómago vacío es
nuestro hermano. Compartir con él lo que tenemos es tanto un imperativo de
justicia como de aquella solidaridad fraterna que brota de las relaciones
familiares.
Mientras pido a
Dios que la familia de las Naciones vuelva a ser verdadera, vuelva a sentirse
aquel espacio donde prevalezca la concordia, la generosidad y la ayuda recíproca
y amorosa entre los hermanos, agradezco vivamente a la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura todas las iniciativas y
programas que lleva a cabo para poner fin a la pérdida y al despilfarro de
alimentos. Que Dios Todopoderoso colme sus trabajos de copiosos dones
celestiales para beneficio de toda la humanidad.
Vaticano, 29 de septiembre de 2023
Francisco
Karina Mariani
Mitos y Fraudes
Cada generación ha
disfrutado de una calidad de vida superior creada por sus congéneres
anteriores. Pero la Agenda 2030 está a punto de cambiar esa ecuación.
Sólo existen dos posibilidades: ser muchos y ricos, o
pocos y pobres.
Friedrich August von Hayek
Hace un poco más
de dos siglos, en 1798, un intelectual y clérigo anglicano llamado Thomas
Robert Malthus creyó haber entendido que era inexorable el colapso de la
humanidad como resultado del desequilibrio que se producía entre el exceso de
personas y los recursos dispo-nibles para alimentarlas. Ese desequilibrio hacía
que la existencia de la humanidad no fuera “sostenible”. Según su Ensayo sobre
el principio de la población (An Essay on the Principle of Population) mientras
la producción de alimentos crecía en proporción aritmética la población lo
hacía en proporción geométrica. Poca gente ha sido tan enormemente exitosa
propagando una idea tan falsa. Seguramente sin saberlo, el buen Malthus
iniciaba una poderosa tradición que hoy es todo un éxito: la de alarmar a la
población con predicciones falsas, acomodar los datos para no cambiar las
predicciones y desprestigiar a quienes cuestionen la alarma y las predicciones.
Malthus creía que
la sobreexplotación de los recursos naturales conduciría a la miseria. Su
ensayo, si bien establecía una serie de catástrofes, carecía de datos que
sostuvieran la argumentación general, lo que explica su rotundo fracaso. Pero
el empecinamiento de Malthus por sostener sus tesis lo llevaron a hacer
modificaciones entre las diferentes ediciones adecuando las argumentaciones a
las conclusiones, y no al revés. Como sea se equivocó, los recursos disponibles
no crecieron en forma aritmética sino que se multiplicaron de una manera tan
asombrosa que superaron lo que se necesita para alimentar a todos los
terrícolas. Para la época en que escribió su ensayo más del 90% de la población
era pobre, mientras que apenas dos siglos después menos del 10% de la humanidad
vivía en esas condiciones.
"Una poderosa
tradición que hoy es todo un éxito: la de alarmar a la población con
predicciones falsas, acomodar los datos para no cambiar las predicciones y
desprestigiar a quienes cuestionen la alarma y las predicciones."
Según los datos de
FAO, actualmente es menor a un dígito el porcentaje de la población que pasa
hambre y esto no es por falta de alimentos sino por factores relacionados con
la guerra, la logística, etc. La
humanidad se ha multiplicado pero sin embargo vive mucho más y en mejores
condiciones. La amenaza de que la superpoblación haría escasear los recursos y
el espacio ha sido rotundamente desmentida por los hechos. Malthus no pudo
prever que la economía crecería mucho más que la población, generando una gran
cantidad de riqueza en un período brevísimo. Respecto del espacio,
utilizamos sólo una pequeña parte del planeta, aún descartando zonas
inhóspitas. Las alarmas encendidas por Malthus no tuvieron en cuenta la
increíble capacidad humana para crear ciencia y tecnología que adaptara el
espacio y los recursos, de manera que no existe un solo indicador que mida el
bienestar humano que no haya mejorado en los últimos dos siglos.
Sin embargo, a
pesar de ser los humanos una especie generadora de semejantes proezas, triunfan
en el mundo ideologías que nos consideran como agentes contaminantes, viles
ofen-sores de un planeta que padece nuestra existencia. Poco difiere el fallido
argumento malthusiano de la prédica ecologista ligada a las políticas que
proponen desandar el camino de crecimiento, confort y calidad de vida humanos
para evitar, de nuevo, el apocalipsis de insostenibilidad generado por el Homo
sapiens. Se trata de un denodado ejercicio de autohumillación.
