miércoles, 12 de enero de 2022

LA ÉTICA POLÍTICA

 


según Rodríguez Luño


Una presentación general


por Miriam Savarese

Observatorio Van Thuan, 12-1-22

 

Ángel Rodríguez Luño, Introducción a la ética política , [Pensamiento, n. 37] Rialp, Madrid 2021, págs. 169, 15€

 

El momento actual está plagado de problemas apremiantes, tanto que subrayar su importancia parece casi empalagoso, y no es casualidad que una parte de ellos tienda a saturar los diarios y los medios de comunicación: son temas que exigen -y con razón- la la atención de todos los ciudadanos y más aún la del filósofo y teólogo. Entonces, ¿por qué reflexionar sobre los conceptos básicos de la ética política, presentándolos de manera sencilla y diseñada para principiantes? ¿No hay otros temas que necesitan ser tratados como una prioridad, tanto como estudiosos del tema y como expertos?

En realidad, es una empresa crucial, que puede aparecer fuera de tiempo solo si los problemas se abordan permaneciendo en la superficie.

 

El padre Ángel Rodríguez Luño, profesor emérito de Teología Moral Fundamental (Universidad Pontificia de la Santa Cruz), consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y miembro ordinario de la Pontificia Academia de la Vida, se suma a quienes se han percatado de que, para responder a estas urgencias, que son los desafíos cotidianos de la ética política y de la misma Doctrina Social de la Iglesia, es necesario abordar las cuestiones fundamentales: en primer lugar, en qué consiste la actividad moralmente buena de la comunidad política, es decir, qué actividad es conforme a su finalidad, el bien común político (que para el autor puede llamarse, de manera más imprecisa, también bienestar general ), por tanto que sobre la conformidad de las acciones individuales a este bien, es decir, sobre su legalidad en general. Es un paso imprescindible para formar esa cultura política amplia -nos dice el autor- necesaria para abordar cada problema inmediato, que permita contextualizarlo y resolverlo de manera equilibrada.

 

El texto, ágil y escrito en castellano, se divide en seis capítulos (I. La ética de las instituciones políticas ; II. Presupuestos antropológicos del bien común político ; III. Containidos fundamentales del bien político común ; IV. La justicia social ; V. Cuestiones fundamentales de economía política ; VI. El buen gobierno ), acompañado de un prólogo y una bibliografía imprescindible. Nacido también de las peticiones de los alumnos, tiene un carácter sintético e introductorio, sin pretensiones de exhaustividad. Por tanto, el autor, aunque muy consciente de tratar temas complejos y en ocasiones ofrecer posiciones personales genuinas, no ofrece reconstrucciones históricas (salvo algunas referencias imprescindibles) ni expone el estado del arte sobre las nociones más debatidas. Presenta los puntos a su juicio esenciales y procede sobre todo con la ayuda de ejemplos sencillos accesibles a cualquiera, que, a pesar de sus (reconocidas) limitaciones, resultan decididamente útiles y explicativos en este contexto. Una estrategia ganadora es también el subrayado de problemas y posibles antinomias, que estimulan al lector a seguir y repasar el razonamiento realizado para resolverlos en primera persona.

 

Basada en autores modernos (según los temas tratados, sobre todo Böckenförde, Hayek, Rhonheimer, pero también Kriele, Lacalle, von Mises, Böhm-Bawerk), principalmente de orientación liberal pero cuyos aspectos Luño pretende asumir en su opinión de acuerdo con la antropología cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia, el texto conserva un sesgo filosófico, dirigido a todos aquellos que estén interesados ​​en la ética política independientemente de sus respectivas convicciones religiosas; pero, consciente de la necesidad de aclaraciones también de carácter teológico, el autor la integró con dos breves apartados dedicados a la relación entre los argumentos sustentados y los principios fundamentales de la antropología cristiana y entre el concepto de justicia social propuesto y la Doctrina Social de la la Iglesia (especialmente en estos últimos temas, el autor señala que su posición no es necesariamente la única posible).

