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viernes, 15 de mayo de 2026

EL GRAN CISMA

 

 de Occidente 2.0.

 

por Rafael L. Bardají *

14.05.2026

 

En el verano del año 1054, una escena aparentemente menor tuvo lugar en Constantinopla. Una delegación enviada por el papa León IX entró en Santa Sofía durante la liturgia y dejó sobre el altar una bula de excomunión contra el patriarca Miguel Cerulario. El gesto fue tan solemne como provocador. Días después, la respuesta fue simétrica: el patriarca excomulgó a los enviados romanos. Aquella ceremonia selló lo que la historia conocería como el Gran Cisma entre Roma y Bizancio.

 

Lo llamativo es que, durante años, pocos contemporáneos entendieron que aquello no era una disputa teológica más, sino el síntoma visible de una fractura civilizatoria profunda. Roma y Constantinopla habían dejado de compartir la misma idea de autoridad, de poder y de tradición. Occidente y Oriente ya no eran el mismo mundo.

 

Algo parecido está ocurriendo hoy entre Estados Unidos y Europa. Donald Trump no es una excentricidad pasajera, sino la expresión política de una ruptura cultural previa. Su ascenso refleja una reacción contra un modelo de globalización que ha debilitado la soberanía nacional, erosionado las clases medias y relativizados pilares básicos de la civilización occidental: la libertad de expresión, la identidad nacional, la frontera, el mérito, el trabajo productivo.

 

REFORMA CIVILIZATORIA

Mientras Europa ha avanzado hacia una forma de post-occidentalismo, Estados Unidos -o al menos una parte sustancial de la sociedad norteamericana ha iniciado un movimiento de reafirmación civilizatoria.

 

La Europa actual se define cada vez menos por lo que es y más por lo que rechaza. Rechaza su pasado, sospecha de su identidad cultural, desconfía de la nación como marco político y considera problemático cualquier apego a la tradición. La Unión Europea ha evolucionado desde un proyecto económico pragmático hacia una estructura ideológica, marcada por la hiperregulación, el intervencionismo y una concepción restrictiva de la libertad de expresión en nombre de causas supuestamente superiores.

 

El resultado es un continente envejecido, demográficamente frágil, energéticamente dependiente y estratégicamente irrelevante. Incapaz de defenderse sin Estados Unidos, Europa tampoco parece capaz de definir qué valores quiere defender. En lugar de ejercer liderazgo moral, se limita a emitir normativas.

 

En este contexto, la crítica de Trump a Europa -su exigencia de mayor gasto en defensa, su rechazo a los dogmas climáticos o su denuncia de la censura ideológica- no es un capricho, sino una constatación incómoda: Europa ya no actúa como un actor occidental pleno, sino como una civilización cansada de sí misma.

 

LA NUEVA BIZANCIO

Aquí es donde la analogía histórica cobra fuerza. Tras la caída de Roma, el Imperio no desapareció. Se trasladó al Este. Bizancio conservó la ley romana, la estructura imperial, la tradición cristiana y una fuerte conciencia de continuidad. Mientras Occidente se fragmentaba, Oriente resistía.

 

Estados Unidos ocupa hoy una posición similar. A pesar de sus crisis internas, conserva elementos fundamentales que Europa ha ido diluyendo: una Constitución venerada, una defensa robusta de la libertad de expresión, una identidad nacional compartida y una base moral -religiosa o cívica- que sigue articulando la vida pública.

 

El trumpismo no busca destruir Occidente, sino rescatarlo de su disolución progresista. Por eso resulta incomprensible para las élites europeas, que han asumido como inevitable -e incluso deseable- el tránsito hacia un mundo postnacional, postreligioso y posthistórico.

 

Occidente no desaparece, Europa lo abandona. Y en esta ocasión no se preserva en Oriente, sino en el Oeste, los Estados Unidos de América.

 

Hablar de cisma es más preciso que hablar de declive. Occidente no está muriendo: se está dividiendo. De un lado, una Europa que renuncia a sus fundamentos en nombre de una utopía tecnocrática; del otro, una América que, con Trump como catalizador, intenta preservar aquello que considera esencial.