El relato que
describe a la humanidad como un parásito del planeta es recurrente y volvió con
renovados bríos en el emblemático año 1968 cuando Paul Ehrlich publicó “La
bomba de población”, libro tan exitoso como su par malthusiano y que sostenía
la misma tesis.
Algo muy
interesante sucedió cuando el economista contemporáneo Julian Simon sostuvo
justamente lo contrario: que el crecimiento de población es la base de la
abundancia de recursos porque es la gente la fuente de las innovaciones y
cuanta más haya, mayor cantidad de recursos y mayor eficiencia en su uso. Simon
le hizo una apuesta a Ehrlich: que eligiera una canasta con materias primas que
creyera que iban a ser menos abundantes y, por tanto, más caras a futuro. Si
realmente esa canasta se volvía más costosa en diez años, Ehrlich habría ganado
la apuesta, caso contrario el victorioso sería Simon. Ehrlich eligió cobre,
cromo, níquel, estaño y tungsteno. En el período de la apuesta, para la década
del 80 del siglo pasado, la población mundial aumentó en más de 800 millones de
personas, pero los cinco materiales estaban más baratos. Simon tenía razón.
Otro ejemplo del
mismo dogma malthusiano se encuentra en el resumen anual del Foro Económico
Mundial, más conocido como Foro de Davos (sí, sí, ese de “no tendrás nada y
serás feliz») de 1973, en el que se comenzaron a discutir cómo establecer
nuestros “límites para el crecimiento”. Unos años antes se había fundado el
Club de Roma, otro grupo de expertos e iluminados que encargó en 1972 un texto
que justamente se llamó “Los límites del crecimiento”. La alarma era la misma:
la gente vs. el ambiente y sus recursos. El texto anunciaba catástrofes que,
por supuesto, jamás se concretaron, pero las soluciones propuestas para el
futuro seguían siendo las mismas: reducir la población y el nivel de consumo.
Tal cual le pasó a Malthus, su fracaso predictivo fue un éxito editorial,
traducido a 30 idiomas y vendido por millones.
"Poco difiere
el fallido argumento malthusiano de la prédica ecologista ligada a las
políticas que proponen desandar el camino de crecimiento, confort y calidad de
vida humanos para evitar, de nuevo, el apocalipsis de insostenibilidad."
Lo que la
humanidad debería revisar, más que su huella planetaria, es su apego a los
embaucadores y a las predicciones fracasadas. El neomalthusianismo está más
vivo que nunca en el ecologismo político que propone limitar el crecimiento y
el desarrollo para evitar un desequilibrio que, como se ha demostrado, carece
de asidero. Las políticas ecologistas proponen recuperar la sostenibilidad
limitando el bienestar. Calefaccionarse menos, comer peor, viajar menos,
producir y consumir menos energía. Y desde ya, estas propuestas se erigen como
leyes de sostenibilidad mundial. Si bien el fracaso de la planificación
centralizada es una constante en la historia, la excusa ecológica ha servido
para que reviva la idea de una política pública global de control sobre todos
los ciudadanos del mundo, la Agenda 2030.
Las ediciones sucesivas
de las cumbres, foros y congresos que concentran cientos de jefes de Estado son
un aquelarre destinado a afirmar, en cada ocasión, que el mundo está en grave
peligro. En la misma tónica el Grupo Intergubernamental sobre Cambio
Climático de la ONU (IPCC) se ha convertido en la autoridad encargada de avalar
este alarmismo a pesar de que existen cientos de científicos desmontando una
tras otra todas sus tesis. Es abrumadora la lista de predicciones del IPCC
no cumplidas, pero curiosamente, pasa lo mismo que con las voces catastrofistas
del pasado, sus yerros son venerados por la prensa y los gobiernos. Las
predicciones de la ONU fallaron una y otra vez, las climáticas, las
alimenticias, las sanitarias. Sin embargo, no han cambiado su prédica contraria
al libre desarrollo humano.
Los malthusianos,
los de antes y los de ahora, han descartado siempre la masiva capacidad de
crear prosperidad de la especie que más detestan: la humana. El periodismo
alarmista es parte de este problema, toman fragmentos de titulares, buscan el
escándalo y jamás dicen que los escenarios cataclísmicos tienen una
probabilidad minúscula de ocurrir, ¡y eso consta incluso en los informes del
IPCC! Los desastres naturales han disminuido en un 90% en el último siglo, pero
los titulares de los periódicos se regodean con las imágenes de incendios o
inunda-ciones como si fueran plagas divinas, venganzas de la madre Tierra.