 

En particular, el volumen introduce los conceptos de libertad , democracia , constitucionalismo , derecho , solidaridad y bien común , justicia social , economía política y buen gobierno ; cuestiones que afectan la estructura del Estado, su relación con la persona humana y con el bien. Los principios ético-políticos, en efecto, se fundan en lo que es el hombre. En el planteamiento del autor, el Estado está al servicio de la sociedad, que a su vez está al servicio de la persona para que ésta pueda alcanzar libremente su propio bien: surge claramente la primacía de la persona respecto del Estado (que no debe ser concebido como un sujeto social con especificaciones a las que deben subordinarse los demás agentes sociales) y la importancia de la libertad humana en el ámbito político, con el rechazo de cualquier forma de confusión entre procesos políticos y sociales, intencional el primero, espontáneo e impredecible el segundo . Esto va acompañado de una concepción del bien común político -cuyos contenidos fundamentales e inseparables son la paz-seguridad, la libertad y la justicia (y que como bien presupone una antropología)- no como un ente separado a promover con un tipo especial de actividad ni como anterior al bien de las personas, sino como una meta a alcanzar. Hay dos presupuestos antropológicos: la libertad y la solidaridad, formulados sintéticamente como libertad solidaria .

 

Este último concepto (que no debe confundirse con el de solidaridad), según el autor, es fundamental para entender la justicia social , cuya promoción exige precisamente el bien común. Esta noción hoy en día es una "manzana de discordia": para muchos, la igualdad que requiere es también social y económica y el Estado debe garantizarla, logrando activamente objetivos socialmente justos (¡predeterminando los resultados de los procesos culturales, sociales y económicos!) También a través de medios coercitivos y violentos; además, fue el motor de una progresiva y excesiva ampliación de las competencias del Estado. Para Luño, en cambio, (que entiende la justicia social como la justicia del orden global de la sociedad, consistente en la conformidad del orden social, político, jurídico y económico con el bien común, y también como virtud personal) en hombre hay también una tendencia al bien de los demás y por tanto al bien común (autotrascendencia propia de la libertad humana), lo que da lugar a deberes hacia el prójimo pero no a derechos correspondientes por parte de éste. Esto implica no poder modificar coercitivamente los procesos sociales y económicos, que son libres por su naturaleza, sino intervenir solidariamente para ayudar a los más desfavorecidos. A pesar de su sencillez, el texto muestra efectivamente por qué sería un error identificar la justicia y la igualdad, entendidas como igualdad de la riqueza (lo que implicaría atribuir al Estado un papel enorme y potencialmente totalitario) y que las políticas redistributivas que limitan la La iniciativa economica o las ganancias y los ahorros desalientan el trabajo y la creatividad. Esto se traduce, en el ámbito económico, donde se destaca acertadamente que la propiedad privada de los medios de producción es lo que garantiza la libertad económica, en la asunción como modelo del libre mercado/capitalismo, interpretado sin embargo con especial atención a la Escolástica española. del Siglo de Oro (de forma quizás demasiado optimista respecto a posibles mecanismos distorsionadores del propio mercado).

 

En cuanto a la libertad religiosa, el autor subraya el problema de mantener cohesionado un Estado liberal y pluralista y la necesidad de la cooperación entre la comunidad religiosa (entendida, sin embargo, como una dimensión prepolítica), en particular cristiana, y la comunidad política (para Luño, el Estado democrático, para que la distinción entre religión y política sea esencial para el cristianismo, debe ser neutral pero no ateo, eliminando el conflicto inherente a la religión cuando está institucionalizada políticamente y garantizando a la religión un espacio para afirmarse, pero no para defenderla).

 

En definitiva, el autor, a pesar de ser consciente de los "grandes malentendidos históricos" entre católicos y defensores de la libertad, está convencido de que estos pueden ser superados y espera en esos celosos cristianos, que ya reconocía Tocqueville, que luchan por la libertad humana.

 

Por lo tanto, el texto no es un retroceso bizantino sino un primer "mapa" para abordar los problemas actuales y comprender lo que realmente está en juego cuando se toma un camino u otro: es una forma de entrar de lleno, aunque sea indirectamente, en la lucha política, presentando convicciones éticas que ayuden a dar un giro virtuoso al gobierno. No es casualidad que los temas tratados se conviertan en una oportunidad para mencionar problemas de gran actualidad, desde la búsqueda desesperada de una sociedad sin riesgos hasta lo políticamente correcto. En efecto, además de las necesidades específicas de los temas de ética política que ha tratado a lo largo de los años, son precisamente ciertas tendencias del panorama político actual las que le han sugerido al profesor Luño la utilidad de enmarcar la disputa política en un horizonte superior, inspirada en el respeto a la libertad y la promoción de la responsabilidad por el bien común.

 

 

domingo, 9 de enero de 2022

AULAS DE ACELERACIÓN

 


o cómo hacer 3 años en uno: otro mecanismo facilista para alumnos secundarios atrasados en la cursada


Claudia Peiró


Infobae, 9 de Enero de 2022

 

“En la escuela de hoy, da lo mismo el que se esfuerza que el que no. El que no hizo nada en todo el año se sienta al lado del que trabajó y cumplió con todo. El valor del esfuerzo se pierde por completo”, dice Marcos Valle (el nombre es figurado), docente en secundarios y terciarios bonaerenses desde el año 2008.