 

Como en el siglo XI, la ruptura no se produce de golpe ni mediante una declaración formal. Se manifiesta en desacuerdos acumulados, en gestos simbólicos, en incomprensiones mutuas. Europa ve en Trump una amenaza. Trump ve en Europa un aviso.

 

La historia enseña que estas fracturas no se resuelven con buenos modales ni comunicados conjuntos. Son rupturas de visión del mundo. Roma y Bizancio siguieron caminos distintos durante siglos. Compartían un origen común, pero ya no un destino.

 

La pregunta, hoy, no es si Trump divide a Occidente. La pregunta es si Europa aún quiere seguir siéndolo.

 

* Director del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES)-

lunes, 4 de mayo de 2026

NEGOCIAR CON TEHERÁN


 el problema no es Trump

 

Por Jorge Martínez Barrera

La Prensa, 03.05.2026

 

Criticar a Donald Trump es, hoy por hoy, un ejercicio casi automático en ciertos círculos. Él mismo no contribuye demasiado a suavizar esa inclinación: en medio de negociaciones con Irán, llegó a declarar que le daba lo mismo alcanzar o no un acuerdo. La frase desconcierta. Pero la pregunta relevante no es si se trata de una excentricidad más, sino si hay en ella un cálculo que no todos están viendo. Para responderla conviene partir por el tipo de adversario que enfrenta EE.UU.

 

CUNA DEL TERRORISMO

Irán es actualmente la cuna del terrorismo mundial. Éste, a diferencia del de los años 70 del siglo pasado, que era político, es un terrorismo abiertamente religioso. La consigna actual no es “¡Viva la revolución!”, o “¡Socialismo o muerte!”, sino “Allahuh akbar!” Esto conlleva toda una redefinición de fines y medios, que se hace más visible en la modalidad contemporánea de la Yihad islámica, la guerra santa, ya prescrita en numerosas aleyas coránicas. Allí se manda subyugar a los infieles por la vía violenta en caso de que no lo hagan pacíficamente.

En realidad, el mandato coránico, según entienden los ayatolás, es el de someter a los infieles por las buenas o por las malas, pero someterlos al fin. De hecho, la palabra “Islam” significa eso en árabe: sumisión.

 

Como es sabido, las dos grandes ramas contemporáneas del Islam son la sunita y la chiíta. Esta segunda es minoritaria; no se sabe a ciencia cierta cuántos chiítas hay, pero se estima que alrededor del 10% de los musulmanes lo son.

 

ENGAÑAR A UN ADVERSARIO

Y ahora viene el segundo asunto que convendría considerar para entender las especiales características de esta guerra. Se trata de algo habitualmente pasado por alto en los análisis públicos. Me refiero a la práctica llamada “Taqiyya”, que significa “disimulación”, “prudencia”, incluso “engaño”. Es lícito engañar a un adversario en contextos de hostilidad o cuando la supervivencia del musulmán está amenazada.

El creyente no será culpable a los ojos de Alá si niega su fe bajo coacción extrema, siempre y cuando en el interior de su corazón se mantenga firme en la creencia.

 

Ahora bien, esta práctica es central en el chiísmo debido a la historia de persecución sufrida por esta minoría. En el Islam sunita la “Taqiyya” es mucho menos frecuente, aunque doctrinalmente también es aceptada. Así entonces, la doctrina de la “Taqiyya”, sumada al historial de incumplimientos del régimen, genera una barrera de desconfianza racional para cualquier negociador occidental ¿Qué garantías tendría entonces EE. UU. de estar en una negociación sincera con un adversario que tiene demasiados problemas en su propio frente interno, y cuyo líder estaría gravemente desfigurado y herido? Muy pocas tal vez. Difícilmente Paquistán podría ser un garante de confianza: ese país, si bien no es mayoritariamente chiíta, sí comparte con los iraníes la animosidad contra Israel.

 

A todo esto se suma la situación interna del régimen iraní, marcada por protestas sociales reprimidas con dureza, por una creciente fragilidad política y por un deterioro escandaloso de su economía. En este escenario, las negociaciones externas pueden cumplir también una función instrumental: ganar tiempo o aliviar presiones, más que alcanzar acuerdos sustantivos.

