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domingo, 28 de julio de 2024

LA OTRA CARA

 


 del intervencionismo ambientalista

 

Claudio Gianni

 

Infobae, 28 de julio de 2024

 

El cuidado del ambiente es una tarea vital, imprescindible, obligada. Pero otra cosa es aprovechar esta necesidad para complicarle la vida a la competencia que genera productos agrícolas con una eficiencia superior a la del mundo desarrollado. Por eso está muy cuestionada la disposición de la Unión Europea que prohíbe importar alimentos cuya producción contribuya supuestamente a la deforestación; la metodología pensada para alcanzar este objetivo ha despertado rechazo en buena parte del planeta.

 

Muchos productores tienen serias dificultades para cumplir estas exigencias. En casos como el de las pampas argentinas resulta ridículo, aquí no había arboles cuando el hombre empezó a cultivar y criar hacienda. Se obliga a pagar al vendedor una certificación que no tiene sentido.

 

Ahora la novedad es que los ganaderos europeos temen quedarse sin la soja necesaria para alimentar sus aves y cerdos, porque la medida comentada tiene impacto sobre la oferta de países que pueden ser ampliamente alcanzadas por esta limitación. Brasil es el principal proveedor del poroto, y la inflexibilidad de la medida plantea problemas organizativos para las plantas de fabricación de alimentos balanceados en el Viejo Continente, al tiempo que crea riesgos de interrupciones en el suministro y de aranceles más altos.

 

Los detalles de cómo se aplicará la norma aún no están claros, en particular de qué manera se certificará que la soja importada no contribuye a la deforestación, señala el sindicato francés de la industria de la nutrición animal. “La consecuencia es que “la mayoría de los importadores y proveedores han suspendido sus cotizaciones, mientras que sus clientes, los fabricantes de forrajes para animales, solo tienen información muy parcial e insuficiente sobre las cantidades disponibles”, apunta la organización.

 

Francia sigue importando más del 90% de la soja que consume para la alimentación animal, principalmente de Brasil, según una cooperativa agrícola. La misma preocupación empieza a recorrer las zonas agropecuarias de España, un gran productor de carne de cerdo.

 

Si no cumplen con las nuevas reglas, las empresas pueden ser sancionadas hasta con un 4% de su facturación o incluso se les puede prohibir el acceso al mercado, dicen desde la Federación de Productores de Semillas Oleaginosas y Proteínas de Francia. Por eso no quieren correr ningún riesgo.

 

El ambientalismo mal entendido fue objeto de rechazo por parte del ministro de Agricultura y Ganadería de Uruguay, Fernando Mattos, en el tercer Foro de Ministros de Agricultura China-CELAC. “No somos el problema que causa el cambio climático, somos las víctimas que debemos trabajar conjuntamente para que los grandes emisores tomen conciencia de cómo descarbonizar sus economías”.

 

América Latina es responsable de casi un tercio de la oferta global de alimentos y productos agropecuarios. “Las tendencias proteccionistas crecen de la mano de los aspectos geopolíticos y los problemas logísticos; las cuestiones ambientales se introducen como un nuevo factor de protección al comercio agrícola”, afirmó.

 

El ministro hizo un llamado a la complementariedad en la producción y en la lucha contra el cambio climático, y pidió enfrentar conjuntamente las tendencias proteccionistas en los foros internacionales. Destacó la importancia de evitar que las tareas impulsadas por factores ambientales, se convertirán en una excusa para dificultar el libre comercio.

 

“Nadie defiende más el tema del ambiente que los productores rurales de América Latina, quienes son grandes proveedores de alimentos al mundo y tienen una enorme incidencia en el negocio global”, expresó el funcionario. Subrayó asimismo que los países desarrollados deben asumir su responsabilidad en la descarbonización de sus economías y colaborar para mitigar los efectos del cambio climático, que impactan negativamente en el sector agropecuario.

 

Respecto de este tema, la Bolsa de Comercio de Rosario considera que entre los principales exportadores globales del Complejo Soja, la Argentina es la más expuesta a las regulaciones mencionadas. La Unión Europea (UE) es la principal importadora global de harina de soja, producto del cual Argentina es el primer exportador mundial.

 

Tanto en volumen como en valor exportado, la Argentina es el país que más orientado tiene su complejo soja al mercado de la UE. En este sentido, el 21% del volumen exportado de poroto, harina y aceite de soja en 2022 se embarcó con este destino.

 

Esta participación se encuentra por encima de los otros grandes exportadores del Complejo Soja del mundo. En este sentido, cerca del 15% del poroto, harina y aceite de soja exportados por Brasil van a la UE, una participación que desciende al 11% en el caso de Paraguay y al 7% para Estados Unidos.

 

Nuestra elevada participación en la demanda del bloque europeo se explica principalmente por las exportaciones nacionales de harina de soja. La Argentina responde por casi un tercio de las compras de este derivado por parte de la UE. El punto es que a partir de la nueva normativa, la geolocalización y la trazabilidad de la producción emergen como insumos esenciales para el acceso al mercado estratégico europeo.