Omiten decir que padecemos menos las inclemencias porque somos más ricos y
desarrollados, y por ende, podemos defendernos mejor. Son nuestras adaptaciones
las que nos protegen, no las que nos condenan. Pero esta difusión ignorante y
alarmista es la base de las creencias del público masivo.
Esto ocurre porque
la ideología de la ecología política no tiene por objetivo el progreso
científico, si así fuera, no silenciarían ni desprestigiarían a quienes debaten
con sus teorías científicas. Se trata sólo de dar soporte narrativo para el
intervencionismo creciente, y si la evidencia no se amolda, peor para la
evidencia, lo político es sagrado y está primero.
El ecologismo
político es sistemáticamente anticapitalista. Sospechosamente, va contra el
sistema que en 200 años generó tanta prosperidad que dio por tierra con el
ensayo de Malthus, casi parece una venganza. Ve, en el desarrollo y el
crecimiento que consiguieron que la vida sea más larga, un mal por sus efectos
sobre la naturaleza. El problema es mayúsculo porque se trata de la ideología
predominante y está creando pesimismo y aprensión respecto del fu-turo,
afectando particularmente a las nuevas generaciones que se perciben como
enemigas del planeta. El alarmismo climático está provocando depresión y
angustia en los niños obligados a consumir este dogma permanentemente: en la
escuela, en las redes, en los medios, en el marketing, en el deporte. Un relato
verde destinado a proyectar vergüenza y culpa, adoctrinando a los niños para
que sean agentes de su ideología.
El ecologismo
neomalthusiano cree que las soluciones provienen de la imposición de multas,
cupos y restricciones al crecimiento, siempre por medio del control y la
regulación del Estado. Cada reunión de líderes mundiales reclama mayores
intervenciones para frenar nuevos apoca-lipsis siempre inminentes. Pareciera
que la creencia en el apocalipsis ambiental les proporciona un propósito
místico, un modo de elevación espiritual y se consideran a sí mismos como
semidioses que crean el bien a costa de sacrificar la vida de muchos, pero
nunca la propia. Por eso usan sus jets privados para reunirse y decir que
los simples mortales debemos dejar de usar el combustible de un simple
automóvil. Más y más intervención de los expertos iluminados para amoldar
el comportamiento de los ciudadanos. Más y más ingeniería social que es, ni más
ni menos, que más poder para regular nuestras vidas.
Como cada vez que
se juntan los líderes atacados por el neomalthusianismo, la conclusión a la que
llegan es que la única forma de resolver estos grandes problemas es a través de
una gobernanza centralizada de expertos. Tal es la propuesta de la Agenda 2030
y del famoso Gran Reinicio. El ecologismo político cree que debemos cambiar
nuestro modo de vida de manera radical y ese dogma no puede ser cuestionado.
La Agenda 2030 es
un libro sagrado rubricado por la inmensa mayoría de los líderes y poderosos
del mundo. El enemigo es, claro está, el ser humano libre, capaz de elegir por
sí mismo su futuro.
Pocas espadas más
eficientes al servicio del colectivismo como la narrativa verde, no existe
gobierno, plataforma electoral, organización o empresa que no la tenga como fin
y misión. Todo, por supuesto, ha de ser sostenible, palabra mágica que no dice
mucho, pero que lo es todo. Tenemos políticos e influencers dándonos
sermones en los que nos culpan, como especie, de ser responsables de
catástrofes que no se han cumplido ni por aproximación. Pero no hay caso,
el ecologismo neomalthusiano, pese a los datos que desmienten tanto a su
precursor como a sus sucesivos profetas, siguen anunciando peligros que son
causados por la interven-ción humana sobre la naturaleza. Es evidente que el
verdadero enemigo es, para los neomal-thusianos, la humanidad misma.
Privilegian a la naturaleza como a una diosa, antes que a la humanidad.
Asistimos inermes,
mientras tanto, a políticas de decrecimiento, que es eso que llaman “sostenible”.
Propuestas que detienen o ralentizan el crecimiento económico y que estancan a
los países más pobres. No existe forma de que los países salgan del
subdesarrollo sin fuentes de energía sólidas como la fósil o la nuclear,
oponerse a ellas es lisa y llanamente ecocolonialismo y es criminal. Las
alarmas ambientales de cualquier índole no se evitan empobreciendo la calidad
de vida, sino apostando a las soluciones que la humanidad, libremente, va a
encontrar como lo viene haciendo desde que es especie.