 

El problema adquiere otra dimensión cuando se considera el programa nuclear iraní. La negativa a someterse plenamente a las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica y la insistencia en mantener capacidades de enriquecimiento de uranio refuerzan la percepción de que el objetivo estratégico no es negociable. Y si ese objetivo se vincula con una visión religiosa del poder, el margen para la diplomacia tradicional se reduce considerablemente.

 

CUALQUIER MEDIO VALE

Para volver al asunto central, EE. UU. enfrenta a un adversario cuyo objetivo como país y cuya política de Estado son religiosos, ya mencionados más arriba: someter al mundo al Islam. Por las buenas o las malas. Y para eso, cualquier medio vale. Naturalmente, si se tratase de armamento tradicional, el asunto tendría otros matices. Pero Irán está trabajando activamente para poseer armamento nuclear, y no está demasiado lejos de obtenerlo. Éste es el punto innegociable mencionado por los iraníes en el reciente diálogo fallido. Ellos han rechazado las últimas inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) encargado de monitorear, justamente, que el enriquecimiento de uranio no sobrepase el límite que permite los usos pacíficos.

 

En suma, si el objetivo religioso es la islamización del mundo y la herramienta táctica es la disimulación (Taqiyya), ¿de qué serviría un papel firmado en Ginebra o Islamabad? Mientras la OIEA siga encontrando puertas cerradas, la “locura” de Trump no parece un capricho, sino la única respuesta lógica ante un adversario que no juega con las reglas de la diplomacia occidental, sino con las de la supervivencia teocrática.

domingo, 3 de mayo de 2026

SOBRE LA DERROTA DE ORBÁN


POR IGNACIO BRACHT (*)

La Prensa, 03.05.2026

 

Sin duda que 16 años en el gobierno, democráticamente elegido, valga destacar, es mucho tiempo, donde el desgaste de ejercer el poder se hace sentir. Es el caso de Viktor Orbán, premier de Hungría que acaba de ser derrotado por un antiguo miembro de su partido, Peter Magyar.

 

Ahora bien, lo que llama la atención es el coro de voces que se han levantado para celebrar su derrota. Alex Soros, hijo del magnate plutócrata George Soros, patrocinador y financista de Planed Parenthood, la multinacional del aborto, además de sponsor de todas las fuerzas políticas que se enfrentaron a Orbán en estos últimos 16 años, se manifestó complacido por el triunfo de la "democracia"; Barak Obama, Emmanuel Macron, y no podía faltar Pedro Sanchez, quien esta sumido en un marasmo de corrupción y se ha cargado la democracia española al mejor estilo chavista, violentando la división de poderes, cooptando casi todas las instituciones de control del estado, en permanente alianza con los enemigos de la Nación española; fue otro que manifestó su algarabía con la derrota de Orbán. Curiosamente, o no tanto, ya que populares y socialistas votan unidos en el parlamento europeo, Alberto Nuñez Feijoo, cabeza del "opositor" Partido Popular, se sumó a la tribuna de los alegrados por el triunfo de Magyar.

 

Y qué decir de la presidente de la Unión Europea, Ursula von der Leyden, enemiga declarada de Orbán, quien durante años bloqueó los fondos que le corresponden a Hungría como miembro de la UE, y excluyó a las universidades húngaras del financiamiento europeo del programa Erasmus, creado para tal fin.

 

HOSTILIDAD

 

 Viktor Orbán viene siendo hostigado desde que llegó a la presidencia por todos los representantes de las más rancias elites del globalismo woke. Desde ser acusado de autócrata hasta socio de Vladimir Putin, cuando Orbán en el conflicto Ucrania - Rusia sólo ha buscado defender la integridad húngara, habiéndose reunido en varias ocasiones tanto con Zelenski como con Putin, buscando un acuerdo de paz, algo que no le perdonaron las elites belicistas de la Unión Europea.