 

La UE es además el principal destino de exportación del biodiesel argentino, producto actualmente excluido de las medidas europeas ligadas a la deforestación. No obstante, la norma dispone que no más allá de junio de 2025 se hará una revisión de impacto, prestando especial atención a la posible inclusión de biocarburantes.

miércoles, 31 de enero de 2024

LA UE DECLARA LA GUERRA


 a los agricultores y declara su ruina

 

Flavio Barozzi y Luigi Mariani

 

El sector agrícola no sólo garantiza la seguridad alimentaria, sino que absorbe cuatro veces más dióxido de carbono del que emite, protegiendo así la tierra. Sin embargo, las instituciones europeas lo penalizan duramente en nombre de una ilusoria “salvación” climática.

 

Brújula cotidiana,  31_01_2024

 

Las protestas agrícolas que desde hace meses recorren Europa han llegado también a Italia: también allí los tractores han salido a la calle para expresar (de forma afortunadamente serena y civilizada) un descontento generalizado y profundo.

 

Las manifestaciones de descontento en el campo comenzaron hace aproximadamente un año en Bélgica y Holanda. En el país de los tulipanes nació incluso un “partido de los agricultores” que ha obtenido un éxito clamoroso en las últimas elecciones provinciales con un 19% de los votos, lo que demuestra un consenso que va más allá del peso relativamente modesto de la población “campesina”. El malestar de todo el mundo agrícola europeo hacia las políticas de la UE se ha extendido desde entonces en una especie de efecto dominó. Desde Francia (donde el estiércol esparcido por los “paysans” en los alrededores del Elíseo se ha convertido en símbolo de la ira de los agricultores contra los excesos de la burocracia, la lentitud y el acoso de una administración acusada de no respetar a quienes trabajan en el campo), hasta Alemania (donde la gota que ha colmado el vaso ha sido la supresión de las subvenciones al gasóleo agrícola anunciada por el gobierno “semáforo”), pasando por Rumanía, Polonia, Hungría y Grecia, todo el viejo continente está marcado por el descontento de los agricultores.

 

También en Italia el fuego de la protesta ardía bajo las cenizas desde hacía tiempo. Y ahora parece que se ha encendido dando rienda suelta a motivaciones a veces confusas, como suele ocurrir con quienes piensan que “todo va mal”: se quejan de las dificultades del mercado, de los costes de producción, del inmovilismo de los representantes sindicales sumidos en una crisis de identidad, incluso de los daños causados por la fauna alóctona introducida por iniciativas “ecologistas” probablemente precipitadas.

 

El ciudadano de a pie podría tener la tentación considerar estas protestas como una “descarada regurgitación reaccionaria” o como la defensa de “privilegios anacrónicos corporativos” de un sector que en la economía moderna parece a simple vista tener muy poco peso. Sin embargo, se cumple así el dicho que afirma que “cuando el dedo señala la luna, el tonto mira el dedo”, lo cual es un gravísimo error. Y es que la agricultura proporciona seguridad alimentaria y de productos básicos a los 8.000 millones de habitantes del planeta y, según las estadísticas de la FAO, el porcentaje de malnutrición ha bajado del 13,1% en 2002 a menos del 8% entre 2012 y 2019. Sin embargo, no hay que pasar por alto que dichos valores se han situado de nuevo por encima del 9% desde 2020, en un lento ascenso.

 

 

Recordemos también que, gracias a la fotosíntesis, la agricultura mundial absorbe cada año 42 gigatoneladas de dióxido de carbono, mientras que sólo emite unas diez. En esencia, es el único sector socioeconómico estructuralmente activo en términos de emisiones.

 

Las estadísticas también nos dicen que, a nivel europeo, los alimentos producidos por la agricultura nunca han sido tan saludables: por ejemplo, en Italia, según datos del Ministerio de Sanidad (informe 2020), las muestras de alimentos con residuos de productos fitosanitarios que no cumplen la legislación (notoriamente muy restrictiva y prudente) son sólo del 1,5% entre las frutas y hortalizas y del 0,7% entre los cereales, mientras que no se han encontrado muestras “fuera de la ley” en los sectores del aceite y el vino.

 

Por último, no hay que olvidar el papel de la agricultura en términos de paisaje: muchos paisajes que los ciudadanos se empeñan en considerar naturales son en realidad el resultado de la acción milenaria de los agricultores que los mantienen hoy gracias a su actividad. Añádase a esto el hecho de que la agricultura controla la tierra protegiéndola del riesgo hidrogeológico, como demuestran las inundaciones que también han afectado recientemente a zonas de colinas que en las últimas décadas han sido abandonadas por la agricultura y reocupadas por bosques a menudo degradados.

 

Otro elemento de juicio para quienes quieran ir más allá de los lugares comunes es el hecho de que la agricultura proporciona hoy ingresos a unos 3.000 millones de seres humanos (1.000 millones de los cuales se dedican a la ganadería), que trabajan en 590 millones de explotaciones (9,1 millones sólo en la Unión Europea). Estas cifras ponen de manifiesto una gigantesca complejidad estructural que debería llevarnos a huir de interpretaciones basadas en eslóganes o prejuicios ideológicos: para comprender las causas del malestar del sector agrario europeo, tendríamos que leer las cuentas económicas y de cultivo de cada empresa de explotación.