Afortunadamente,
todas las predicciones de que la existencia de la humanidad empeoraría han sido
un rutilante fracaso. No hay apocalipsis en el horizonte, estamos mejor que
hace dos siglos y, si somos libres, estaremos mejor en el futuro. Los humanos no
nos resignamos, crea-mos, somos pensantes, encontramos soluciones. Por eso,
cada generación ha disfrutado de una calidad de vida superior creada por sus
congéneres anteriores. Pero la Agenda 2030 está a punto de cambiar esa ecuación
¿Dejaremos que el ecologismo neomalthusiano consiga que nuestros hijos vivan
peor que nosotros?
(Fuente: Faro
Argentino, Abril 24, 2022)
no es sólo una tragedia, sino una vergüenza
Infobae, 17 de
Octubre de 2020
El papa Francisco
aseguró que el hambre no es sólo una tragedia sino una vergüenza y propuso
crear un Fondo Mundial “con el dinero que se usa en armas y otros gastos
militares para ayudar al desarrollo de los países más pobres”.
Francisco
intervino con un mensaje en la ceremonia del Día de la Alimentación que se
celebró en la sede de la FAO y que coincide con el 75º aniversario de creación
de este organismo.
En esta ceremonia
virtual organizada por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO), Francisco señaló que el hambre, “en su mayor parte, está
causada por una distribución desigual de los frutos de la tierra, a lo que se
añade la falta de inversiones en el sector agrícola, las consecuencias del
cambio climático y el aumento de los conflictos en distintas zonas del
planeta”.
Destacó además que
por otra parte, mientras millones de personas pasan hambre, “se desechan
toneladas de alimentos”.
“Ante esta
realidad, no podemos permanecer insensibles o quedar paralizados. Todos somos
responsables”, agregó Francisco.
El Sumo Pontífice
explicó la crisis actual provocada por la pandemia, que ha agravado aún más el
problema del hambre, demuestra “que se necesitan políticas y acciones concretas
para erradicar el hambre en el mundo”.
Y advirtió que
“las discusiones dialécticas o ideológicas nos llevan lejos de alcanzar este
objetivo, y permitimos que hermanos y hermanas nuestros sigan muriendo por
falta de alimento”.
El Papa argumentó
que “una decisión valiente” sería “constituir con el dinero que se usa en armas
y otros gastos militares un Fondo mundial para poder derrotar definitivamente
el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres”.
Destacó que
vivimos en una época de “contradicciones”, pues por un lado, “somos testigos de
un progreso sin precedentes en los diversos campos de la ciencia y por otro
lado, el mundo se enfrenta a múltiples crisis humanitarias”.
El Papa lamentó
que “a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos decenios, el número de
personas que luchan contra el hambre y la inseguridad alimentaria crece, está
creciendo” y subrayó que “la actual pandemia agudizará todavía más esas
cifras”.
Además del Papa,
en la ceremonia virtual para celebrar el Día Mundial de la Alimentación,
también intervinieron el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y la
reina Letizia de España.
(Con información
de EFE)
el plan de la ONU
que entrega 15 mil millones de raciones por año
Infobae, 9 de
Octubre de 2020
El Comité Noruego
del Nobel otorgó esta mañana el Premio Nobel de la Paz al Programa Mundial de
Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por “sus
esfuerzos en la lucha contra el hambre, su contribución para mejorar las
condiciones de paz en las zonas afectadas por los conflictos y por haber
impulsado los esfuerzos para no convertir el hambre en un arma de guerra”.
El Programa
Mundial de Alimentos de la ONU nació en 1961 y tiene su sede en Roma, Italia.
En principio, fue creado como un proyecto experimental de tres años, por
iniciativa del expresidente estadounidense Dwight Eisenhower. Sin embargo,
distintos acontecimientos que tuvieron lugar en aquellos años (un terremoto en
Irán, un tifón en Tailandia y crisis de refugiados en Argelia luego de lograr
la independencia de Francia) dieron a entender la necesidad de existencia
permanente de un programa que se ocupara de brindar asistencia alimentaria y
combatir el hambre en el mundo.
