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domingo, 16 de enero de 2022
jueves, 13 de enero de 2022
miércoles, 12 de enero de 2022
LA ÉTICA POLÍTICA
según Rodríguez
Luño
Una presentación
general
por Miriam
Savarese
Observatorio Van
Thuan, 12-1-22
Ángel Rodríguez
Luño, Introducción a la ética política , [Pensamiento, n. 37] Rialp, Madrid
2021, págs. 169, 15€
El momento actual
está plagado de problemas apremiantes, tanto que subrayar su importancia parece
casi empalagoso, y no es casualidad que una parte de ellos tienda a saturar los
diarios y los medios de comunicación: son temas que exigen -y con razón- la la
atención de todos los ciudadanos y más aún la del filósofo y teólogo. Entonces,
¿por qué reflexionar sobre los conceptos básicos de la ética política,
presentándolos de manera sencilla y diseñada para principiantes? ¿No hay otros
temas que necesitan ser tratados como una prioridad, tanto como estudiosos del
tema y como expertos?
En realidad, es
una empresa crucial, que puede aparecer fuera de tiempo solo si los problemas
se abordan permaneciendo en la superficie.
El padre Ángel
Rodríguez Luño, profesor emérito de Teología Moral Fundamental (Universidad
Pontificia de la Santa Cruz), consultor de la Congregación para la Doctrina de
la Fe y miembro ordinario de la Pontificia Academia de la Vida, se suma a quienes se han percatado de que, para
responder a estas urgencias, que son los desafíos cotidianos de la ética
política y de la misma Doctrina Social de la Iglesia, es necesario abordar las
cuestiones fundamentales: en primer lugar, en qué consiste la actividad
moralmente buena de la comunidad política, es decir, qué actividad es conforme
a su finalidad, el bien común político (que para el autor puede llamarse, de
manera más imprecisa, también bienestar general ), por tanto que sobre la
conformidad de las acciones individuales a este bien, es decir, sobre su
legalidad en general. Es un paso imprescindible para formar esa cultura
política amplia -nos dice el autor- necesaria para abordar cada problema
inmediato, que permita contextualizarlo y resolverlo de manera equilibrada.
El texto, ágil y
escrito en castellano, se divide en seis capítulos (I. La ética de las
instituciones políticas ; II. Presupuestos antropológicos del bien común
político ; III. Containidos fundamentales del bien político común ; IV. La
justicia social ; V. Cuestiones fundamentales de economía política ; VI. El buen
gobierno ), acompañado de un prólogo y una bibliografía imprescindible. Nacido
también de las peticiones de los alumnos, tiene un carácter sintético e
introductorio, sin pretensiones de exhaustividad. Por tanto, el autor, aunque
muy consciente de tratar temas complejos y en ocasiones ofrecer posiciones
personales genuinas, no ofrece reconstrucciones históricas (salvo algunas
referencias imprescindibles) ni expone el estado del arte sobre las nociones
más debatidas. Presenta los puntos a su juicio esenciales y procede sobre todo
con la ayuda de ejemplos sencillos accesibles a cualquiera, que, a pesar de sus
(reconocidas) limitaciones, resultan decididamente útiles y explicativos en
este contexto. Una estrategia ganadora es también el subrayado de problemas y
posibles antinomias, que estimulan al lector a seguir y repasar el razonamiento
realizado para resolverlos en primera persona.
Basada en autores
modernos (según los temas tratados, sobre todo Böckenförde, Hayek, Rhonheimer,
pero también Kriele, Lacalle, von Mises, Böhm-Bawerk), principalmente de
orientación liberal pero cuyos aspectos Luño pretende asumir en su opinión de
acuerdo con la antropología cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia, el
texto conserva un sesgo filosófico, dirigido a todos aquellos que estén
interesados en la ética política independientemente de sus respectivas
convicciones religiosas; pero, consciente de la necesidad de aclaraciones
también de carácter teológico, el autor la integró con dos breves apartados
dedicados a la relación entre los argumentos sustentados y los principios
fundamentales de la antropología cristiana y entre el concepto de justicia
social propuesto y la Doctrina Social de la la Iglesia (especialmente en estos
últimos temas, el autor señala que su posición no es necesariamente la única
posible).
En particular, el
volumen introduce los conceptos de libertad , democracia , constitucionalismo ,
derecho , solidaridad y bien común , justicia social , economía política y buen
gobierno ; cuestiones que afectan la estructura del Estado, su relación con la
persona humana y con el bien. Los principios ético-políticos, en efecto, se
fundan en lo que es el hombre. En el planteamiento del autor, el Estado está al
servicio de la sociedad, que a su vez está al servicio de la persona para que
ésta pueda alcanzar libremente su propio bien: surge claramente la primacía de
la persona respecto del Estado (que no debe ser concebido como un sujeto social
con especificaciones a las que deben subordinarse los demás agentes sociales) y
la importancia de la libertad humana en el ámbito político, con el rechazo de
cualquier forma de confusión entre procesos políticos y sociales, intencional
el primero, espontáneo e impredecible el segundo . Esto va acompañado de una
concepción del bien común político -cuyos contenidos fundamentales e
inseparables son la paz-seguridad, la libertad y la justicia (y que como bien
presupone una antropología)- no como un ente separado a promover con un tipo
especial de actividad ni como anterior al bien de las personas, sino como una
meta a alcanzar. Hay dos presupuestos antropológicos: la libertad y la
solidaridad, formulados sintéticamente como libertad solidaria .
Este último
concepto (que no debe confundirse con el de solidaridad), según el autor, es fundamental
para entender la justicia social , cuya promoción exige precisamente el bien
común. Esta noción hoy en día es una "manzana de discordia": para
muchos, la igualdad que requiere es también social y económica y el Estado debe
garantizarla, logrando activamente objetivos socialmente justos
(¡predeterminando los resultados de los procesos culturales, sociales y
económicos!) También a través de medios coercitivos y violentos; además, fue el
motor de una progresiva y excesiva ampliación de las competencias del Estado.
