martes, 3 de noviembre de 2026

EL EMPLEO PÚBLICO


 provincial bajo la lupa: cuáles son las provincias que tienen más cargos por habitante

 

Mariel Fitz Patrick

Sandra Crucianelli

 

Infobae, 02 Nov, 2026

 

La motosierra que viene implementando Javier Milei en el Estado nacional sigue sin pausa. Ya se eliminaron más de 75.000 empleos públicos desde que asumió. La dotación de personal del Estado cayó de 341.465 a 266.205 trabajadores desde diciembre de 2023.

 

Solo durante septiembre se perdieron otros 2.199 puestos de trabajo, lo que representa una contracción del 0,8% respecto de agosto, según los últimos datos del INDEC. La reducción acumulada representa una caída cercana al 22% de la dotación durante la gestión libertaria.

 

Esta política no se replicó de la misma forma en las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. Según el análisis de Infobae de los datos publicados por la Subsecretaría de Coordinación Fiscal Provincial, que depende del Ministerio de Economía, el número de empleados públicos en los 24 distritos del país muestra fuertes diferencias entre las distintas jurisdicciones.

 

El ranking de aquellas donde hay mayor cantidad en relación con la población lo encabeza el distrito más austral, Tierra del Fuego, con 139,7 empleados cada 1.000 habitantes, incluyendo cargos de planta permanente y transitoria.

 

Le siguen Neuquén con 113,6 sobre la misma base poblacional; La Rioja con 109,8 empleados públicos provinciales; Santa Cruz con 107,1; y Catamarca con 102,7 personas trabajando en el estado provincial cada 1.000 residentes en ese distrito.

 

En el extremo opuesto, con menor cantidad de cargos estatales se ubican Córdoba (32,9 por cada 1.000 habitantes); Buenos Aires (37,6); Santa Fe (41,5); y Mendoza (43,9 empleados por cada 1.000 habitantes de esa provincia). Se trata de las jurisdicciones más pobladas del país y de mayor peso productivo, que registran menor proporción de empleo público en relación al sector privado.

 

En total, en todo el país hay 2.308.763 puestos en la Administración Pública no financiera (APNF) de las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, entre cargos de planta permanente y transitoria, con datos a diciembre de 2025. A este número, se suman 156.204 contratados y becarios, por lo que el total de empleados asciende a 2.465.097.

 

Esta cifra comprende a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de organismos descentralizados y abarca las áreas de administración general, educación, salud, seguridad, justicia y Poder Legislativo. No incluye bancos ni entidades financieras, ni empresas estatales, así como tampoco a los empleados en dependencias nacionales en cada distrito, ni la planta municipal.

 

Cuándo fue el pico

En los últimos 20 años, el valor máximo de empleo público provincial se registró en 2016, cuando alcanzó 51,17 cargos por cada 1.000 habitantes. Desde entonces tuvo un paulatino descenso, con una nueva suba a partir de 2021 - en la salida de la pandemia - y hasta 2024.

 

En 2025 el número promedio fue de 49,77 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes.

 

Gasto mensual promedio por empleado

En cuanto al gasto mensual medio por empleado provincial, para 2025, los montos más elevados fueron en la Patagonia. El valor más alto lo tiene Neuquén, con $3.559.104 por cada uno, seguido por Santa Cruz con $2.647.924; y Tierra del Fuego con $2.627.071.

 

Vale aclarar que estos valores no equivalen al salario promedio ya que incluyen los aportes patronales y otros conceptos vinculados a las distintas formas de contratación.

 

En el otro extremo, el gasto promedio por mes más bajo lo tiene La Rioja con $1.225.318 por empleado provincial; seguida de Jujuy, con $1.322.163; y San Luis, con $1.360.428.

 

En el principal distrito del país, Buenos Aires, el gasto mensual medio por empleado es de $1.725.963.

 

Otras 16 provincias tienen una erogación más alta que PBA para ese indicador.

 

Las provincias donde más creció

Al analizar la evolución del empleo público provincial desde 2017 hasta fines del año pasado, el mayor aumento se dio en San Luis, un 37% más.

 

Le sigue Tierra del Fuego con un 15% de aumento en los últimos ocho años; Neuquén con 11% más; la Ciudad de Buenos Aires, con una suba del 10%; y La Rioja, con un 9% más de empleados públicos provinciales.