Actualmente, el
PMA, que se define como la organización humanitaria líder en la lucha contra el
hambre, asiste a 86.7 millones de personas en 83 países todos los años, en
un mundo donde una de cada diez personas no tiene suficiente alimento. Según
datos oficiales, el programa cuenta con 5.600 camiones, 20 barcos y 92 aviones
en movimiento, que entregan alimentos y distintos tipos de asistencia todos los
días. Cada año, distribuyen alrededor de 15.000 millones de raciones con un
costo estimado por ración de 31 centavos de dólar.
Los esfuerzos del
PMA, que se financia en su totalidad con donaciones voluntarias, se focalizan
en la “asistencia frente a emergencias, el alivio y la rehabilitación, la ayuda
para el desarrollo y las operaciones especiales”. La mayor parte de su trabajo
tiene lugar en países afectados por conflictos, donde las personas presentan
tres veces más probabilidades de sufrir desnutrición que aquellas que viven en
naciones donde no hay conflictos que amenacen su subsistencia.
En situaciones de
emergencias, el programa suele arribar primero a la zona afectada para ofrecer
asistencia alimentaria a las “víctimas de guerras, conflictos civiles, sequías,
inundaciones, terremotos, huracanes, pérdidas de cosecha y desastres
naturales”. Finalizada la emergencia, continúan ayudando a las comunidades a
reconstruir sus vidas y los medios de vida que se vieron afectados. Además,
trabajan para fortalecer la resiliencia y la resistencia de las personas y las
comunidades afectadas por las crisis extendidas en el tiempo.
Las madres y los
niños son actores de sumo cuidado para el PMA. Sus proyectos de desarrollo
suelen enfocarse en combatir la desnutrición de ambos grupos desde las etapas
más tempranas, con especial énfasis en los primeros 1.000 días, desde la
concepción hasta el segundo cumpleaños del niño o niña, y posteriormente a
través de comidas escolares. Cada año, el programa brinda alimentos escolares a
más de 16 millones de niños en 60 países.
El PMA está
administrado por una Junta Ejecutiva de 36 miembros y trabaja de manera
estrecha con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y el Fondo Internacional de Desarrollo
Agrícola (FIDA), ambos también con sede en Roma. Además, se encuentra asociado
con más de 1.000 ONG nacionales e internacionales para ofrecer asistencia
alimentaria y acabar con el origen de las causas del hambre en el mundo.
dejó la Mesa contra el
Hambre del Gobierno y la calificó como “un fiasco”
07/09/2020
Clarín.com
La ex senadora Hilda
“Chiche” Duhalde anunció que se retiró de la Mesa contra el Hambre convocada
por el Gobierno nacional, la calificó como "un fiasco" y cuestionó
que “no tiene sentido” estar reunida con gente que “va a poner la cara solo
porque son conocidos”.
“Propuse que fuese una mesa
más chica, solamente con gente con experiencia de cómo se aborda el tema del
hambre, porque si no, seguimos reuniéndonos ‘para la gilada’, y a mí no me
interesa eso”, manifestó en FM Milenium.
Uno de los principales
cuestionamientos tuvieron que ver con la presencia de famosos como Marcelo
Tinelli, con quien reconoció que en una primera reunión estuvo bien juntarse
con personalidades de alto impacto, pero que luego debía seguir con expertos.
Para la ex primera dama “no
tiene sentido” estar reunida con gente que “va a poner la cara solo porque son
conocidos”.Por eso, calificó como "un fiasco" la iniciativa impulsada
por el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo.
La dirigente peronista
También catalogó como "un fiasco" su experiencia con Andrés
"Cuervo" Larroque y el intendente de Lanús Néstor Grindetti.
"Ellos me habían pedido
que les diera una mano con la reorganización de las manzaneras y mi
participación en la Mesa del Hambre; algo verdaderamente no me gustó y decidí
apartarme".
Duhalde criticó, además, que
en la última reunión de la Mesa en la que ella participó, la presidenta de la asociación
Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, usó su tiempo para expresar su
satisfacción por la negociación de la deuda externa. “¿Tiene que ver con el
tema del hambre? No. Entonces perdemos tiempo”, cuestionó.
Por otro lado, también
discrepó respecto a la importancia que el ministro Arroyo le da a la tarjeta
Alimentar. "Puede ser un elemento, pero el problema es mucho más grave”,
remarcó.
La propuesta de Duhalde en
ese sentido fue avanzar hacia un único plan social que permita mejorar el alcance
y la fiscalización. “Si no, es imposible de controlar”, concluyó.