 

Continuará/1

 

 

domingo, 1 de octubre de 2023

INÉS SPERONI


 “La clase política, la banca y parte de la industria arman excusas para apropiarse de la renta agropecuaria”

 

Claudia Peiró

 

Infobae,  01 Oct, 2023

 

Entrevista con la economista y especialista en agronegocios Iris Speroni

Argentina parece nunca poder salir de la contradicción de ser un país rico pero incapaz de desarrollar su potencial. Iris Speroni, economista y especialista en agronegocios, sostiene que existe “un plan político económico” al que llama “vivamos todos del campo” y que consiste en que “una serie de sectores como la clase política, la banca y parte de la industria arman kioscos o paraguas o excusas para apropiarse de la renta agropecuaria” y para colmo nada de eso vuelve en concepto de inversiones en infraestructura para mejorar la productividad del campo.

 

De no ser por este sistema parasitario, Argentina, como lo vienen haciendo Brasil, los Estados Unidos o Rusia, podría desarrollarse en un tiempo relativamente breve, proponiéndose por ejemplo llegar a exportar 300.000 millones de dólares; meta que le parece alcanzable a corto plazo, pero parte de esa riqueza debe volver en trenes de carga, barcos y otras obras necesarias para sostener ese ritmo exportador.

 

Iris Speroni, economista egresada de la UBA, con posgrado en Agronegocios de la misma universidad, y especialización en Finanzas en UCEMA, y una trayectoria profesional en la actividad privada, predica permanentemente sobre estas cuestiones como columnista en diferentes medios y en su blog. Su enfoque es pragmático, realista, y con el interés de la Argentina en primer plano. Parece simple, pero son categorías de observación que suelen brillar por su ausencia en el discurso político.

 

En esta charla con Infobae, Speroni sostiene que podríamos en poco tiempo retomar la senda del crecimiento, porque tenemos con qué. Se trata de entender que el agro es el motor de nuestro desarrollo y que parte de la riqueza que produce debe volver en inversión para infraestructura para sostener su expansión. Para ello, hay que poner fin al sistema que lo expolia permanentemente -y al conjunto de los argentinos- para repartir ingentes beneficios entre unos pocos.

 

— Estamos viviendo una situación de gran inestabilidad, de no saber cómo se llega al 10 de diciembre. ¿Vamos a poder aterrizar sin un crash? ¿Vamos a poder evitar un nuevo trauma?

 

— Suena complicado porque mi opinión es que se están llevando adelante las mismas políticas monetarias que durante el Plan Primavera. Casi diría que hasta por la misma gente o la misma ideología.

 

— Alfonsín, año 89.

 

— Alfonsín y Machinea al frente del Banco Central que fue el que elaboró el genial Plan Primavera que terminó en el crash del país. Se están tomando las mismas medidas políticas por seguidores o pupilos de Machinea, así que hay grandes chances de terminar de la misma manera.

 

— ¿Esas medidas cuáles serían?

 

— Básicamente un modus operandi sumamente perfeccionado, que es tener el tipo de cambio retrasado, lo cual hace que toda aquella persona que obtenga dinero, con buenas o malas artes, y tenga acceso a comprar esos dólares baratos, compra el doble de dólares de lo que podría comprar en un mercado libre; y por el otro lado remunerando pasivos del Banco Central con lo cual genera de la nada rentabilidad para un grupo muy selecto de personas. Ese grupo se apodera de la emisión monetaria, es decir de todo el dinero que nos sacan a nosotros todos los meses por impuesto inflacionario, se lo dan a diez personas. Y por el otro lado…

 

— ¿Quiénes son? ¿Los bancos?

 

— La banca que después lo reparte como puede. A quienes se lo reparte en algún punto solo cubren la inflación. O sea, a diferencia de un jubilado o un trabajador que no puede salvarse del impuesto inflacionario, una empresa que pone su capital de trabajo en el mercado cubre total o parcialmente la inflación. O sea, unos salen hechos o casi hechos, y el resto pierde horrorosamente. Todo ese dinero se lo queda la banca a través del spread, de la diferencia de tasas. Pero además ese mismo grupo de gente un poco más ampliado es el que compra dólares a mitad de precio. O sea, el Estado emite para que algunos compren dólares a mitad de precio. Y todo eso nos lo cobran a nosotros. Es una carrera demente. Pero no es la primera vez que sucede en la Argentina; es un excelentísimo negocio, entonces lo siguen haciendo hasta que nos van quebrando. Luego nos recomponemos un poco, nos quiebran de vuelta, y así.

 

— El kirchnerismo tiene un problema ideológico con la inflación, sostiene que la emisión sin respaldo no tiene nada que ver...