 

En política interna defendió el derecho a la vida frente a los promotores del crimen "politicamente correcto" del aborto; impidió la inmigración ilegal masiva africana y asiática, algo que hoy es una realidad dramática en casi toda Europa occidental, fomentada por los que hoy quieren la "sustitución" de la tradición cristiana, piedra basal de Occidente, lo que le valió acusaciones de xenófobo y racista, por el globalismo disolvente.

 

Mientras Orbán fue demonizado, se ha silenciado con perfidia que durante su gestión se creó una Secretaría de Estado para dar acogida y asilo a todos los cristianos de Oriente Medio,  que  son perseguidos por profesar su Fe. Ha enfrentado todas las variantes de la “ideología de género”, tan deletérea y nociva, en particular para los niños en edad escolar y adolescentes, buscando de este modo preservar los valores cristianos, la identidad nacional de la tradición magyar, algo que la Europa y sus burocracias globalistas del poder, pretenden erradicar, borrando sus raíces fundacionales.

 

Acusado de antidemocrático de manera permanente, reconoció su derrota al cierre de los comicios y felicitó al ganador, que vaya paradoja, a los tres días del triunfo anunció "democráticamente" su intención de cerrar todos los medios de comunicación públicos por no aceptar sus opiniones ni la línea editorial. Vaya declaración de principios de un paladín de la democracia frente al autócrata.

 

LAS ELITES

 

La derrota de Orbán ha envalentonado a las elites globalistas, sean de derecha o izquierda, si es que podemos diferenciarlas, para tomar impulso contra las fuerzas soberanistas que se resisten y enfrentan el ukase globalista y su poder.

 

Así vemos la andanada contra Vox en España, Meloni en Italia, Le Pen en Francia, donde pende la proscripción, o la velada amenaza de prohibir a Alternativa Por Alemania, aterrados por su imparable crecimiento. El año pasado en Rumania se cometió un barbarismo constitucional al no dejar asumir la ganador de las elecciones, por ser un soberanista anti Bruselas, hecho que no despeinó a ningún "demócrata".

 

En resumen, el poder mundialista se ha cobrado una victoria en Hungría y toma aire para avanzar en otros países. De conseguirlo, Europa como cuna de la civilización occidental y de la libertad, estará acabada para siempre. No nos equivocamos al creer que la resistencia lo impedirá. A Peter Magyar habrá que verlo caminar.

 

Con errores y aciertos, Orbán defendió la identidad húngara y sus decisiones soberanas frente a los sostenidos embates de Bruselas, brazo ejecutor de las políticas globalistas.

 

Por los que se han sumado a festejar su derrota, ya con esa muestra lo vale, es que hoy rompemos una lanza en su defensa.

 

(*) Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia; Miembro de Número de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo.

lunes, 20 de abril de 2026

EL GRAN INTERREGNO MUNDIAL


Por Miguel Ángel Iribarne

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 19/04/2026

 

En uno de sus Cuadernos de la cárcel, dice Gramsci: «La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer; en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados«. La constatación, que el italiano refiere al paso –supuestamente inevitable- del capitalismo al socialismo, puede aplicarse hoy a las transformaciones situadas en el plano del ordenamiento político del espacio global.

 

En efecto, la conformación, a partir de 1991 de una hegemonía unipolar estadounidense, llegó en los años inmediatamente sucesivos a su clímax. Nunca como entonces vivimos tan cerca de un gobierno mundial ni la pax americana pareció tan inconmovible.

 

La cuota de dramatismo introducida por las acciones de Al-Qaeda no llegó a cuestionarla. En realidad no hacía sino verificar la previsión de Julien Freund: a poder global guerrilla global. La crisis financiera de 2008, el giro asertivo de la política exterior rusa tras los primeros años de Putin y el imparable ascenso de China como «fábrica del mundo» fueron, sí, los que gatillaron la crisis hegemónica. Y ésta manifestó sus rasgos «morbosos» en la extremada polarización de la vida interna norteamericana, correlativa de una tendencia claramente erosiva de la «democracia realmente existente» en el ámbito del aliado europeo. Aquélla alumbró al trumpismo –y a todo lo que MAGA expresa- y ésta trajo consigo el desfondamiento de los partidos de centro-izquierda y centro-derecha asociados en la gestión gubernativa prácticamente desde 1945. No hubiera sido extraño –de vivir Gramsci- que, dada la base iluminista de su pensamiento, hubiera juzgado «morbosos» ambos desarrollos. Lo que es incuestionable es que con ellos se manifiesta el comienzo de un interregno histórico que durará hasta que se consolide un orden nuevo, capaz de mantenerse al menos por algunas generaciones. Este período intermedio se caracteriza por:

 

a) una abrupta caída de la autoridad de las organizaciones multilaterales, la ONU a la cabeza;

b) la disminución del poder disuasivo de la superpotencia;

c) un sensible desgaste, en las democracias liberales, de la pretensión representativa de las respectivas Clases Políticas;

d) un empobrecimiento general de las capas medias que replantea conflictos en torno de la distribución de la riqueza que se creían superados ya por el Estado de Bienestar.

El conjunto configura en lo interno una crisis de legitimidad de las «democracias realmente existentes» (sin que exista aun una legitimidad «suplente») y en el orden global un recrudecimiento de los caracteres estructuralmente «anárquicos» del conjunto.

 

El Interregno se supone llamado a conducirnos del orden viejo al nuevo a través de una fase anárquica de duración incierta. En nuestro caso ella puede consistir en una serie de conflictos regionales más o menos encadenados y más o menos destructivos o en una guerra global.

 

El perfil del nuevo orden es casi tan incierto como la duración del Interregno. Lo que sabemos es que, entretanto, las normas del Derecho Internacional Público han quedado reducidas a flatus vocis. Sin embargo, nos inclinamos a proponer se explore la hipótesis, formulada por Carl Schmitt ya en 1939, de los «grandes espacios» como sucesores de la era westfaliana. Recordemos sus líneas maestras.

 

En vísperas de una inminente IIGM, en la Universidad de Kiel, el jurista renano propone un orden mundial constituido por ámbitos geopolíticos más vastos que los Estados existentes, en torno a una nación-guía portadora de un principio político-cultural diferenciado. Este ordenamiento supone la exclusión de toda intervención de potencias extrañas al espacio, tema vinculado al de las «esferas de seguridad» hoy tan debatido. Schmitt confesaba que la principal experiencia histórica que había inspirado su teoría era la Doctrina Monroe de 1823. La presente insistencia del trumpismo en el Hemisferio Occidental, registrada tanto en la Estrategia de Seguridad Nacional como en actitudes concretas respecto de Groenlandia, Venezuela, etc., no puede sino corroborar la extraordinaria actualidad del tema, que se toca –aunque no se identifique- con el encuentro/choque de civilizaciones teorizado por Huntington.

 

Junto a EEUU Rusia y China asoman ya como ejes de sendos «grandes espacios» mientras comienzan a perfilarse la India y Turquía.

 

En la vida interna de los Estados nacionales que en general no desaparecen, pero pueden transformarse por agregación o desagregación, durante el Interregno probablemente se estén generando formas políticas nuevas, más acordes que las actuales a la globalización plural que borrosamente percibimos en el horizonte. Sería temerario intentar vislumbrarlas, pero hay tres elementos que podemos suponer presentes en las mismas, a saber: liderazgos políticos fuertemente personalizados («cesarismos» diría Spengler), como contrapeso weberiano al aumento de gravitación de los tecnócratas, y una base de democracia entendida como acercamiento a la población del poder decisorio sobre cuestiones concretas. Todo ello muy condicionado en sus modalidades por la identidad político-cultural específica de cada ‘gran espacio’.

martes, 31 de marzo de 2026

LA GUERRA RUSIA-UCRANIA

 

 casi 1500 días…

 

Por Gabriel Camilli

Cnel. My. (R)

La Prensa, 29.03.2026

 

Como saben nuestros lectores fieles, los llamados “lectores pinturitas”, para Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Esta guerra se está prolongando por más de 4 años y esto ocurre porque los objetivos políticos de ambos bandos son irreconciliables y ninguna de las partes ha logrado imponer su voluntad mediante un golpe decisivo.

 

Por un lado, Rusia busca forzar una voluntad política (neutralidad de Ucrania, control territorial, desmilitarizar y desnazificar) que el adversario se niega a aceptar. Por el otro, Ucrania busca como objetivo político su supervivencia soberana.