Semanas atrás, la ex primera
dama ya se había expresado de manera similar, aunque en ese momento todavía no
había dado un paso al costado en la Mesa contra el Hambre.
“Hace falta una mayor
articulación de los ministerios, que además economiza recursos. Hay que ir
hacia un único plan social. Tenemos demasiados planes sociales. En nuestro país
es una historia vieja que ya lleva varios años. Surge un problema y armamos un
plan social", contaba en una entrevista con Radio El Disparador.
Y siguió: "Sobre esos
planes sociales no hay demasiado control. El ingreso universal por hijo es un
buen plan, pero no ha logrado que todos los chicos vayan a la escuela, y es una
de las obligaciones que tiene ese programa”, puntualizó.
Por Martín Dinatale
Infobae, 25 de Agosto de
2020
Al ritmo de la pandemia de
COVID-19 y desde el inicio de la cuarentena, la pobreza en la Argentina se
extendió a niveles que preocupan seriamente al Gobierno: un incremento de más de 3,5 millones de personas que empezaron a
recibir planes alimentarios hasta llegar a 11 millones, el mapa de más de
11.335 niños menores de 6 años que están malnutridos y al menos 133 municipios
en donde los problemas de alimentación son hoy algo cotidiano.
Es probable que el INDEC no
pueda ofrecer en lo inmediato un porcentaje certero del incremento de la
pobreza en la pandemia porque la cuarentena frenó toda la labor de los técnicos
en la recolección de datos. Pero los números de aumento en ayuda alimentaria,
la aparición de nuevos pobres y el volumen in crescendo de chicos menores de 6
años con bajo peso cristaliza una situación social cada vez más complicada
según los datos oficiales que maneja la Casa Rosada.
En esta radiografía de la
pobreza se pueden ver datos concretos que abonan este panorama desolador en
términos de pérdida de ingresos, nuevos pobres y chicos con hambre en la
Argentina.
Según un relevamiento que
hizo el Ministerio de Desarrollo Social y al que accedió Infobae, el aumento de
8 a 11,2 millones de personas que en enero y febrero recibían la Tarjeta
Alimentar y que ahora se potenció se concentra en las provincias de Buenos
Aires, Entre Ríos y Santa Fe, sustancialmente.
El conurbano bonaerense es
donde hay mayor concentración de planes alimentarios. Según el informe
elaborado desde el ministerio que conduce Daniel Arroyo, mientras que en enero
de este año la provincia de Buenos Aires recibió 1.700.230 tarjetas
alimentarias, en julio pasó a recibir 2.831.150. Este reparto de alimentos se
vio aumentado por miles de personas que perdieron sus empleos en la cuarentena,
no logran llegar a fin de mes con los ingresos que tienen y se sumergieron en
la pobreza en apenas meses.
En Entre Ríos la situación
es más leve aunque el aumento en el reparto de la Tarjeta Alimentar fue
llamativo: pasó de recibir en enero 35.432 a tener ahora 226.076 beneficiarios
de este plan alimentario. Y en Santa Fe se pasó de repartir 248.810 tarjetas en
enero a 551.234 en julio pasado.
El resto de las provincias
mantuvieron desde que empezó la pandemia hasta ahora los niveles de recepción
de la tarjeta Alimentar que se vio desde enero aunque la ayuda social se
canalizó por otras vías: el incremento de comedores, merenderos o programas IFE
y Asignación Universal por Hijo.
“Sostener esta situación
implicó un esfuerzo del Estado pero también fue importante el rol de la red
social. Y un rol importante del sector privado. Con todo el sistema de
asistencia del Estado, más las redes sociales y el sector privado llegamos a
11,2 millones de personas”, dijo el ministro Arroyo a Infobae.
En
lo que va de la pandemia, el Gobierno inyectó $68.747 millones para diferentes
programas sociales. Esto incluye $2.277 millones en compras centralizadas de
alimentos, $4.092 millones de fondos para provincias y municipios, $52.413
millones para la Tarjeta Alimentar, $3.345 millones para comedores y
merenderos, $7.301 millones para comedores escolares y $319 millones en otros
rubros de ayuda alimentaria.