 

En el otro extremo, en Santiago del Estero se redujo un 17% desde 2017 al pasar de 62 empleados por cada 1.000 habitantes a 51 al cierre del año pasado. Le siguen Corrientes y Mendoza un 10%; en Salta un 8%; y en Entre Ríos y Buenos Aires, hubo una reducción del 7% en la planta de empleados públicos.

 

Pero la mayor suba del empleo público provincial se dio en la década anterior, entre 2005 y 2016, período en el que - incluyendo a todas las jurisdicciones - arrojó un aumento porcentual del 31%.

 

En ese lapso, Chaco - gobernada desde 2007 hasta 2015 por el peronista Jorge Capitanich - lideró el aumento con un 68% más en la cantidad de empleados públicos por cada 1.000 habitantes.

 

 

lunes, 2 de noviembre de 2026

BLACH BLOC


 grupo ideológico organizado mundialmente con el fin de vandalizar vs la revolución molecular disipada

 

Por Verónica Costales Cepeda 

Foro Patriotico, 01/11/2026

 

¿Qué es el Black Bloc?

El Black Bloc es un grupo ideológico organizado a nivel mundial cuyo método de acción es la vandalización durante protestas y manifestaciones.

 

Esta corriente surgió en los años 80 en Alemania Occidental y se extendió por toda Europa como una red de colectivos autonomistas que operaban en protestas contra desalojos de inmuebles ocupados, la energía atómica y la limitación de derechos.

 

Alcanzó proyección global durante las movilizaciones contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle en 1999, y desde entonces ha operado de forma coordinada en distintas protestas en Europa y América Latina.

 

Se articula en torno a tendencias anarquistas, anticapitalistas, antifascistas y autonomistas que rechazan a los partidos tradicionales, a las instituciones y a los modelos jerárquicos.

 

Quienes integran este grupo utilizan atuendo oscuro y ocultan su rostro con capuchas, bufandas o pasamontañas para resguardar su anonimato, evitar ser identificados por la justicia y actuar como un bloque compacto y homogéneo.

 

Operan sin voceros oficiales ni sedes públicas, organizados en células autónomas que se activan de manera concertada durante las marchas para ejecutar sus acciones.

 

Se colocan habitualmente al frente o al cierre de las manifestaciones para ejecutar acciones directas, que incluyen el levantamiento de barricadas, la destrucción y saqueo de bienes de grandes empresas como bancos, cadenas comerciales y franquicias, y la confrontación directa con los cuerpos de seguridad.

 

El marco estratégico: la Revolución Molecular Disipada

 

Para entender su alcance actual no basta con la táctica callejera del Black Bloc. Esta táctica se inscribe en un modelo estratégico más amplio conocido como Revolución Molecular Disipada (RMD).

 

Conceptualizada a partir de Félix Guattari y sistematizada en América Latina por el chileno Alexis López, la RMD plantea un nuevo modelo de acción revolucionaria horizontal.

 

Según esta doctrina, la desestabilización ya no se organiza en grandes movimientos centralizados con un líder visible, sino en múltiples núcleos dispersos o «moléculas» que actúan de manera simultánea y sin dirección única.

 

Es molecular porque los participantes son numerosos, heterogéneos y no responden a una jerarquía concreta. Es disipada porque normaliza de forma gradual y cotidiana disposiciones y conductas para alterar el estado de normalidad social del sistema dominante, hasta lograr que sea derogado y sustituido. Las protestas se coordinan, escalan en violencia y luego se dispersan, lo que impide hacer seguimiento y detener a los responsables.

 

Este esquema opera en tres fases:

 

1. Escalamiento: bloqueos, plantones y manifestaciones iniciales.

2. Copamiento: ataques a instituciones estratégicas, bancos, comercios y sedes policiales.

3. Saturación: multiplicación de focos de conflicto en distintas ciudades a la vez para desbordar la capacidad de respuesta del Estado y generar percepción de ingobernabilidad.

 

La unión de ambos modelos configura una estrategia híbrida que hemos visto en Otavalo, en Chile en 2019, en Colombia en 2021 y ahora en Europa: la técnica del Black Bloc – anonimato, confrontación directa y ataque simbólico – con el marco de la RMD – dispersión, saturación y caos planificado. A ello, según declaraciones oficiales en varios países, se suma en ocasiones la infiltración de criminalidad organizada transnacional que eleva el nivel de violencia.