Durante esta guerra se ha desarrollado la Niebla de La Guerra 2.0 y como dice Clausewitz, la fricción.

 

La prolongación de esta guerra es el resultado directo de la fricción: aquello que diferencia la guerra en el papel de la guerra real. Hoy presenciamos una fricción logística y externa: el apoyo de aliados internacionales a Ucrania actúa como una fuerza que contrarresta la masa rusa, extendiendo el conflicto más allá de lo que las capacidades locales permitirían. Dice la OTAN: “pelearemos hasta el último ucraniano”.

 

La prolongación de la guerra produce un claro desgaste, así esta guerra se ha transformado en una lucha de recursos y resiliencia estatal, donde se busca quebrar el "andamiaje moral" del enemigo antes que destruir totalmente su ejército.

Respecto a la narrativa del lado atlantista estamos empezando a ver que cada vez más, incluso medios importantes, como el Washington Post y el New York Times, están empezando a decir cosas sobre las condiciones reales de Ucrania y las bajas. ¿Es este un punto de inflexión donde los medios están empezando a cambiar la narrativa al pueblo estadounidense (y sus aliados) al hablar de la realidad de lo que realmente está sucediendo en Europa del Este?

 

De acuerdo a nuestro análisis, vemos mucha evidencia, entre otras un artículo de opinión del coronel de EEUU D. Mc Gregor, llamado "La tormenta que se avecina". Allí relata y muestra mucha evidencia de que, dentro de la administración Trump, algunas figuras clave han dicho: "miren, todo esto va mal, Ucrania va a colapsar, hemos manejado esto de mala manera, necesitamos salir, necesitamos encontrar una forma de distanciarnos de esto". Mac Gregor dixit: “Así que creo que se ha dado la orden a los medios de comunicación para que, gradualmente, den la noticia al pueblo estadounidense. Y creo que esto también va a suceder en Europa: que las cosas no han ido bien, que Ucrania no va a ganar y que no vamos a apoyar perpetuamente esta guerra por delegación contra Rusia. Así que creo que eso es cierto y, si miras específicamente las últimas 48 horas en el New York Times y el Washington Post, están diciendo cosas que yo y otros hemos dicho durante meses: los ucranianos están siendo masacrados horriblemente. Sabe, las tasas de intercambio entre los rusos y los ucranianos han variado; por cada ruso muerto, ha habido entre 9 y 10 ucranianos muertos. Luego bajó por un tiempo a siete y ocho, luego de uno a cinco, y ahora ha vuelto a subir a aproximadamente uno a ocho o uno a nueve. No se puede luchar y ganar una guerra de esa manera”.

 

LA RESISTENCIA

Volviendo a Clausewitz: el punto culminante y la moral son los hilos que sostienen o rompen la resistencia en una guerra larga. Veamos como los relacionamos con este momento de la guerra de Ucrania:

1)- El Punto Culminante de la Victoria, es el momento en que el atacante (en este caso, Rusia) agota su impulso y sus recursos son apenas suficientes para mantener lo ganado, pero no para avanzar más.

La trampa del avance: Al alargar sus líneas de suministro y sufrir bajas, el atacante se debilita mientras que el defensor, al retroceder, se vuelve "relativamente" más fuerte al pelear cerca de sus bases. Observemos que Rusia ha evitado “alargar” sus líneas de abastecimiento y esto explica el porque de un “avance “controlado. (Muchos nos preguntan porque Rusia no avanza más rápido…)

En Ucrania: el apoyo externo o una movilización interna "recargan" esa energía, evitando que el conflicto termine por agotamiento total de una de las partes.

 

2)- La Moral (Las Fuerzas Morales)

Clausewitz decía que "la guerra no es solo la destrucción de las fuerzas físicas, sino la destrucción de las fuerzas morales". El centro de gravedad: Si la voluntad de lucha de la población o del ejército ucraniano se quiebra, la guerra termina, aunque tengan armas. Lo mismo aplica para la cohesión interna rusa.