Sin dudas, la ayuda que más
creció en la pandemia fue para el rubro de la Tarjeta Alimentar que hoy llega a
1,5 millones de beneficiarios y unos 2,8 millones de chicos. Aunque los
comedores crecieron hasta ahora para dar de atención a 230.000 personas, los
merenderos a unas 202.000 beneficiarios y los fondos descentralizados COVID
alcanzaron a 232.000 personas. Los comedores escolares llegan ahora a 19.432
escuelas mientras que para los módulos COVID para los municipios se invirtieron
$600 millones.
“Argentina demostró estar a
la altura para sostener la situación. El Estado, la red social y el sector
privado lo lograron. La reconstrucción tiene varias partes: mejorar la
cobertura y la comensalidad en el hogar, producir alimentos y mejorar la
calidad nutricional”, dijo Arroyo sobre el despliegue de todos estos programas
de asistencia que crecieron exponencialmente en los últimos 160 días de
cuarentena.
En paralelo a todo esto, el
Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales que conduce Victoria
Tolosa Paz elaboró junto con diferentes ministerios un “Mapa de Indicadores
Múltiples Georeferenciados” en el marco del Plan Argentina contra el Hambre.
Ese
mapa al que tuvo acceso Infobae describe que al día de hoy hay 11.335 niños
menores de 6 años que tienen bajo peso o están malnutridos, aunque también hay
allí chicos con problemas graves de hambre.
“Estos chicos quedaron
totalmente excluidos del sistema y debemos garantizar su atención de manera
inmediata”, explicó Tolosa Paz.
Ese trabajo articulado dio
como resultado un mapa que tiene representado el registro de datos del programa
SUMAR, donde se identifica la “prevalencia de baja talla/peso”, obtenidas desde
centros de salud (CAPS y Hospitales Públicos) a nivel nacional y datos del
registro de Renabap.
En total se identificaron
232 ubicaciones (centros de salud), que están distribuidas en 21 provincias y
representan 133 departamentos o municipios distribuidos en todo el país.
De este análisis, que
constituye un primer recorte para el abordaje territorial con una mirada
integral, se identificaron 11.335 niños y niñas concentrados en estos puntos
con problemas de baja talla/peso.
Según
la Organización Mundial de la Salud (OMS), la “baja talla” de un niño determina
el retraso del crecimiento, o talla baja para la edad y se refleja en una
estatura inferior a la esperable de acuerdo a su edad. “Se define cuando la
talla se aleja en más de 2 desviaciones estándar de la mediana de los patrones
de crecimiento infantil”, sostiene el organismo internacional.
Con este mapa de nutrición
de la Argentina el Gobierno buscará ahora desde la Mesa contra el Hambre
planificar políticas sociales específicas y su impacto en el territorio, ya que
incorpora datos como vulnerabilidad educativa (registro por provincias de
servicios educativo, analfabetismo, repitencia y deserción escolar), servicios
Alimentarios escolares, registro de comedores PNUD, índice de carencias
múltiples (accesos a servicios y condiciones de vivienda) y registros de
Huertas Escolares y Comunitarias, con la idea de analizar desde que lugar se
puede mejorar los alimentos en los comedores comunitarios.
Los
133 municipios donde están concentrados estos 11.335 chicos con problemas de
alimentación y baja talla se ubican en mayoría de las provincias: Buenos Aires,
Catamarca, Chaco, Corrientes, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, La
Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Santa
Fe, Santa Cruz, Santiago del Estero y Tucumán.
Aunque prevalece un mayor
número de municipios del conurbano bonaerense, el gran Córdoba, Santa Fe
capital y varias comunas de Santiago del Estero.
En líneas generales, los
intendentes sufren de manera directa el impacto de aumento de la pobreza. La
ayuda nacional resulta insuficiente y deben contar con el respaldo de los
gobernadores o el sector privado, la ONG y los movimientos sociales para poder
atender tanto volumen de nuevos pobres.
La mayor parte de las
transferencias para ayuda social está concentrada en el conurbano bonaerense.
Según un informe de Desarrollo Social, el 46,8% de las transferencias
monetarias de impacto territorial para sustentar a los sectores vulnerables va
a parar al AMBA, el 19% a la zona centro del país, un 11% al NOA, el 9,4% al
NEA, un 7,1% a Cuyo y el 5,7% a las provincias de la Patagonia.
Desde que comenzó la
cuarentena el 19 de marzo pasado, el Ministerio de Desarrollo Social empezó a
girar a los municipios un fondo de $10 millones para la compra de comida que
luego se duplicó a $20 millones para cada distrito. Pero para muchos
intendentes no resulta suficiente esa ayuda si se tiene en cuenta que cada
bolsón de comida tiene un valor de unos $1.000 pesos y hay comunas donde se
gastan hasta $80 millones por mes en compra de alimentos para los sectores
vulnerables que aumentan diariamente.