Para Luño, en cambio, (que entiende la justicia social como la justicia del
orden global de la sociedad, consistente en la conformidad del orden social,
político, jurídico y económico con el bien común, y también como virtud
personal) en hombre hay también una tendencia al bien de los demás y por tanto
al bien común (autotrascendencia propia de la libertad humana), lo que da lugar
a deberes hacia el prójimo pero no a derechos correspondientes por parte de
éste. Esto implica no poder modificar coercitivamente los procesos sociales y
económicos, que son libres por su naturaleza, sino intervenir solidariamente
para ayudar a los más desfavorecidos. A pesar de su sencillez, el texto muestra
efectivamente por qué sería un error identificar la justicia y la igualdad,
entendidas como igualdad de la riqueza (lo que implicaría atribuir al Estado un
papel enorme y potencialmente totalitario) y que las políticas redistributivas
que limitan la La iniciativa economica o las ganancias y los ahorros desalientan
el trabajo y la creatividad. Esto se traduce, en el ámbito económico, donde se
destaca acertadamente que la propiedad privada de los medios de producción es
lo que garantiza la libertad económica, en la asunción como modelo del libre
mercado/capitalismo, interpretado sin embargo con especial atención a la
Escolástica española. del Siglo de Oro (de forma quizás demasiado optimista
respecto a posibles mecanismos distorsionadores del propio mercado).
En cuanto a la
libertad religiosa, el autor subraya el problema de mantener cohesionado un
Estado liberal y pluralista y la necesidad de la cooperación entre la comunidad
religiosa (entendida, sin embargo, como una dimensión prepolítica), en
particular cristiana, y la comunidad política (para Luño, el Estado democrático,
para que la distinción entre religión y política sea esencial para el
cristianismo, debe ser neutral pero no ateo, eliminando el conflicto inherente
a la religión cuando está institucionalizada políticamente y garantizando a la
religión un espacio para afirmarse, pero no para defenderla).
En definitiva, el
autor, a pesar de ser consciente de los "grandes malentendidos
históricos" entre católicos y defensores de la libertad, está convencido
de que estos pueden ser superados y espera en esos celosos cristianos, que ya
reconocía Tocqueville, que luchan por la libertad humana.
Por lo tanto, el
texto no es un retroceso bizantino sino un primer "mapa" para abordar
los problemas actuales y comprender lo que realmente está en juego cuando se
toma un camino u otro: es una forma de entrar de lleno, aunque sea
indirectamente, en la lucha política, presentando convicciones éticas que
ayuden a dar un giro virtuoso al gobierno. No es casualidad que los temas
tratados se conviertan en una oportunidad para mencionar problemas de gran
actualidad, desde la búsqueda desesperada de una sociedad sin riesgos hasta lo
políticamente correcto. En efecto, además de las necesidades específicas de los
temas de ética política que ha tratado a lo largo de los años, son precisamente
ciertas tendencias del panorama político actual las que le han sugerido al
profesor Luño la utilidad de enmarcar la disputa política en un horizonte
superior, inspirada en el respeto a la libertad y la promoción de la
responsabilidad por el bien común.
domingo, 9 de enero de 2022
AULAS DE ACELERACIÓN
o cómo hacer 3
años en uno: otro mecanismo facilista para alumnos secundarios atrasados en la
cursada
Claudia Peiró
Infobae, 9 de
Enero de 2022
“En la escuela de
hoy, da lo mismo el que se esfuerza que el que no. El que no hizo nada en todo
el año se sienta al lado del que trabajó y cumplió con todo. El valor del
esfuerzo se pierde por completo”, dice Marcos Valle (el nombre es figurado),
docente en secundarios y terciarios bonaerenses desde el año 2008.
A mediados del
2020, el entonces ministro de Educación, Nicolás Trotta, anunció que todos
pasarían de grado en razón de la pandemia. Un tiro en la línea de flotación
para los docentes que estaban bregando en la emergencia por mantener a los
alumnos en la escuela, lograr que siguieran las clases de modo remoto y
mantuvieran la mayor conexión posible con la cursada.
Luego vino el
anuncio de que 2020 y 2021 se evaluarían en conjunto y que un aprobado en el
último semestre de 2021 equivalía a tener aprobados ambos años de una materia,
y si había una previa de 2019 entraba en el mismo paquete. Una sucesión de
facilidades que también incluía la supresión de los exámenes tradicionales, de
las notas numéricas, la evaluación por áreas -varias materias juntas- y la
chance de pasar de año con hasta dos áreas previas.
La escuela
argentina de hoy está impregnada de un paternalismo que condena a los más
desfavorecidos a la ignorancia. Una inclusión mal entendida que profundiza la
distancia social. Al chico humilde se le da una palmadita en el hombro y no se
le exige nada. Flaco favor.
Y en esto no hay
grieta que valga. El programa Aulas de Aceleración se lanzó en el año 2018,
durante la gestión de María Eugenia Vidal.
Hace tiempo que
las autoridades -de distinto signo partidario- vienen desplegando estrategias
educativas de “inclusión” que en el fondo son de degradación de la calidad y
del contenido de la enseñanza. El resultado es el contrario al declamado: la
brecha en educación es cada vez mayor, y la matrícula privada crece a expensas
de la pública.
En materia de
secundario, la Argentina contaba con un sistema de colegios nocturnos que
funcionaba muy bien, hasta que en 2010 se lanzó el plan FinEs2 (Finalización de
Estudios). Era, dicho sin eufemismos, un secundario de baja categoría,
devaluado en contenidos, en metodología de cursada y en evaluación. Toda
persona mayor de 18 años podía inscribirse en el FinEs, un secundario en dos
años y medio (un año por semestre), con 2 encuentros semanales, que no se
dictaban en colegios, sino en locales sociales, a saber: club barrial,
asociación, unidad básica y hasta en la casa del puntero. No hay que ser mago
para adivinar que, en 12 clases por materia y dictadas en esas condiciones,
lejos se estaba de formar en el mismo nivel de un secundario regular. Las clases
las daban estudiantes de profesorado. Fueron conocidos los episodios de apriete
a los docentes del FinEs para que aprobaran alumnos o no tomaran exámenes.
El FinEs tuvo por
efecto el vaciamiento de los CENS (Centros Educativos Nivel Secundario), bachilleratos
de adultos “en serio”: sus programas eran los del secundario regular,
condensados, con una cursada rigurosa, de 4 horas diarias, de lunes a viernes,
por lo general en el turno noche, de 18 a 22, y una duración de 3 años. Las
clases se daban en colegios, a contraturno o en sedes propias, pero en un
ámbito académico, no partidario.