 

En los sucesos agresivos acontecidos actualmente en Europa su accionar ha quedado evidenciado.

 

En Francia, durante las protestas del 17 de octubre de 2026, células del Black Bloc actuaron en París, Lille y Marsella, incendiando las oficinas del banco Qonto, saqueando un local de McDonald’s, destrozando oficinas de correos y protagonizando el intento de asalto al ayuntamiento histórico de Limoges con fuegos artificiales, morteros y un ariete de 200 kilos.

 

En Barcelona, este 24 de octubre de 2026, el fenómeno se ha replicado bajo la misma lógica molecular. Una concentración no autorizada de cerca de 600 jóvenes, la mayoría vestidos de negro y con el rostro cubierto, convocados por redes sociales bajo el lema «Institut Indignats» como espejo de las protestas francesas, derivó en graves disturbios en la plaza de Cataluña y el Portal de l’Àngel. Según el balance de la consellera de Interior Núria Parlon y el alcalde Jaume Collboni, los grupos levantaron barricadas con contenedores, papeleras y motos, quemaron mobiliario urbano, marquesinas de autobús y toldos de terrazas, y vandalizaron y saquearon 14 comercios del centro. Los Mossos d’Esquadra desplegaron furgones blindados y realizaron cerca de un centenar de detenciones, un 25% de ellas a menores de edad. El Ayuntamiento anunció que se los procesará judicialmente, ya que los hechos «no pueden quedar impunes».

 

Los hechos registrados en Francia y Barcelona no son episodios aislados de indignación juvenil, sino la materialización del binomio Black Bloc y Revolución Molecular Disipada. Confirman el patrón de una red ideológica que opera de forma descentralizada pero con el mismo objetivo en todo el mundo: instrumentalizar cualquier convocatoria social legítima – vivienda, costo de vida, trabajo – para imponer la violencia, el saqueo y la destrucción como método para quebrar el orden público y mostrar al Estado como incapaz.

 

Su vestimenta negra y el anonimato no son una simple medida de protección, sino una táctica deliberada para dificultar la acción policial y judicial, propia de la guerra irregular urbana. Lejos de fortalecer las demandas legítimas, su intervención desacredita las manifestaciones pacíficas, provoca una mayor represión, justifica la criminalización de la protesta y genera rechazo ciudadano, dejando como único resultado comercios destruidos, mobiliario quemado y un centenar de detenidos.

 

El desafío para los Estados radica en entender que ya no enfrentan una simple protesta, sino una nueva forma de conflicto asimétrico donde se diluyen las fronteras entre protesta política, subversión y vandalismo organizado.

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Black Bloc: grupo ideológico organizado mundialmente con el fin de vandalizar vs la revolución molecular disipada

 

Por Verónica Costales Cepeda | 01/11/2026

 

 

¿Qué es el Black Bloc?

 

El Black Bloc es un grupo ideológico organizado a nivel mundial cuyo método de acción es la vandalización durante protestas y manifestaciones.

 

Esta corriente surgió en los años 80 en Alemania Occidental y se extendió por toda Europa como una red de colectivos autonomistas que operaban en protestas contra desalojos de inmuebles ocupados, la energía atómica y la limitación de derechos.

 

Alcanzó proyección global durante las movilizaciones contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle en 1999, y desde entonces ha operado de forma coordinada en distintas protestas en Europa y América Latina.

 

Se articula en torno a tendencias anarquistas, anticapitalistas, antifascistas y autonomistas que rechazan a los partidos tradicionales, a las instituciones y a los modelos jerárquicos.

 

Quienes integran este grupo utilizan atuendo oscuro y ocultan su rostro con capuchas, bufandas o pasamontañas para resguardar su anonimato, evitar ser identificados por la justicia y actuar como un bloque compacto y homogéneo.

 

Operan sin voceros oficiales ni sedes públicas, organizados en células autónomas que se activan de manera concertada durante las marchas para ejecutar sus acciones.

 

Se colocan habitualmente al frente o al cierre de las manifestaciones para ejecutar acciones directas, que incluyen el levantamiento de barricadas, la destrucción y saqueo de bienes de grandes empresas como bancos, cadenas comerciales y franquicias, y la confrontación directa con los cuerpos de seguridad.

 

El marco estratégico: la Revolución Molecular Disipada

 

Para entender su alcance actual no basta con la táctica callejera del Black Bloc. Esta táctica se inscribe en un modelo estratégico más amplio conocido como Revolución Molecular Disipada (RMD).