Resiliencia vs. Masa: Ucrania ha compensado la falta de masa (número de tropas y tanques) con una moral defensiva superior (el factor psicológico de defender el hogar). Sin embargo, Clausewitz advierte que la moral no es infinita; el desgaste físico constante termina por erosionar el ánimo más firme.

 

En resumen: La guerra se prolonga porque ninguno ha logrado que el otro pase su "punto de ruptura moral", y el apoyo internacional evita que Ucrania alcance su "punto culminante defensivo" (quedarse sin medios para resistir).

 

RECURSOS HUMANOS

De acuerdo a nuestros informes la situación de la obtención de recursos humanos para la lucha es muy preocupante, hay “bandas de personas corriendo por ahí, arrestándolas en las calles de Odesa. Me han enviado videos de hombres ucranianos que estaban en un café; algunos de ellos son niños, otros son mayores de 40 años, y simplemente los recogen a punta de pistola, los sacan a rastras de cafés, restaurantes, bares, de cualquier lugar donde puedan encontrarlos, los meten en furgonetas y les dicen: "vas al frente".

 

Algunos, si tienen suerte, reciben dos o tres semanas de entrenamiento, lo cual es obviamente inadecuado. Y la mayoría de las personas con experiencia en combate, que podrían desempeñarse bien bajo ciertas circunstancias, están muertas o heridas. Así que esta es una propuesta perdedora y Zelensky solo está arreando a la gente hacia el fuego ruso.” Nos dice Douglas Mc Gregor. Retrasando el Punto Culminante.

Normalmente, un defensor se agota cuando sus recursos físicos (municiones, tanques, dinero) se terminan. Clausewitz diría que el defensor alcanza su punto culminante defensivo y la resistencia colapsa. Pero en Ucrania…

 

El "pulmón artificial"; la ayuda de la OTAN y aliados funciona como un suministro externo de energía que impide que Ucrania llegue a ese punto. Al recibir flujo constante de armas y datos de inteligencia, el "desgaste físico" se mitiga, permitiendo que la fuerza moral siga operativa.

El dilema del atacante: Para Rusia, esto significa que el "punto culminante de la victoria" se aleja o hace difícil su logro. Lo que antes requería tomar una ciudad, ahora requiere destruir una cadena de suministro que nace fuera de las fronteras de Ucrania, algo que Rusia no puede atacar directamente sin escalar a una guerra total con la OTAN. Ambas partes tienen las manos atadas en la llamada: “profundidad estratégica”.

 

El Riesgo actual: El Agotamiento Moral

Aunque la ayuda externa resuelva el problema de los "fierros" (tanques, balas), Clausewitz advierte que esto no puede reemplazar la presencia real de tropas en el terreno: La infantería. Si la población ucraniana siente que el sacrificio es infinito, o si la población rusa siente que la gloria no vale el aislamiento, la estructura moral se agrieta. Por lo tanto, la prolongación actual es una apuesta: Rusia apuesta a que Occidente se canse primero (desgaste político), mientras Ucrania apuesta a que el ejército ruso se quiebre internamente antes de que ellos se queden sin hombres (desgaste humano).

No se puede mantener la Niebla de la Guerra 2.0 Poco a poco, la verdad está saliendo a la luz.

 

viernes, 27 de marzo de 2026

ONU


 ideología vs, verdad

 

Por Myriam Mitrece- Carlos Ialorenzi

La Prensa, 25.03.2026

 

Entre los días 9 y 19 de este mes se celebró en Nueva York el septuagésimo período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW), órgano intergubernamental de la ONU. El tema central de este período de sesiones fue garantizar y fortalecer el acceso a la Justicia para todas las mujeres y niñas, incluso mediante la promoción de sistemas jurídicos inclusivos y equitativos; la eliminación de leyes, políticas y prácticas discriminatorias, y la superación de las barreras estructurales.

 

Hay nueve lugares para los países de América latina y el Caribe; trece para los de Africa; once, Asia; ocho, Europa occidental y otros cuatro para Europa oriental. Para que todos tengan oportunidad de expresar su voto se turnan. La membresía dura cuatro años. Este año, la Argentina no estaba entre los países electos, por lo tanto participó pero sin voto.