Con esta “novedad”
del FinEs2 introducida por la gestión kirchnerista, no sólo se empezó a otorgar
título secundario a personas que no tenían ni por lejos la misma formación que
un alumno de la secundaria regular, sino que se degradó un sistema -el de los
CENS- que era excelente.
Por otra parte,
como señala el profesor Enrique Rojas, que tampoco da su verdadero nombre
-”Estoy en riesgo. No hay libertad en este país”, dice-, el bachillerato de
adultos cumplía una función adicional: “El adolescente que antes iba al
nocturno quedaba ‘domado’, porque el contacto con gente adulta, madura, seria,
era muy benéfico para él”. Por otra parte, una vez en el mundo laboral o universitario,
no había discriminación contra los que tenían esos títulos, a diferencia de lo
que sucede hoy con los FinES.
“Hay alumnos en la
Facultad que me dicen -con vergüenza- ‘yo terminé en un FinEs’... -comenta
Marcos Valle-. Daban clase en un garaje y en el diploma que les entregaban
estaba la foto de Néstor y Cristina abrazándose. Hacían un año en un semestre.
En 2 años y medio terminaban con un plan acotadísimo, de 12 clases por
materia.”
Pero el más
reciente mazazo a los CENS fue la decisión del gobierno de Vidal de que los
menores de 18 años dejaran de hacer los bachilleratos de adultos y fuesen
sustituidos por Aulas de Aceleración [en adelante, AA] para hacer el ciclo
básico en un año. Los bachilleratos de adultos (para mayores de 18) pasarían a
la órbita de la Dirección de Educación de Adultos. Esto implicó el cierre de
varios de ellos. Lo que generó algunas protestas que no fueron atendidas. En
campaña, Cambiemos había prometido cerrar los FinEs. Lo que no explicó es que
los iba a sustituir por un mecanismo aun más nivelador para abajo...
El Plan Aulas de
Aceleración es uno más de los mecanismos diseñados, no para poner remedio a la
crisis educativa, sino para disimularla. Así como en 2013 el Consejo Federal de
Educación decidió que no se repitiera más primer grado y que se lo considerara
parte de un ciclo junto con segundo, ahora buscaron un “remedio” similar para
la sobreedad escolar: los adolescentes que, porque abandonan o repiten, se
encuentran de pronto cursando 1° del secundario con 15, 16 ó 17 años de edad.
El objetivo es
loable, desde ya. La solución, cuestionable. Para que estos alumnos puedan
inscribirse en 4° año, como correspondería a su edad, se les da en un año un
ciclo básico (los tres primeros años del secundario) comprimido, y en grupos en
los que se mezclan alumnos que no cursaron ningún nivel con otros que lo
hicieron parcialmente.
En el colegio
donde enseña Enrique, este año egresaron los primeros alumnos salidos de estas
aulas de aceleración. “Quedan camuflados con los demás egresados, aunque no
tienen ni por lejos la misma formación”. Según su cálculo, son aproximadamente
un tercio del total de egresados.
“Es que ahora no
se puede echar a nadie -explica por su parte Marcos Valle-. Entonces todo es un
gran dibujo. En un año meten a todos los repetidores de 1° a 3° para hacer 3
años en uno. Delirante”.
Para Marcos, el
problema de estas aulas de aceleración es también el efecto que causan en los
demás: “Muchos me dicen ‘profe, ¿para qué me esfuerzo si ahora éste viene y le
dan todo por sabido?’”.
Las “Aulas de
Aceleración en la Escuela Secundaria Obligatoria” se justifican por “la
complejidad” de las “trayectorias educativas” de adolescentes y jóvenes de la
provincia de Buenos Aires que “trae aparejada, en algunos casos, la condición
de sobreedad”, es decir “la discrepancia entre la edad cronológica y la pautada
en el sistema educativo”, según se lee en el “COMUNICADO Nº 33″ de la Dirección
de Educación Secundaria bonaerense.
“La asistencia
discontinua a la escuela, el inicio tardío, la repitencia, la no aprobación de
materias” son los motivos por los cuales chicos de 14 a 17 años no han
terminado el ciclo básico. La Dirección considera que también hay “aspectos
institucionales” que “dificultan la continuidad en la trayectoria escolar”,
como ser “régimen de cursada, cantidad de materias, formas de abordar la
enseñanza”, es decir, la escuela misma.
“La enseñanza
simultánea y graduada, por ejemplo, no siempre se adecúa a la diversidad de las
posibilidades de aprendizaje de los estudiantes”, dice el documento que por
ejemplo considera negativo que un repitente deba “volver a hacer otra vez las
mismas actividades, aprender lo ya aprendido y aprobado”.
Para esto
diseñaron las AA que, aclaran, “no son un dispositivo pedagógico destinado a
perdurar -aclaran-, ya que a medida que las Escuelas Secundarias vayan
proponiendo estrategias y formatos cada vez más acordes a las trayectorias de
los jóvenes, donde todos se sientan incluidos y el aprendizaje significativo y
de calidad sea una realidad para todos los jóvenes, las Aulas de Aceleración
deberían ser innecesarias,”
¿Qué interpretar
de este párrafo? ¿Que cuando todo esté nivelado hacia abajo, ya no habrá
diferencia entre el que sabe y el que no, el que aprendió y el que no, y no
será necesario “acelerar” a nadie porque estarán todos frenados?
Es obvio que,
aunque no se lo diga, esta “aceleración” se hace en detrimento del contenido.
Es decir, del aprendizaje. A lo largo del documento se insiste en que “el
objetivo central” de las AA “es que al iniciar el próximo año, todos (los
alumnos) o la gran mayoría, estén en condiciones de matricularse en el 4to año
de la Escuela Secundaria”.