 

— Yo diría que cualquiera que diga que la inflación es por algo distinto de la emisión o es un burro o es un mentiroso. Lo que pasa es que la inflación en la Argentina es un excelente negocio para pocos. La inflación permite repartir dinero de la nada, es una forma de vaciar el tesoro público, y lo paga el resto de la población con impuesto inflacionario. Entonces si yo tengo rédito por la inflación, quiero que siga existiendo. Voy a dar una cifra: 44.000 millones de dólares se robaron solo con diferencia de tipo de cambio. Además, según el tipo de cambio y el día, por intereses de Leliqs estamos con 65 millones de dólares por día o de 130 ó 150 por día si es al cambio oficial. Pero suponiendo que sea por tipo de cambio libre estamos en casi 70 millones de dólares diarios.

 

— De intereses por las Leliqs.

 

— De intereses por Leliqs. Es decir todo, todo el déficit de Aerolíneas Argentinas son dos días y medio de déficit del Banco Central. Entonces una persona que tiene un puesto de ñoqui, que cobra y no va, o los que dicen que el problema de la Argentina son las jubilaciones, o todos los sueldos de la administración federal, eso representa sólo una mínima porción de lo que se gasta en intereses.

 

— Javier Milei dice que quiere ajustar a la casta. El tema es cómo. Por ejemplo, liberar tarifas de transporte y servicios, ¿es ajustar a la casta?

 

— Yo creo que si él va a cortar el tema de las Leliqs, va a cortar un robo de, no hagamos dólar oficial, hagamos dólar libre, 70 millones de dólares por día. Ahí hay un montón de gente que se beneficia con eso. Por algo los bancarios tienen los sueldos más altos de la Argentina, junto con los petroleros. De alguna manera participan del rédito del impuesto inflacionario. De una mínima parte, claro, no se llevan todo, pero alguna parte les toca a ellos. Eso ya sería una parte. Si se paga a quien exporta el valor del dólar o la divisa que corresponde, y un productor de trigo, un productor de carne de cerdo o los que hacen aluminio en la Patagonia o la gente que hace pesca, cobra el dólar que corresponde bueno, ya va a haber una cantidad de amigos del poder que han comprado todos los dólares que consigue la Argentina, que el año pasado fueron 88.446 millones de dólares, no es que es poco dinero, lo compraron a mitad de precio. Por eso hubo cualquier cantidad de compras de aviones privados, por ejemplo. Ahí va una parte del valor del trigo que el productor no cobra. Cuando el botín es tan grande, hay mucha plata para comprar voluntades y mantener el statu quo. Con lo cual, si se corta el tema de manipular el tipo de cambio, muchos argentinos dejarán de ser expoliados de la mitad del fruto de su labor.

 

— ¿Y los subsidios?

 

— Los subsidios al transporte, a la electricidad, al gas, tienen una contracara que es yo tengo un sueldo miserable de 150 dólares, que es el suelo promedio de la Argentina, entonces no puedo pagar el precio de mercado de un kilowatt. Queda claro. Entonces hay un fraude ideológico armado básicamente por el kirchnerismo, por el populismo ya que me niego a decir que eso es peronismo, que consiste en pagar sueldos miserables a la gente y manipular algunos precios de tal manera que la gente pueda tener electricidad para ver la tele, tener heladera y comprar carne de vez en cuando y no mucho. Entonces manipulan el precio de la carne, el precio del transporte, el precio del kilowatt. Pero la verdad es que del otro lado hay una serie de empresas que son concesionarias de servicios públicos. También están los concesionarios de líneas de transporte. Cuando yo era chica era el colectivero y una cooperativa de colectiveros y una línea tenía, no sé, 150 colectivos y había 90 ó 120 patrones, con chófer para el contraturno; hoy han sido todas compradas, algunas hasta en forma hostil, por los políticos, que son los receptores de los subsidios. Y nadie sabe cuánto se paga, porque es en base a declaraciones juradas. Los subsidios privados en el presupuesto nacional representan mucha plata. Es mucho más dinero que la totalidad de los sueldos de la administración pública. Entonces prefiero que el transporte valga lo que tenga que valer, y que la gente gane el sueldo que tiene que ganar para poder ir a trabajar. El subsidio al transporte no es un subsidio a la persona ni al trabajador, es un subsidio a la patronal. ¿Por qué tengo que subsidiar a la patronal? Que la patronal pague lo que tenga que pagar el trabajo y que la gente pueda alimentar a su familia, tener su techo y pagar su transporte, vestirse y alimentarse bien. Es más, creo que la Argentina tendría que buscar un sistema económico por el cual con que trabaje uno en el hogar sea suficiente. No puede ser que trabajen dos y no alcance, porque es la destrucción de la familia.

 

— Otro tema que en estos años complicó el panorama económico y político es la guerra contra el campo. Como si en la Argentina, o crece la industria o crece el campo, que sería el malo de la película que no permite que crezca lo otro. ¿Existe realmente una dicotomía tal que no podemos, siendo un país con tantas riquezas naturales, desarrollar las dos cosas?