 

En estas reuniones, habitualmente los documentos se aprueban por consenso. Los países negocian y van ajustando el texto final hasta que nadie se oponga abiertamente. Así, el documento termina siendo aprobado sin necesidad de votar.

 

Este año no fue así. Se requirió una votación formal porque no fue posible llegar a un acuerdo. El resultado fue 44 a 1. Estados Unidos fue el único país que votó en contra de las conclusiones, el resto de los Estados miembros acompañaron el documento. ¿Cuál fue la fractura? EE. UU. no aceptó el lenguaje sobre derechos sexuales y reproductivos, los enfoques sobre familia, identidad y educación, ni el alcance de ciertas políticas públicas. Por eso no se logró consenso total y se hizo visible una división política. De haber estado habilitada para votar, la Argentina habría acompañado la posición de Estados Unidos.

 

En principio, para quienes defienden la vida humana desde la concepción, la identidad de varón o mujer exclusivamente y la familia asentada en la pareja heterosexual, la ONU no ha cambiado sustancialmente su posición, pero al menos se ha logrado marcar claramente la disidencia.

 

DEFENSA DE LA VERDAD

 

La Dra. Neydy Casillas, vicepresidente de Global Center for Human Rights, nos informa que “debía votarse una propuesta impulsada por Estados Unidos para algo tan básico como definir el término género como hombre y mujer. Una definición elemental, sí, pero con enormes implicancias frente al avance de interpretaciones cada vez más ideológicas dentro del sistema internacional”.

 

Más adelante da cuenta que el representante de Bélgica presentó una moción de “no-action” para que no se permitiera debatir este asunto, la cual lamentablemente fue aceptada. Esta maniobra fue acordada por 23 votos sobre un total de 43. Varios de ellos se abstuvieron.

 

“Quienes votaron a favor de esta moción no sólo bloquearon un procedimiento. En la práctica, votaron en contra de permitir que el término género se defina como hombre y mujer”.

 

“Esto deja en evidencia una realidad incómoda: algunos gobiernos que públicamente dicen cuestionar la ideología de género, en los espacios internacionales actúan exactamente en sentido contrario”.

 

AÚN ASÍ…

 

Los site events o eventos paralelos son reuniones, talleres y paneles organizados principalmente por la sociedad civil, Estados miembros y agencias de la ONU durante las sesiones de la CSW. En esta ocasión tuvo lugar uno que reunió a delegaciones de la Argentina, Estados Unidos y Paraguay: ‘Abrazar la importancia social de la maternidad a través de la Declaración del Consenso de Ginebra’. Este encuentro se inscribió en el marco de la Declaración de dicho Consenso, una iniciativa internacional que promueve políticas centradas en la salud de la mujer, la protección de la vida y el fortalecimiento de la familia.

 

Allí, los ponentes afirmaron el valor personal y social de la maternidad y mostraron preocupación por la creciente sustitución del término madre por categorías neutras que intentan deconstruir a la maternidad e invisibilizar a la mujer. Otros de los temas abordados fueron la maternidad subrogada, que escinde la maternidad de su naturaleza, y el uso del término salud reproductiva asociado al aborto. Se reflexionó también sobre cómo revalorizar la maternidad no solo como una experiencia individual, sino como un componente clave para la sostenibilidad social y demográfica.

 

POSICIÓN ARGENTINA

 

El embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, esta vez con voz pero sin voto, lamentó que no haya sido posible llegar a un consenso. También expresó preocupación por omisiones significativas en el texto como la trata a través de la gestación subrogada o la palabra madre o maternidad.

Puertas afuera, la posición de la representación argentina fue clara: “La Argentina se disocia de las referencias a la salud sexual y reproductiva y derechos reproductivos…”. La Argentina interpreta el término género “de conformidad con el artículo 7.3 del Estatuto de Roma que refiere a hombre y mujer en el contexto de la sociedad”, afirmó Tropepi. Puertas adentro, la ley de interrupción voluntaria del embarazo y la de identidad de género siguen vigentes y no se vislumbra que la derogación o modificación de tales leyes esté en la agenda política actual.