No es tarea
sencilla hacer 3 años en uno, y además reuniendo en una misma aula a estudiantes
que nunca ingresaron al secundario con otros que tienen parte del ciclo básico
aprobado. Para salvar las distancias se recurre a la enseñanza “a partir de
proyectos que integren conocimientos de distintas disciplinas”, lo que hoy se
llama “Enseñanza y Aprendizaje Basado en Proyectos y Problemas (EABP)”
Una idea
motivadora, pero si no se olvida que la base de todo es el conocimiento y que
por más estrategias creativas que se propongan nada se aprende sin tiempo,
esfuerzo e insistencia. Esta idea de “superar la visión fragmentada del mundo,
centrándose en el Saber y en el Saber Hacer”, suena muy linda. Pero se parece
un poco al planteo de “desarrollar espíritu crítico” en gente que no tiene
herramientas para criticar.
El espíritu
crítico no se enseña en sí mismo, ni en abstracto. Es resultado del
aprendizaje, de la formación. Si hago una búsqueda en Internet, ¿cómo distingo
la calidad -o no- de un contenido si no es en base a lo que ya sé, a los
conocimientos que adquirí previamente, a todo lo que leí antes, que me permite
reconocer lo bueno de lo regular, lo serio de lo infundado, lo riguroso de lo
impreciso?
Está de moda decir
que al alumno hay que enseñarle a resolver conflictos. Otra sarasa, diría el
ministro Martín Guzmán. Al alumno hay que enseñarle. Punto. Al niño hay que
enseñarle cosas, permitirle apropiarse del acervo cultural acumulado por
generaciones anteriores: ése es su derecho. Eso le permitirá en el futuro
defenderse en el mundo ya sea laboral, relacional, universitario, etc. y resolver
conflictos, si cabe.
El pedagogismo es
especialista en eufemismos. Como la escuela está fracasando en su función, como
hay deserción, repitencia y lagunas en el aprendizaje, se lo disimula con
diferentes estrategias. El documento de la Dirección de Educación Secundaria
apela a uno de esos eufemismos de moda: la enseñanza ciclada versus la
graduada; la primera permite disimular retrasos y repitencias.
Como ya el primer
grado no cumple su función de enseñar a leer y escribir, sumar y restar, los
pedagogos afirman que los niños aprenden en un “ciclo” de dos años y no en un
año… Todo maestro sabe que si en un aula tiene chicos que no adquirieron todos
los conocimientos del grado anterior, eso retrasará la enseñanza. Sobre todo si
son varios. Inexorablemente, el “ciclo” nivela para abajo.
Algo análogo pasa
en las Aulas de Aceleración: para hacer como que se enseñan tres años en uno,
se cuestiona la enseñanza por grados -que hizo exitosa a nuestra escuela-, con
el argumento de que parte de la “uniformidad de cómo se manifiesta lo que se
transmite y lo que se recibe”, en el aula, mientras que la enseñanza ciclada
permite “múltiples caminos de circulación de los saberes en el aula; ya no sólo
en un sentido unívoco donde tiene una fuerte presencia la ilusión que lo que el
docente enseña es asimilado de la misma manera por parte de todos los alumnos.”
Toda esta
parrafada apunta a convencer de que se puede enseñar en un año lo que
normalmente se enseña en tres… Y a alumnos que presentaron dificultades para
seguir el ritmo regular.
Acertadamente,
Enrique Rojas reflexiona: “Si las Aulas de Aceleración son tan exitosas,
haciendo que en 4° año estos alumnos se puedan acoplar a aquellos que hicieron
los 3 años anteriores sin ninguna prerrogativa, ¿por qué no se adopta esta
‘aceleración’ para todos? Nos ahorraríamos por lo menos dos años de
secundaria”.
“En el multigrado
-sigue diciendo el documento de la Dirección de Enseñanza Secundaria- la
circulación de los saberes está pautada por las muy diversas formas que tienen los
participantes de la situación didáctica de vincularse con el saber que está
puesto en juego”.
Nótese que, según
la jerga oficial, en la escuela el saber “circula”, no se transmite de docentes
a estudiantes; no hay maestros y alumnos, sino “participantes de la situación
didáctica”, la enseñanza es una “ilusión” y cada uno se vincula con el saber
como le parece. Queda una duda: entre estas “muy diversas formas” de
“vincularse con el saber”, ¿está la de no aprender nada?
No podía faltar la
palabra “diversidad”, llave maestra de todo lo que está bien. Sin temor a
repetirse, el documento dice: “Atender esa diversidad desde lo didáctico supone
una nueva forma de atención a la diversidad, una manera que exige una
diversificación de propuestas de enseñanza en función de las diferentes formas
en que los niños pueden acercarse al saber”. Diversidad, diversidad,
diversificación y diferentes. Luego el documento alcanza las cumbres de la
jerga pedagogista cuando ¿sintetiza?: “Es decir, se trata de generar propuestas
que favorezcan y potencien la relación de los estudiantes con los objetos de
conocimiento [N. de la R: ¿está prohibido decir aprender?], buscar cuáles son
las puertas de entrada más adecuadas para comenzar su apropiación, en relación
a lo que ya sabe y a lo que saben los demás.”.
Luego viene la
otra joya de la corona didáctica: la “resolución de problemas” o “consecución
de proyectos”. Y su consecuencia: la “construcción de un saber compartido”.
Esto es el bueno y viejo trabajo en equipo, pero dicho así no tiene
sofisticación.
Todo este rebusque
discursivo está destinado a justificar el Aula de Aceleración, en la cual
“comparten un mismo ámbito físico estudiantes de diferentes edades, con
trayectorias escolares y niveles de conceptualización muy distintos”. Pero
esto, que como cualquier docente sabe es una complicación, para los redactores
del documento oficial “representa un aspecto enriquecedor del proceso de
apropiación del conocimiento”.
“En síntesis
-insisten-, atender a la diversidad desde lo didáctico, supone”, entre varias
cosas, “considerar diferentes posibles relaciones de los alumnos con el saber”,
y “concebir cada uno de esos acercamientos igualmente valiosos e importantes
para cada alumno”.
¿Cómo entender
esto? ¿Da lo mismo que sepa mucho, poquito o nada?
Ahora bien, en
algún momento hay que evaluar si en un año aprendieron como para ingresar a 4°…
¿O no? Acá vuelve la sarasa. “Esta propuesta pedagógica entiende a la
Evaluación como parte del proceso de enseñanza y aprendizaje”; “la evaluación
formativa [se] instala como un proceso continuo y retroalimentador para el
docente y los estudiantes”; “la evaluación de los conceptos es tan importante
como la de los procedimientos, las habilidades y las capacidades”; “el error se
convierte en una posibilidad de nuevos aprendizajes”; etc., entre otras frases
huecas y lugares comunes.