 

— Es una dicotomía ficticia e interesada y maledicente. Por eso a veces me enojo cuando peronistas dicen “el campo es malo, no debemos exportar materias primas”. Olvidándose lo que eran las exportaciones del 46 al 55 y por supuesto no leyendo el Plan Trienal 73-76 donde claramente el presidente Perón dice que hay que triplicar y cuadruplicar las cosechas, triplicar el rodeo vacuno y llevarlo a 200 millones de cabezas de ganado, triplicar el rodeo ovino y triplicar el caprino. No habló de cerdos porque en esa época no estaba de moda pero uno podría tranquilamente hoy exportar 4.000 millones de dólares de carne de cerdo con poca dificultad. Es no estar en contacto con el país de uno y no entender dónde está la fuente, el motor de la economía argentina. Lo que ha crecido Brasil y lo que ha mejorado el nivel de vida de su población no ha sido por la industria brasileña, ha sido el campo brasileño que desde Lula hasta la fecha no ha parado de crecer. Y eso es lo que además mueve a todo el país porque es lo que hace comprar máquinas y herramientas, que la gente esté bien y se haga la casa. Lo que se ha poblado el Sur de Brasil no tiene nombre. Una numerosa clase media rural que se hace su casa, compra su camioneta, manda a los chicos a la escuela, compra ropa. El agro ha sido el motor de la economía de Brasil y es aún hoy el motor de la economía de Estados Unidos y ha sido junto con los combustibles el gran motor del crecimiento ruso de los últimos 20 años también. Entonces los invito a leer lo que dijo el general Perón en el 73 que el futuro está en el agro y que en combustibles hay que autoabastecerse; está en PDF en cualquier lado.

 

Me enojo cuando dicen “el campo es malo, no debemos exportar materias primas”. Es no estar en contacto con el país de uno y no entender dónde está la fuente, el motor de la economía argentina

— El argumento anti campo es que éste no genera empleo.

 

— No es verdad, es interesada esa mirada. Yo creo que hay un plan político económico que yo le puse el nombre “vivamos todos del campo”, que es una serie de sectores de la economía, la clase política, la banca y parte de la industria, que arman kioscos o paraguas o excusas para apropiarse de la renta agropecuaria. Eso tiene todo un discurso que se genera en la Universidad, primero en la de Buenos Aires, sobre todo en Sociales, pero en Económicas también, y que está replicado en todas las Universidades nacionales y en privadas también, como en la Di Tella, que necesita pintar de malo al campo para poder justificar la exacción y el fraude.

 

— ¿Vía retenciones?

 

— Vía retenciones. Vía diferencial de tipo de cambio. Vía diferencial de impuestos. Pero además ni una parte del dinero que se le quita vuelve a aumentar la productividad del campo. O sea, el campo le da plata al país pero el país ni siquiera se molesta en que haya trenes de carga. Que haya rutas. Que haya caminos rurales. (María Eugenia) Vidal por ejemplo había planteado cerrar todas las escuelas rurales. Es una permanente agresión contra el que nos da de comer a todos, porque todos vivimos del campo en la Argentina. Me decís “yo soy Aluar y hago lingotes de aluminio”. Sí, está bien, pero ¿quién pagó el Chocón para que tengas la electricidad para poder hacer Aluar? Y todos los subsidios de los bancos, todo eso ha salido a lo largo de la historia del campo. Entonces a mí me parece que si uno se amiga con el campo y se tiene como un objetivo exportar 300.000 millones de dólares, que lo podemos hacer rápidamente, y que gran parte de eso a mi entender se tiene que reinvertir en infraestructura, esto es, volver a poner en pie todo el sistema de trenes de carga. Esos son miles de puestos de trabajo bien pagos. Un barco salido del astillero de carga de los que nosotros necesitamos para sacar cosecha sale 70 millones de dólares. No es nada. No es nada comparado con los valores de más o menos 60.000 millones de dólares de la exportación agraria. No hay armadores en la Argentina porque la casta los expulsa. Pareciera que alguien no quiere que la Argentina sea auto sustentable en su propio transporte. Pero la verdad es que tener cien barcos es cambio chico para nosotros respecto del monto de las exportaciones. Y esos son un montón de puestos de trabajo de alto sueldo como los petroleros.

 

Pareciera que alguien no quiere que la Argentina sea auto sustentable en transporte. Pero la verdad es que tener cien barcos es cambio chico para nosotros respecto del monto de las exportaciones. Y eso representa un montón de puestos de trabajo

— ¿Se puede diversificar más la producción?

 

— Bueno, uno puede decir que una gran empresa tiene 10.000 hectáreas de soja. Pero la Argentina es el tercer exportador de miel y si parte del dinero que produce el campo se reinvierte en las localidades, podríamos duplicar y triplicar las cantidades de miel que exportamos. California exporta 4.000 millones de dólares por año de almendras. Y uno si empieza a hacer el valle medio del Río Negro con nogales, almendros, avellanos, podría estar exportando, desde pequeñas parcelas de 8, 10, 15 hectáreas, y toda esa gente si gana la plata va a poner linda la casa, le va a poner tejas, va a contratar a dos peones. Va a poner riego. Se va a comprar una camioneta. Van a necesitar una estación de servicio relativamente cerca. Es bastante obvio cómo se reparte eso. Así creció la provincia de Buenos Aires durante todo el siglo XX del desierto a lo que es hoy. Y así creció Estados Unidos también. Y así ha crecido el sur brasileño en los últimos 20 años.