 

Conceptualizada a partir de Félix Guattari y sistematizada en América Latina por el chileno Alexis López, la RMD plantea un nuevo modelo de acción revolucionaria horizontal.

 

Según esta doctrina, la desestabilización ya no se organiza en grandes movimientos centralizados con un líder visible, sino en múltiples núcleos dispersos o «moléculas» que actúan de manera simultánea y sin dirección única.

 

Es molecular porque los participantes son numerosos, heterogéneos y no responden a una jerarquía concreta. Es disipada porque normaliza de forma gradual y cotidiana disposiciones y conductas para alterar el estado de normalidad social del sistema dominante, hasta lograr que sea derogado y sustituido. Las protestas se coordinan, escalan en violencia y luego se dispersan, lo que impide hacer seguimiento y detener a los responsables.

 

Este esquema opera en tres fases:

 

1. Escalamiento: bloqueos, plantones y manifestaciones iniciales.

2. Copamiento: ataques a instituciones estratégicas, bancos, comercios y sedes policiales.

3. Saturación: multiplicación de focos de conflicto en distintas ciudades a la vez para desbordar la capacidad de respuesta del Estado y generar percepción de ingobernabilidad.

 

La unión de ambos modelos configura una estrategia híbrida que hemos visto en Otavalo, en Chile en 2019, en Colombia en 2021 y ahora en Europa: la técnica del Black Bloc – anonimato, confrontación directa y ataque simbólico – con el marco de la RMD – dispersión, saturación y caos planificado. A ello, según declaraciones oficiales en varios países, se suma en ocasiones la infiltración de criminalidad organizada transnacional que eleva el nivel de violencia.

 

En los sucesos agresivos acontecidos actualmente en Europa su accionar ha quedado evidenciado.

 

En Francia, durante las protestas del 17 de octubre de 2026, células del Black Bloc actuaron en París, Lille y Marsella, incendiando las oficinas del banco Qonto, saqueando un local de McDonald’s, destrozando oficinas de correos y protagonizando el intento de asalto al ayuntamiento histórico de Limoges con fuegos artificiales, morteros y un ariete de 200 kilos.

 

En Barcelona, este 24 de octubre de 2026, el fenómeno se ha replicado bajo la misma lógica molecular. Una concentración no autorizada de cerca de 600 jóvenes, la mayoría vestidos de negro y con el rostro cubierto, convocados por redes sociales bajo el lema «Institut Indignats» como espejo de las protestas francesas, derivó en graves disturbios en la plaza de Cataluña y el Portal de l’Àngel. Según el balance de la consellera de Interior Núria Parlon y el alcalde Jaume Collboni, los grupos levantaron barricadas con contenedores, papeleras y motos, quemaron mobiliario urbano, marquesinas de autobús y toldos de terrazas, y vandalizaron y saquearon 14 comercios del centro. Los Mossos d’Esquadra desplegaron furgones blindados y realizaron cerca de un centenar de detenciones, un 25% de ellas a menores de edad. El Ayuntamiento anunció que se los procesará judicialmente, ya que los hechos «no pueden quedar impunes».

 

Los hechos registrados en Francia y Barcelona no son episodios aislados de indignación juvenil, sino la materialización del binomio Black Bloc y Revolución Molecular Disipada. Confirman el patrón de una red ideológica que opera de forma descentralizada pero con el mismo objetivo en todo el mundo: instrumentalizar cualquier convocatoria social legítima – vivienda, costo de vida, trabajo – para imponer la violencia, el saqueo y la destrucción como método para quebrar el orden público y mostrar al Estado como incapaz.

 

Su vestimenta negra y el anonimato no son una simple medida de protección, sino una táctica deliberada para dificultar la acción policial y judicial, propia de la guerra irregular urbana. Lejos de fortalecer las demandas legítimas, su intervención desacredita las manifestaciones pacíficas, provoca una mayor represión, justifica la criminalización de la protesta y genera rechazo ciudadano, dejando como único resultado comercios destruidos, mobiliario quemado y un centenar de detenidos.

 

El desafío para los Estados radica en entender que ya no enfrentan una simple protesta, sino una nueva forma de conflicto asimétrico donde se diluyen las fronteras entre protesta política, subversión y vandalismo organizado.