Y sentencian: “No
se trata de examinar productos finales y cerrados [N.de la R: el programa de
una materia en un año por ejemplo] sino de considerar los avances que se van
sucediendo a lo largo del proceso de cada grupo y trayectoria individual”.
Ya podemos
imaginar la flexibilidad que se esconde detrás de estas brumas. La misma
Dirección, y en el mismo año, se ocupó de detallar esta experiencia en un
documento titulado “Escuela no graduada: una práctica alternativa en la
educación primaria”, que permite “disminuir la visión estanca que constituyó la
estigmatización inconciente/conciente del alumno con desfase cronológico como
académico.”
Acá aparece el
argumento central de todo esto: el alumno que no pasa de año está siendo
discriminado. Decir “no sabe” o “no aprendió” es poco menos que criminal.
El documento
destaca la ventaja de poder “reconceptualizar la noción de permanencia, ya no
en términos de repitencia, sino como aquel tiempo pedagógico necesario para
construir contenidos no fijados, ya no en un año académico sino en el tiempo
del respeto a los ritmos personales”.
Esta
deconstrucción de la escuela “graduada” es la nueva coartada de quienes vienen
fracasando estrepitosamente. La renuncia a enseñar, la descalificación del
docente, el vaciamiento de contenidos, la pretensión de que se puede formar
conciencia crítica, adquirir “habilidades”, resolver “conflictos”, sin aprender
de modo riguroso, configuran en el fondo una renuncia a “educar”, a devolverle
a la escuela su función primordial.
El espíritu de
renuncia pedagógica que impregna a los funcionarios se traduce además en una
presión sobre los docentes para que contemplen las “diversas formas de
vincularse con el saber”, o sea, que promocionen a todos. Virginia, profesora
de nivel secundario y terciario en provincia de Buenos Aires, dice en
referencia a esa presión: “Es inmensa la violencia subjetiva contra el docente
que desobedece. La mayoría elige sobrevivir, y en medio del maltrato y para
evitar males peores, aprueban a todos. Otros aprueban a todos con convicción, y
eso es peor, porque habla de una formación docente pauperizada y sesgada
políticamente, en la que desaprobar es discriminar y excluir, e implica falta
de empatía por parte del docente. Y así los alumnos reciben el mensaje de que
está todo bien, y no lo está.”
A ella le preocupa
sobremanera el bajo nivel de los futuros docentes porque el facilismo y la
presión por aprobar también llegó a ese ámbito: “En primer año de un
profesorado terciario, tengo alumnos que no están completamente alfabetizados,
y que no comprenden consignas simples ni textos básicos. El nivel terciario no
es obligatorio, pero este año en un profesorado he recibido un pedido de informe
por el alto grado de desgranamiento en mis cátedras -dice-. Me sugieren dar
trabajos integradores a alumnos de profesorado que en todo el año no han
entregado nada”.
En palabras
sencillas, Virginia resume lo que habría que hacer: “El desafío es recuperar la
consigna central de enseñar, y la nueva consigna, post pandemia, debe ser la de
enseñar a estudiar de nuevo. Desarmar esas asociaciones absurdas entre la
desaprobación y el maltrato, y la aprobación y la calidad educativa. Un título
vacío es discriminación encubierta, mucho más perversa si se disfraza de
inclusión.”
Jorge Angelini, el
profesor que denunció hace un par de semanas en Infobae que lo que se les da a
los alumnos es “caridad educativa” y no “calidad educativa”, llegó a pensar,
frente a las constantes medidas de “facilitación” que diseñan los ministerios
en una medida extrema. “Pensé en ir a encadenarme a La Plata para que alguien
me pusiera un micrófono y una cámara y pudiera manifestar mi desacuerdo
absoluto. Qué indignación me da cuando veo a los alumnos que tuve en 4° y que
no aprobaron Literatura que me miran como diciendo ‘este año aprobé Literatura
de 5°, ja, ja, ja’. En cambio los estudiantes que se esforzaron por dar esa
materia previa me preguntan: ‘¿Para qué lo hicimos profe, si al final,
aprobábamos igual?’ Desazón absoluta...Y en el mismo lodo, todos manoseaos”.
Marcos Valle dice
que “el deterioro es constante y es una política, más allá de quién gobierne:
hay una matriz de pensamiento que es que el chico entre y egrese”. “Al profesor
que es el que emite el conocimiento se lo degrada al punto de ponerlo a la par
del alumno -constata- No se puede penalizar, desaprobar, dejar libre. Chicos de
5° año dan respuestas de primer grado, en tres renglones. Pobrecito… aprobado.
La secundaria en pandemia fue una entrega de trabajos copiados. Los mismos
profesores a veces le dicen al chico ‘copiá el trabajo de fulano que estaba
bien’”. Asegura que no es cierto que este año (2021) “se recuperaron
contenidos; eso es verso”.
Él trata de que
sus alumnos tomen conciencia: “Tu derecho es venir a estudiar, no venir a que
no te enseñen. Acá no te vamos a formar, te vamos a de-formar. No te vamos a
enseñar respeto ni orden ni disciplina. Y les digo: todo esto crea más
desigualdad, a ver si se espabilan”.
sábado, 8 de enero de 2022
LA BRÚJULA ROTA
por Enrique Guillermo Avogadro
(Nota N° 819)
“Navidad es la
época en la que los niños le piden a Papá Noel qué es lo que quieren y los
adultos pagan por ello. El déficit del Estado es cuando los adultos le piden al
gobierno lo que quieren y los niños pagan por ello”. Richard Lamm
¿Se imagina estar
navegando en medio de una tormenta terrible y carecer de instrumentos para
poder ubicar su posición? ¿Castigaría a la tripulación sin piedad cuando más la
necesita? Pues eso es lo que está sucediendo con la Argentina, un buque gemelo
del Titanic cuya sala de máquinas está a cargo de un académico fabulador y sin
experiencia y en el puente de mando tiene a un capitán cobarde que, además,
debe consultar cada decisión con una almirante a la que sólo le preocupa su
situación personal y, eventualmente, cuidar su capital, tanto real cuanto
simbólico.