 

— Una cosa impactante es que la ruta nacional que pasa por la zona de Junín, camino a Mendoza, una zona agropecuaria riquísima, bueno la ruta es de una mano y una mano, no es autovía. Pero al costado del camino se ve maquinaria agrícola nueva, impresionante. O sea, una ruta angosta, peligrosísima, atravesando una zona donde los productores compran maquinaria de avanzada. Pero la infraestructura es obsoleta.

 

— Pero no es porque esa gente no le da la plata al Estado; es porque el Estado la usa para otra cosa, como por ejemplo regalarles los dólares a mitad de precio a los amigos del poder. Bueno, hay que hacer rutas bien y las tiene que hacer el Estado y mantener el Estado y cobrar lo que tenga que cobrar. Pero también para que las rutas duren y tengan menos tránsito pesado uno tiene que tener tren de carga. Y el camión ir hasta la estación de tren. Eso no es quitarle trabajo a los camioneros, porque si uno triplica el rodeo vacuno y las cosechas, todos los camiones que hay en la Argentina hoy no van a servir para mover las cosechas y los animales hasta la estación de tren. No es quitarle trabajo a nadie, es darle más trabajo a mucha gente.

 

El campo le da la plata al Estado; pero el Estado no la devuelve en infraestructura, la usa para otra cosa, como por ejemplo regalarles los dólares a mitad de precio a los amigos del poder

— ¿Las retenciones sirven o no?

 

— No, no sirven. Ningún país del mundo tiene derechos de exportación. Vuelvo a repetir, para lo único que sirven es para tener una excusa para sacarle el dinero a los productores agropecuarios y a todo el mundo rural, porque uno no solo afecta al dueño de un campo que hace trigo; afecta al señor de la estación de servicio. A los comerciantes del pueblo, etcétera.

 

— Los argentinos parece que nos disparamos en el pie todo el tiempo. El otro día explicabas que en la minería dejamos que se lleven todo sin ningún tipo de rédito para el país.

 

— Durante el gobierno de Menem se hizo un marco básicamente tributario en el cual se eximía de impuestos a la minería por 30 años. Que está a punto de vencer y ya estaba De Mendiguren tratando de renovarlo. No me parece que si yo tengo treinta colmenas de abejas tenga que pagar impuestos y un señor que saca oro no tenga que pagar. Yo quiero que los impuestos sean bajos pero bajos para todos. Es preferible todos poquito y no tener grandes sectores exentos como actualmente. Pero por el otro lado ocurre que no se controla cuánto producen. Entonces se saca el oro en grandes toneladas y, salvo alguna excepción china y rusa, el 90 y pico por ciento de todas las auríferas que hay en la Cordillera desde Santa Cruz hasta el Norte son todas de países británicos, del Commonwealth. Son empresas que no llevan el oro a Gran Bretaña, lo llevan a Suiza. Pero no lo declaran en Aduana, no lo declaran en ningún lado. Los pobladores de las zonas lo saben porque ven cuando salen los helicópteros, saben cuánto carga el helicóptero. La gente del lugar sabe perfectamente cuánto contrabandean. Pero también lo saben las autoridades y hacen la vista gorda y la única explicación es que les conviene. Pero es un gran problema porque la Argentina no tiene reservas de oro, cuando podría estar hoy sin deuda, con ess reservas de oro. Sin deuda externa, con reservas de oro y con estabilidad monetaria. Lo que uno necesita es gente que gobierne a favor de los intereses del país.

 

— Estaba pensando, a medida que te escuchaba, que quien venga a gobernar, si quiere realmente que la Argentina se desarrolle, liberar nuestras fuerzas productivas, además de la pericia económica lo que va a tener que tener sobre todo es espalda política porque todo lo que está trabado en realidad no lo está por la economía sino por la política.

 

— No. Algo que me gustaría transmitir a los lectores es que la Argentina hoy tiene todo para salir adelante. Parece un slogan de políticos, pero a lo que voy es a que hay razones objetivas para salir adelante. Porque a pesar de todo lo mal que se ha hecho en estos años, se ha invertido, los privados han invertido en capacidades para generar riqueza. Falta un montón de inversión pública, en particular en transporte, en flota y en ferrocarriles, pero si empezamos a exportar más, va a estar el dinero para hacerlo rápidamente, es decir en 3 años cambiar todo el perfil ferroviario de la Argentina por ejemplo. Y los barcos llevan tiempo porque tardan en hacerse pero uno puede encargar 30 barcos nuevos y hacer revamping de barcos usados y en poco tiempo tener una flota. Creo que la Argentina debe autoabastecerse de fertilizantes. Y hay un plan muy interesante del ingeniero Aníbal Colombo que es hacer riego para toda la Argentina árida. Eso triplicaría la superficie fértil de la Argentina. A lo mejor no con el mismo tipo de cultivos de la pampa húmeda pero sí con cultivos de secano que vale mucho más por tonelada. O sea, vale más una tonelada de almendras que una tonelada de soja. Con lo cual podríamos hacer ricas a todas las provincias del país. Pero necesitamos sacarnos de encima a los que yo llamo interventores de la Argentina. Es gente que hace absolutamente todo para que a la Argentina le vaya mal. Y en pago a su trabajo obtienen grandes beneficios mal habidos. Todos los que se apoderan de los dineros públicos o de los dineros de compatriotas, de sus compatriotas, es solo como pago por hacer que a la Argentina le vaya mal.