El intendente de Merlo,
Gustavo Menéndez, explicó a Infobae que la ayuda de esos módulos de alimentos
sumada a los programas de asistencia de la Nación como el IFE o la AUH
aliviaron un poco la situación social. Pero el jefe comunal no dudó en
sostener: “Nunca hay nada que alcance”. Y graficó que antes de la pandemia
había en sus distrito unas 55.000 personas que llegaban a los comedores a pedir
alimentos y hoy son más de 110.000.
El intendente peronista de
Ituzangó, Alberto Descalzo, expresó que actualmente la situación en los barrios
está contenida por los aportes alimentarios que le gira la Nación o la
gobernación bonaerense. Aunque destacó que la solución de atención a la pobreza
debería pasar por unificar todos los programas en un ingreso único universal.
Desde la oposición del PRO,
el intendente de Lanús, Néstor Grindetti, dijo a Infobae que “hasta ahora el
gobierno nacional ha cumplido bien, en tiempo y en forma, con la entrega de dos
fondos rotatorios uno de 10 y otro de 20 millones que estamos ejecutando para
reforzar con alimentos secos los comedores sociales del municipio”. Pero está
claro que en Lanús se incrementó la ayuda alimentario y con ello los niveles de
pobreza como en gran parte del conurbano bonaerense.
Este aumento de la pobreza
en la pandemia ocurre en todos los distritos bonaerenses sin diferenciación
política alguna. Por ejemplo, en el municipio de Vicente López, Jorge Macri de
Juntos por el Cambio, antes de la pandemia se asistía a 4.500 familias en su
comuna y hoy la ayuda alimentaria llega a casi 19.000 familias, es decir, casi
tres veces más. “Estamos asistiendo al 35% de la gente de Vicente López con
alimentos o con elementos de limpieza”, dijo Jorge Macri. El intendente de
Vicente López destacó que hay una buena coordinación con la Nación en la tarea
contra el COVID-19 pero también recaló en que “hay mucho por hacer en materia
económica y de seguridad”.
Fernando Gray lidera la
comuna bonaerense de Esteban Echeverría donde los bolsones de alimentos se
llevan más de $70 millones al mes. “Estamos trabajando en una línea de ayuda
social directa del Ministerio de Desarrollo Nacional y los municipios,
básicamente del conurbano. El Estado en sus tres niveles está presente pero la
demanda social crece. Y estamos trabajando junto a la sociedad civil y las
organizaciones para mitigar este momento”, expresó Gray a Infobae al hacer un
análisis del aumento de pobreza.
En una línea similar se
mostró el intendente peronista de Almirante Brown, Mariano Cascallares, quien
remarcó: “estamos articulando muy fuerte con el Ministerio de Desarrollo Social
para materializar la ayuda alimentaria. En Almirante Brown entregamos
mensualmente 87.000 cupos del Servicio Alimentario Escolar (SAE) en las
escuelas, recibimos fondos para la Asistencia Alimentaria Directa y desde enero
contamos con la Tarjeta Alimentar que le permite a casi 25 mil familias acceder
a los alimentos. En paralelo, ya estamos trabajando para potenciar la
producción de alimentos y mejorar en forma considerable la calidad
nutricional”.
En otros casos, los
intendentes bonaerenses del PJ o de la oposición prefieren no hablar públicamente.
Aunque en sus encuentros virtuales y en las reuniones últimas que mantuvieron
con el gobernador, Axel Kicillof, dejaron traslucir el nivel elevado de
preocupación que hay por el aumento de pobres desde la pandemia hasta hoy.
Es el mismo tono de alerta y
preocupación que se percibe en la Casa Rosada aunque allí prefieren mantener la
cautela y mantenerse activos. Tanto en el Ministerio de Desarrollo Social, como
en el Consejo de Políticas Sociales o en la Jefatura de Gabinete se percibe un
nivel de preocupación ante tanto incremento de pobreza.
Desde el presidente Alberto
Fernández para abajo, en la Casa Rosada saben que la reactivación económica
será el mayor reto que tendrá el Gobierno para salir de la crisis de la
pandemia y empezar a reducir los niveles elevados de pobreza que la pandemia
del COVID-19 elevó duramente y golpea a miles de argentinos.