El Gobierno sabe
que llegar a algún arreglo con el FMI resulta un requisito esencial, aunque no
el único, para que todo no se desbarranque finalmente en marzo (¿quizás con un
“rodrigazo”, impuesto por la realidad?), pero la locura de quienes están
conduciendo los penosos destinos del país los lleva a cometer un desatino tras
otro y, peor aún, quejarse cuando las previsibles consecuencias de su errática
conducta modifican en forma dramática la ruta que podría conducir a esa meta.
Para que ese acuerdo se firme, es necesario que los funcionarios y el
Directorio del Fondo aprueben un plan económico prometido y aún inexistente,
porque la pretensión del Ministro de Economía, Martín Guzmán, en el sentido de
considerar como tal al fantasioso y notoriamente falso presupuesto que presentó
al Congreso resulta inaceptable para el menos advertido de sus interlocutores.
Los mayores
accionistas del organismo internacional, que integran ciento noventa países son
Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China. El
Embajador de Japón ya ha dicho que no será tolerante con nosotros, porque el
dinero que debemos pertenece a sus propios trabajadores; y cuando la Casa
Rosada sondeó a China para obtener apoyo financiero, se encontró con que Xi
Jinping nos exigía llegar, previamente, a un arreglo con el FMI.
La administración
Biden, con un peso enorme en la toma de decisiones del Directorio, prioriza la
recuperación democrática que las criminales dictaduras de Nicaragua, Venezuela
y Cuba han destruido hasta los cimientos. Pero Alberto Fernández ha decidido
enfrentarla reactivando una organización fantasma, la CELAC, para competir
contra la OEA y dejando fuera a Canadá y los propios Estados Unidos (a quien
tanto necesita), con el apoyo explícito de Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y
Daniel Ortega, a los cuales ha acompañado en todos los foros internacionales
para evitar la condena de sus regímenes totalitarios y asesinos; por si fuera
poco, la Argentina enviará una delegación oficial a la re-reasunción del
último, convalidando así el monumental fraude que practicó en las últimas
elecciones nicaragüenses, incluyendo la detención de todos los candidatos
opositores.
Además, y
obedeciendo a la emperatriz patagónica, Fernández inició acciones penales
contra los funcionarios del FMI que intervinieron en el otorgamiento del
monumental crédito pedido por Mauricio Macri para evitar que la bomba nuclear
que había dejado su predecesora estallara y, con ella, cayera el único gobierno
no peronista que logró terminar su mandato desde 1928 hasta la fecha, en medio
de una crisis económica y social que hubiera superado, en magnitud, la del
2001. Y las personas físicas denunciadas por el PresidenteMeme son,
precisamente, aquéllas que deben informar al Directorio acerca de la viabilidad
del plan que, al final, ofrezca Guzmán.
Y no se privan de
denostar a la oposición y a sus líderes cada vez que abren la boca, pese a que
los necesitan desesperadamente para simular un gran acuerdo nacional que los
respalde. Es altamente probable que Gerardo Morales, Gobernador de Jujuy y
Presidente de la UCR, haya sido “apretado” financieramente para inducirlo a una
rara manifestación y convencer a sus colegas de la oposición de enviar
delegados a la reunión convocada para obtener una foto para enviar a
Washington. Pero, al menos esta vez, Juntos se cerró y acordó que el ámbito lógico
de discusión del arreglo con el FMI, cuando se haya logrado y no antes, sea el
Congreso.
En resumen, la
Argentina está mucho más cerca del arpa que de la guitarra, aunque sea Alberto
quien la toque para acompañar a Martín mientras canta su habitual sarasa. Nada
nuevo, porque Cristina Fernández y La Cámpora no están dispuestos a encarar el
necesario ajuste que implica reducir sensiblemente la inflación, achicar el
gasto público, aumentar las tarifas, acabar con los subsidios, acumular
reservas, terminar con la brecha cambiaria, etc., a riesgo de ir contra ese
capital simbólico que le permite ser la dueña del país y tener los atributos
masculinos de los grandes machos del PJ en una mano, sentada sobre la tercera
sección electoral de la Provincia de Buenos Aires, fuente de sus votos.
Hay un viejo
chiste que cuenta que, en gira electoral, un candidato promete destinar más
fondos a mejorar la cárcel que la escuela; cuando un asesor le pregunta por
qué, le responde que seguramente no volverá a estudiar, pero puede ser que
termine preso. Y viene a cuento porque la marioneta que preside la República
acaba de publicar que, mientras durante la “cuareterna” tantos chicos fueron
excluidos del sistema educativo por falta de conectividad, invertirá mil
millones de pesos en mejorar el acceso a Internet en las prisiones, donde los
delincuentes detenidos tanto lo privilegiaron en las últimas elecciones. Tuvo
razón Jorge Fernández Díaz cuando escribió: “Nadie se preocupa por el verdugo
si no presume que está destinado al cadalso”.
Bs.As., 8 Ene 22
miércoles, 22 de diciembre de 2021
PROPUESTA DE PROGRAMA
DE FORMACIÓN POLÍTICA
por Prof. Dr. Rafael Alvira
CIVILITAS EUROPA,
31-8-21
La tesis básica
del Programa es que todo verdadero político es un gobernante, y que gobernar es
un saber teórico-práctico que -con las diferencias significativas que imponen
los diferentes tipos de Instituciones- tiene validez universal para todas
ellas. La formación exigible a un político es la de gobernante. Se puede tener
esa formación y ejercerla en cualquier Institución que no pertenezca a lo que
hoy se entiende como el ámbito de la política en sentido estricto; y se puede
también, por supuesto, estar en política sin tener esa formación, lo que no es
infrecuente hoy.
Por eso sucede que
un buen gobernante de una Empresa u Organización cualquiera se readapta bien
para gobernar en la esfera estrictamente política, mientras que quien se ha
limitado a ser miembro activo de un partido político, al serle otorgado un
cargo demuestra con frecuencia su ignorancia en materia gubernativa.
Al respecto se
puede añadir que la gran mayoría de los miembros de una Cámara Congresual o
Senatorial carecen de formación seria para el gobierno, con lo que difícilmente
pueden tomar decisiones o aconsejar acertadamente sobre temas relevantes para
la vida de un país.