 

A mediados del 2020, el entonces ministro de Educación, Nicolás Trotta, anunció que todos pasarían de grado en razón de la pandemia. Un tiro en la línea de flotación para los docentes que estaban bregando en la emergencia por mantener a los alumnos en la escuela, lograr que siguieran las clases de modo remoto y mantuvieran la mayor conexión posible con la cursada.

 

Luego vino el anuncio de que 2020 y 2021 se evaluarían en conjunto y que un aprobado en el último semestre de 2021 equivalía a tener aprobados ambos años de una materia, y si había una previa de 2019 entraba en el mismo paquete. Una sucesión de facilidades que también incluía la supresión de los exámenes tradicionales, de las notas numéricas, la evaluación por áreas -varias materias juntas- y la chance de pasar de año con hasta dos áreas previas.

 

La escuela argentina de hoy está impregnada de un paternalismo que condena a los más desfavorecidos a la ignorancia. Una inclusión mal entendida que profundiza la distancia social. Al chico humilde se le da una palmadita en el hombro y no se le exige nada. Flaco favor.

 

Y en esto no hay grieta que valga. El programa Aulas de Aceleración se lanzó en el año 2018, durante la gestión de María Eugenia Vidal.

 

Hace tiempo que las autoridades -de distinto signo partidario- vienen desplegando estrategias educativas de “inclusión” que en el fondo son de degradación de la calidad y del contenido de la enseñanza. El resultado es el contrario al declamado: la brecha en educación es cada vez mayor, y la matrícula privada crece a expensas de la pública.

 

En materia de secundario, la Argentina contaba con un sistema de colegios nocturnos que funcionaba muy bien, hasta que en 2010 se lanzó el plan FinEs2 (Finalización de Estudios). Era, dicho sin eufemismos, un secundario de baja categoría, devaluado en contenidos, en metodología de cursada y en evaluación. Toda persona mayor de 18 años podía inscribirse en el FinEs, un secundario en dos años y medio (un año por semestre), con 2 encuentros semanales, que no se dictaban en colegios, sino en locales sociales, a saber: club barrial, asociación, unidad básica y hasta en la casa del puntero. No hay que ser mago para adivinar que, en 12 clases por materia y dictadas en esas condiciones, lejos se estaba de formar en el mismo nivel de un secundario regular. Las clases las daban estudiantes de profesorado. Fueron conocidos los episodios de apriete a los docentes del FinEs para que aprobaran alumnos o no tomaran exámenes.

 

El FinEs tuvo por efecto el vaciamiento de los CENS (Centros Educativos Nivel Secundario), bachilleratos de adultos “en serio”: sus programas eran los del secundario regular, condensados, con una cursada rigurosa, de 4 horas diarias, de lunes a viernes, por lo general en el turno noche, de 18 a 22, y una duración de 3 años. Las clases se daban en colegios, a contraturno o en sedes propias, pero en un ámbito académico, no partidario.

 

Con esta “novedad” del FinEs2 introducida por la gestión kirchnerista, no sólo se empezó a otorgar título secundario a personas que no tenían ni por lejos la misma formación que un alumno de la secundaria regular, sino que se degradó un sistema -el de los CENS- que era excelente.

 

Por otra parte, como señala el profesor Enrique Rojas, que tampoco da su verdadero nombre -”Estoy en riesgo. No hay libertad en este país”, dice-, el bachillerato de adultos cumplía una función adicional: “El adolescente que antes iba al nocturno quedaba ‘domado’, porque el contacto con gente adulta, madura, seria, era muy benéfico para él”. Por otra parte, una vez en el mundo laboral o universitario, no había discriminación contra los que tenían esos títulos, a diferencia de lo que sucede hoy con los FinES.

 

“Hay alumnos en la Facultad que me dicen -con vergüenza- ‘yo terminé en un FinEs’... -comenta Marcos Valle-. Daban clase en un garaje y en el diploma que les entregaban estaba la foto de Néstor y Cristina abrazándose. Hacían un año en un semestre. En 2 años y medio terminaban con un plan acotadísimo, de 12 clases por materia.”