 

— Esperemos tener un día un gobierno de gente que tenga amor al país, como para defender esto.

 

— Creo que es la única manera. Es entender que hay un beneficio nacional y un objetivo nacional que es el engrandecimiento del país, que además es nuestro mandato desde la Constitución, incluso antes, desde la declaración de la independencia: nace una nueva y gloriosa nación. Tenemos que hacer honor a la misión que nuestros ancestros nos encomendaron. Pero además tenemos con qué, no es que nos están pidiendo algo imposible.

viernes, 16 de abril de 2021

LA IMBECILIDAD IDEOLÓGICA

 


 ¿Tara o inmoralidad?

por José Luis Milia

Informador Público, 16-4-21

 

“No nos va a temblar el pulso a la hora de cerrar las exportaciones de carne”. Paula Español. Secretaria de Comercio Interior.

“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”. Martin Luther King.

 

Según el Diccionario Médico editado por la Universidad de Navarra, la imbecilidad es un "Término médico clásico, actualmente en desuso, utilizado para designar una forma grave de retraso mental, situada entre la debilidad mental y la idiotez." y, aunque el término esté en desuso, nadie duda que la estupidez sea una afección psiquiátrica.

 

Argentina es, quizás, uno de los pocos países del mundo donde una de las causa de esta dolencia está íntimamente ligada a la ideología, aunque es obvio que la ignorancia ayuda al desarrollo de esta afección y la agrava y como la política argentina está llena de imbéciles crónicos, el principal problema del país reside en el hecho que muchos de ellos llegan a la función pública llenos de ilusiones y delirios, lo que a veces los convierten en personas nobles rayanas en la idiotez, aunque las más de las veces los vuelve viles hasta alcanzar la amoralidad más abyecta.

 

Paula Español es una muestra acabada de cómo esta dolencia afecta a aquellos a los que la ideología no les permite elucubrar soluciones nuevas ante problemas reales y se obligan a usar fórmulas pretéritas que jamás resolvieron problema alguno. En su, ¿penúltima? Aparición pública, ha dicho, con aire patoteril- también esto diagnostica un síndrome de estupidez crónica- que frente al "aumento" del precio de la carne: "no nos va a temblar el pulso si hay que cerrar las exportaciones de carnes".

 

Es probable que la señora Español no haya estado en el país en 2006, o no se haya enterado que ese año, otro imbécil crónico -el difunto ex presidente Kirchner- lanzó y puso en práctica una amenaza similar.

 

La mayoría de los argentinos recuerdan ese desatino presidencial y quizás sea bueno recordárselo a la Sra. Español, aunque más no sea para que sea consecuente con la burrada a cometer y, quizás -aunque es difícil esperar un milagro en un país alejado de Dios- ella se dé cuenta de cuán desastrosa puede ser la gestión de un necio cuando lo mueven la ideología, ignorancia y el rencor.

 

La historia es harto conocida, en 2005, con un stock ganadero de 54,1 millones de cabezas, la Argentina producía 3,13 millones de ton. de carne de las cuales se exportaban 754.500 ton. (1) -un 24% de la producción- las que generaban un ingreso de divisas de 1.390 millones de USD; de este porcentaje exportable, 28.000 ton correspondían a la cuota Hilton (2). Este incremento en la cuota Hilton se había logrado gracias a haber conseguido acuerdos beneficiosos con la comunidad europea, acuerdos que hacían que el novillo pesado de 440/460 kgs. de peso vivo- que no se come en la zona metropolitana que es la que importa cuando un populista habla de cuidar "algo" de los argentinos- se pagara de un 4 a un 7% más a aquellos productores que entraban en la categoría de productores exportadores previo cumplir con una serie de requisitos exigidos por la comunidad europea.

 

Es cierto que el precio promedio de la carne de exportación referida a la cuota Hilton había aumentado en el primer trimestre de 2006 respecto del promedio del año 2005 un 22,6%, pero las exportaciones comunes solo habían registrado un aumento de 13,4% en el primer trimestre de 2006. Todo esto se tradujo en un aumento del precio del kilo vivo a fines de febrero de 2006 de un 11,47% (3).