1. La política ha
de ser estudiada en sus dos dimensiones: estructural y personal. En primer
lugar, se ha de ver cómo es la sociedad en sus dimensiones fundamentales, pues
sin este conocimiento es imposible gobernar de modo adecuado; en segundo lugar,
hay que estudiar cuales son las cualidades que debe reunir todo buen
gobernante. En consecuencia, la formación que debe recibir la persona que se
dedica o quiere dedicarse a la política, ha de incluir el estudio de ambos
aspectos.
2. Con frecuencia,
el político parte de las ideas y costumbres generalmente admitidas, sin
ponerlas en cuestión. Hoy día eso supone, en el plano estructural, la
aceptación de una democracia representativa comprendida de modo genérico; y, en
el plano personal, el deseo de insertarse en un partido político. El problema
que presenta la mera aceptación de esquemas ya vigentes es que, cuando más, se
puede llegar es a ser un buen técnico experto en ellos y, según la calidad y
nivel de la técnica aprendida se pueden: a. arreglar fallos puntuales que se
presentan; b. mejorar el funcionamiento; c. diseñar una estructura más eficaz.
Pero lo que no se puede es comprender a fondo el sistema, y un sistema, como el
actual, en grave crisis, por más que se la intente esconder. Sin esa
comprensión, cualquier intento serio de mejora está abocado al fracaso.
3. La innovación,
hoy tan de moda, es pobre cuando se mantiene dentro de los puros límites de un
sistema. Para innovar de verdad hace falta no sólo analizar a fondo la estructura
del sistema -lo que ya es mucho-, sino saber porqué surgió, a qué necesidades
quería responder, etc., todo lo cual supone un conocimiento de lo que es la
sociedad en general, y de su configuración en el momento presente. Sólo tras
poner esas bases, se puede abordar con sentido el necesario estudio del arte
del gobierno.
4. Toda sociedad
es un cierto “sistema” -tomando esta palabra en sentido genérico-, es decir,
una unidad que incluye múltiples partes, las cuales han de acoplarse de modo
funcional. Eso significa, por un lado: a. que su estudio ha de ser
necesariamente interdisciplinar; y, por otro: b. que ha de tener una fuerte
componente humanística, pues toda sociedad es primariamente un grupo articulado
de personas y el Humanismo es el saber fundamental acerca de la perfección de
lo humano.
a. La
Interdisciplinaridad es imprescindible, dada la “unidad plural” del ser humano
y de toda realidad. Se ha de enfocar desde dos dimensiones:
a 1. Cuantitativa:
Es la que adquiere más fuerza en la actualidad. El “Big Data” busca relacionar
inteligentemente datos de todo tipo, de manera que se puedan obtener
conocimientos que faciliten líneas de acción adecuadas. Es un gran instrumento,
pero unilateral: el dato de por sí es sólo un instrumento. Centrarse sólo en el
dato supone un atraso cultural muy considerable.
a 2. Cualitativa:
Hoy está descuidada, pero es fundamental. Consiste en añadir a los datos, la
comprensión de los fundamentos de las diferentes dimensiones de una realidad,
de manera que se pueda llevar a cabo un juicio prudente acerca de hacia donde
dirigir la acción. Ningún ordenador puede hacer un juicio prudente, porque tal
juicio implica relacionar los principios y fundamentos del saber con las
finalidades y objetivos elegidos y con el análisis de las circunstancias
históricas y espaciotemporales empíricas.
b. El Humanismo
tiene tres vectores fundamentales: comprensión del pasado (historiografía), del
presente (filosofía) y del futuro (lenguaje -arte, técnica-). No se trata, como
es obvio, de estudiar en detalle y con gran acopio objetivo estos saberes, sino
de descubrir su significado y necesidad, de tal manera que cada uno adquiera el
hábito de comprender el valor del pasado, el presente y el futuro para la
formación del juicio prudencial. Con frecuencia el político falla por no
comprender la historia de la sociedad que gobierna, o por desconocer que no
todo es relativo, sino que también hay verdad en la sociedad, que una buena
filosofía política le muestra, o por no ser capaz de construir un lenguaje para
el adecuado desarrollo futuro de la sociedad respectiva.
En sustancia, todo
el Programa aquí diseñado va dirigido a la formación del juicio prudencial en
el gobernante, y a la adquisición de las demás virtudes básicas. Sin prudencia
política no se puede gobernar, pero ella no se tiene por nacimiento o buenas
aptitudes, sino que requiere un aprendizaje difícil y además unido al de las
otras virtudes fundamentales, sin cuya posesión la prudencia es ineficaz.
5. La formación de
gobernantes debería incluir las siguientes líneas fundamentales:
a. Estudio
interdisciplinar, con base humanística, del hombre y la sociedad;
b. Estudio de la
situación de nuestro momento histórico;
c. Estudio de la
filosofía, la ciencia y el arte del gobierno.
a. es la base de
la que se tiene que partir necesariamente. Sin ese conocimiento, todo saber es
fragmentario, carente de unidad y de verdadero significado;
b. la base de un
conocimiento universal y profundo requiere un segundo conocimiento: la
situación concreta a la que esa base se va a aplicar,
c. los
conocimientos adquiridos en a. y b. posibilitan el buen gobierno, pero esa
posibilidad se estropea si el gobernante no posee además la virtud de saber
gobernar bien.
Una traducción
concreta de estas líneas podría ser:
a 1.: Principios
de Antropología
a 2.: Principios
de Filosofía Política
a 3.: Civilización
e historia; educación y cultura
a 4.: Espacio y
territorio
a 5.:
Fundamentación de la Economía
a 6.:
Fundamentación del Derecho
a 7.: El ser de lo
político y la política
a 8.: Principios
de Ética y de Religión
b 1.: Principios
de geoeconomía
b 2.: Principios
de geopolítica
b 3.: Aspectos
centrales de la Historia contemporánea del propio país
b 4.: Aspectos
centrales de la situación económica actual del propio país
c 1.: Filosofía,
Ciencia y Arte del gobierno
c 2.: Teoría de la
Organización y de la Innovación
c 3.: Fundamentos
de la Administración
c 4.: Principios
de Retórica
7. Y un
desglose básico de las materias señaladas puede ser:
a 1.: Principios
de Antropología
Una imagen de cómo
es el ser humano en sus dimensiones fundamentales, con referencias religiosas,
filosóficas, culturales y físicas.
a 2.: Principios
de Filosofía Política
Qué se entiende
por sociedad, cuales son sus elementos y constantes fundamentales; el sentido
del poder y del gobierno.
a 3.: Civilización
e historia: educación y cultura
Toda sociedad
configura “espacialmente” una civilización, y “temporalmente” una historia. A
su vez, toda relación humana en sociedad genera individualmente una educación y
en común una cultura. Estudiar el sentido y la relevancia de estos cuatro
elementos es de especial relevancia para un político.
a 4.: Espacio y
Territorio
La ciencia y el
arte de conocer, entender y, en consecuencia, saber usar adecuadamente, el
espacio interior y el territorio exterior es fundamental para cualquier
Organización, y también, por tanto, para las Organizaciones Políticas.
a 5.:
Fundamentación de la Economía
El objetivo no es
enseñar la complejidad de la ciencia económica a quien no la conoce -lo que es
imposible en los límites de una asignatura-, sino hacer comprender el sentido
de la vida y la ciencia económicas, sus conceptos fundamentales y sus claves
principales en la situación actual.
a 6.:
Fundamentación del Derecho
Semejante al punto
anterior, no se trata de hacer jurista a quien no lo es, sino de abrirle los
ojos al sentido y relevancia del Derecho, introduciéndole en el conjunto de sus
conceptos fundamentales, y en la situación actual del Derecho.
a 7.: El ser de lo
político y la política
Se ha de mostrar
cual es el ámbito de lo específicamente político y cómo la comprensión de la
política y su actividad propia depende de la manera de entender esa
especificidad.
a 8.: Principios
de Ética y Religión
Si la política se
considera el conocimiento y la práctica supremas, entonces toda la vida
personal y social se encuadra dentro del ámbito del poder estrictamente
político, en la esfera de una vida volcada al exterior. Pero el ser humano
tiene una interioridad, que se muestra primero en el despertar de su
conciencia, que le pide obrar en justicia, o sea, de modo ético. A su vez, una
interioridad ética apoyada en la “pura razón” no es suficiente ni para explicar
el mundo interior del ser humano, ni para otorgar fuerza que empuje a obrar con
justicia cuando parece que hacerla no nos favorece. La religión no sólo es
imprescindible, sino que es la clave última, hasta el punto de que una política
que intenta desconectarse de la religión acaba erigiéndose ella misma en
religión (Rousseau: la religión civil del Estado; Hegel: el Estado moderno es
el Dios objetivo en la sociedad).
b 1.: Principios
de geoeconomía
Es una ciencia
reciente, pero ya fundamental. En una economía globalizada como la nuestra ya
no se puede prescindir de este estudio.
b 2.: Principios
de geopolítica
Es una ciencia que
desde el siglo XIX, cuando empieza a apuntar una interrelación política
planetaria, ha pasado a primer término.
b 3.: Aspectos
centrales de la Historia Contemporánea del propio país
Uno de los fallos
más graves de la educación actual es el escaso conocimiento de la historia.
Ella sin embargo tiene las claves explicativas para comprender a fondo nuestra
propia situación.
b 4.: Aspectos centrales
de la situación económica actual del propio país
Si siempre le ha
sido necesario al buen gobernante conocer de qué recursos económicos dispone su
país, y cual es la estructura económica que tiene, hoy le resulta mucho más
imprescindible que nunca. En un sistema democrático la economía es clave.
c 1.: Filosofía,
Ciencia y Arte del Gobierno
Para gobernar bien
hace falta esa triple formación: los principios filosóficos, el análisis
científico y el aprendizaje práctico del arte de gobernar. Esto último implica
el uso de ejemplos bien seleccionados (no meros “casos”).
c 2.: Teoría de la
Organización y de la Innovación
En realidad,
organizar es innovar, y, de otro lado, toda innovación ha de integrarse en una
organización. Lo que se llama Dirección tiene tres dimensiones: el gobierno
superior, la organización-innovación y la administración. Cada una de ellas
requiere hábitos diferentes. Hay excelentes organizadores que sería malos
gobernantes, administradores que no saben organizar, etc.
c 3.: Fundamentos
de la Administración
El Gobernante
superior ha de tener la visión completa, el organizador-innovador ha de ser técnico
y creativo, pero a la vez es preciso administrar adecuadamente los bienes y
recursos de los que se dispone. Con frecuencia hoy los directivos son más
organizadores que verdaderos gobernantes, con lo que no tienen contenta a su
gente, y además arrastrados por la imaginación inventiva administran mal, de
donde provienen las hoy tan frecuentes quiebras.
c 4.: Principios
de Retórica
Es imposible
realizar bien cualquier función en sociedad, y en particular las funciones de
gobierno, si no se sabe comunicar bien. Hoy se está volviendo a estudiar un
saber de gran relevancia, muy estudiado en épocas pasadas y en buena parte
orillado desde el Romanticismo: la Retórica. Es imprescindible.
6. Finalmente, es
oportuno subrayar que una formación completa, exhaustiva, en todas estas
materias no se puede llevar a cabo en unos meses o incluso en dos años. La
intención del programa es socrática: el comienzo de todo saber es darte cuenta
de que no sabes. Se busca aquí abrir a los futuros gobernantes el panorama de
los saberes fundamentales que hacen posible llevar a cabo un buen gobierno,
sobre todo cuando se trata de un gobierno de las más altas Instituciones y
grandes responsabilidades. Es imposible gobernar bien si falta visión, pero
ella se adquiere cuando el futuro gobernante descubre las múltiples dimensiones
de la sociedad y la persona, su verdadero y profundo significado, y la relación
entre ellas.
Sólo quien tiene
esa formación tiene, por un lado, el juicio propio de la prudencia gubernativa
o política, y, precisamente por ello, es también capaz de elegir bien a sus
asesores y consejeros. No es infrecuente hoy en política el hecho de tener
muchos, pero es más raro que se les utilice bien, porque para ello hace falta
entenderlos.
CIVILITAS EUROPA, 31-8-21