 

Fue para esta fecha, 8 de marzo de 2006, en que los duendes que tutelaban el módico cerebro del presidente argentino- siempre proclive a llenarse la cabeza con las viejas supersticiones peronistas del ’46- le hicieron saber que el aumento de la carne no podía deberse a una cuestión de mercado sino a una conspiración mezquina de la “oligarquía ganadera". No hacía falta buscar culpables, estos ya estaban para el tiro al blanco, eran los "diez o veinte patrones" -fetiches de un peronismo esclerotizado- que añoraban los frigoríficos ingleses, que eran dueños de vastas extensiones en las que para juntar una hacienda que engordaba sin esfuerzos, solo bastaba cerrar una aguada; hombres ruines que manejaban a sus peones a látigo puro y que juntaban a pala la plata que, como el maná del Señor, les caía del cielo. Si bien esa pavada aún sonaba como revolucionaria, la realidad de la producción ganadera era totalmente diferente. No obstante, a este ser primario, criado en una comarca con más ovejas que seres humanos y único propietario de una vastísima ignorancia eso no le importaba; lo que valía para él, lo mismo que para cualquier ignorante que aún la sigue repitiendo, era la fábula ideológica en la que había creído a ojos cerrados, y ante eso lo único que le impuso su sinrazón fue, con inocultable satisfacción personal, cerrar las exportaciones de carne.

 

De ahí, que la caída de la producción de carne y las exportaciones estén indisolublemente unidas a la arbitrariedad ideológica oficial. Nunca se respetaron en esos doce años reglas de juego claras ya que las armas con que contaba el gobierno: ROES, retenciones, encaje, manejo discrecional de las exportaciones y un atraso cambiario que a hoy ha hecho prácticamente imposible cualquier actividad productiva o exportadora, estaban destinadas a herir de muerte a la ganadería argentina. Pero la ignorancia conceptual que el presidente tenía sobre la realidad de la actividad ganadera significó, en definitiva, un aumento de la faena de hembras (48-50% entre 2007 y 2011) (4), con la consiguiente reducción del stock y por lo tanto la disminución de la faena total, terminando, a causa de todos estos disparates con un precio de la carne que no cesó de aumentar. Así, lo que se quería evitar, el aumento del valor de la hacienda en pie y el consiguiente aumento de la carne al mostrador, terminó en un fiasco total.

 

No obstante, al gobierno no le importaba el resultado final de esta serie ininterrumpida de atropellos siempre que pudiera lograrse lo que no se consiguió, la baja del precio de la carne, en especial los cortes populares. De esta manera el país cayó como exportador de carne del 3er. lugar al 11º en 2014, por detrás de Paraguay, Uruguay y Belarus (5), y la consecuencia directa de esto fue el cierre de 131 frigoríficos que dejaron en la calle a 22.000 trabajadores que terminaron siendo los principales perdedores de este desatino ideológico junto a los pequeños productores ganaderos, aquellos que su rodeo no superaba las 300 cabezas.

 

En 2006 eran, los pequeños productores, el 72,1% de los establecimientos dedicados a la ganadería; en el año 2011, según Senasa (6), 27.000 productores abandonaron la actividad ganadera como consecuencia de la política urdida por un estúpido crónico.

 

Este abandono de la actividad, ya fuera de los campos de invernada que se pasaron a la soja o de los pequeños productores estrangulados por la condiciones económicas impuestas por el gobierno trajo como consecuencia una liquidación de stock que hizo que en los primeros tiempos en que se tomaron las medidas el precio de la carne bajara, pero el stock ganadero que en el año 2006 había subido a 56 millones de cabezas, cuatro años después solo alcanzaba la cifra de 48,9 millones de cabezas, es decir, una pérdida de 18,8% de los activos ganaderos (7).

 

Pero lo que mejor define la mentira del relato oficial y el fracaso de su "política ganadera" ha sido el resultado del ridículo slogan enunciado por el ex presidente en 2008 en Chubut que imponía “defender la mesa de los argentinos”. Sólo unos pocos números dan una dimensión exacta de la falacia declamada ese día por el ex presidente que, aún para esa fecha, seguía siendo el mandamás de la Argentina; en ese año y alrededor de ese día, la carnaza y el espinazo para puchero, ambos cortes baratos y populares, costaban: 6,80 $ y 2,40 $ el kilo respectivamente (8), en 2014 estos cortes habían subido a 26,90$/kg la carne con hueso y a 68,90 $/kg la carnaza (9), En 7,5 años, el aumento promedio de ambos cortes fue un 967%, es decir un 35,3% anual desde que se llamó a defender "la mesa de los argentinos" o a "no joder con la comida del pueblo"

 

Esta política sumada a la inflación hizo que, mientras el precio del kilo vivo solo aumentó un 530% (27% anual), los cortes populares casi duplicaron el aumento del kilo en pie. En 2008 un trabajador con el sueldo mínimo (SMVM = 1.200 $) podía comprar 200 kilos de carnaza, en julio de 2015 (SMVM = 5.588 $) solo podía conseguir 81 kilos del mismo corte. Esa diferencia se debe a la inflación pero también al aumento del kilo vivo generado por políticas estúpidas.

 

Sólo queda hacer una pequeña acotación, el lomo, pedazo de carne caro, al que un pobre accede solo si lo saca de la basura de ciertos barrios o de un restaurante, aumentó en ese período un 702%, es decir un 62,25% menos de lo que aumentaron los cortes populares.

 

En verdad, la defensa de “la mesa de los pobres” jamás estuvo en peores manos que en las de un funcionario que creía que la economía se podía manejar desde la imbecilidad ideológica. Si algo hay triste en esta historia, es que el débil y estúpido gobierno argentino está presto, de la mano de la Sra. Español, a cometer el mismo desatino