 

Pero el más reciente mazazo a los CENS fue la decisión del gobierno de Vidal de que los menores de 18 años dejaran de hacer los bachilleratos de adultos y fuesen sustituidos por Aulas de Aceleración [en adelante, AA] para hacer el ciclo básico en un año. Los bachilleratos de adultos (para mayores de 18) pasarían a la órbita de la Dirección de Educación de Adultos. Esto implicó el cierre de varios de ellos. Lo que generó algunas protestas que no fueron atendidas. En campaña, Cambiemos había prometido cerrar los FinEs. Lo que no explicó es que los iba a sustituir por un mecanismo aun más nivelador para abajo...

 

El Plan Aulas de Aceleración es uno más de los mecanismos diseñados, no para poner remedio a la crisis educativa, sino para disimularla. Así como en 2013 el Consejo Federal de Educación decidió que no se repitiera más primer grado y que se lo considerara parte de un ciclo junto con segundo, ahora buscaron un “remedio” similar para la sobreedad escolar: los adolescentes que, porque abandonan o repiten, se encuentran de pronto cursando 1° del secundario con 15, 16 ó 17 años de edad.

 

El objetivo es loable, desde ya. La solución, cuestionable. Para que estos alumnos puedan inscribirse en 4° año, como correspondería a su edad, se les da en un año un ciclo básico (los tres primeros años del secundario) comprimido, y en grupos en los que se mezclan alumnos que no cursaron ningún nivel con otros que lo hicieron parcialmente.

 

En el colegio donde enseña Enrique, este año egresaron los primeros alumnos salidos de estas aulas de aceleración. “Quedan camuflados con los demás egresados, aunque no tienen ni por lejos la misma formación”. Según su cálculo, son aproximadamente un tercio del total de egresados.

 

“Es que ahora no se puede echar a nadie -explica por su parte Marcos Valle-. Entonces todo es un gran dibujo. En un año meten a todos los repetidores de 1° a 3° para hacer 3 años en uno. Delirante”.

 

Para Marcos, el problema de estas aulas de aceleración es también el efecto que causan en los demás: “Muchos me dicen ‘profe, ¿para qué me esfuerzo si ahora éste viene y le dan todo por sabido?’”.

 

Las “Aulas de Aceleración en la Escuela Secundaria Obligatoria” se justifican por “la complejidad” de las “trayectorias educativas” de adolescentes y jóvenes de la provincia de Buenos Aires que “trae aparejada, en algunos casos, la condición de sobreedad”, es decir “la discrepancia entre la edad cronológica y la pautada en el sistema educativo”, según se lee en el “COMUNICADO Nº 33″ de la Dirección de Educación Secundaria bonaerense.

 

“La asistencia discontinua a la escuela, el inicio tardío, la repitencia, la no aprobación de materias” son los motivos por los cuales chicos de 14 a 17 años no han terminado el ciclo básico. La Dirección considera que también hay “aspectos institucionales” que “dificultan la continuidad en la trayectoria escolar”, como ser “régimen de cursada, cantidad de materias, formas de abordar la enseñanza”, es decir, la escuela misma.

 

“La enseñanza simultánea y graduada, por ejemplo, no siempre se adecúa a la diversidad de las posibilidades de aprendizaje de los estudiantes”, dice el documento que por ejemplo considera negativo que un repitente deba “volver a hacer otra vez las mismas actividades, aprender lo ya aprendido y aprobado”.

 

Para esto diseñaron las AA que, aclaran, “no son un dispositivo pedagógico destinado a perdurar -aclaran-, ya que a medida que las Escuelas Secundarias vayan proponiendo estrategias y formatos cada vez más acordes a las trayectorias de los jóvenes, donde todos se sientan incluidos y el aprendizaje significativo y de calidad sea una realidad para todos los jóvenes, las Aulas de Aceleración deberían ser innecesarias,”

 

¿Qué interpretar de este párrafo? ¿Que cuando todo esté nivelado hacia abajo, ya no habrá diferencia entre el que sabe y el que no, el que aprendió y el que no, y no será necesario “acelerar” a nadie porque estarán todos frenados?

 

Es obvio que, aunque no se lo diga, esta “aceleración” se hace en detrimento del contenido. Es decir, del aprendizaje. A lo largo del documento se insiste en que “el objetivo central” de las AA “es que al iniciar el próximo año, todos (los alumnos) o la gran mayoría, estén en condiciones de matricularse en el 4to año de la Escuela Secundaria”.

 

No es tarea sencilla hacer 3 años en uno, y además reuniendo en una misma aula a estudiantes que nunca ingresaron al secundario con otros que tienen parte del ciclo básico aprobado. Para salvar las distancias se recurre a la enseñanza “a partir de proyectos que integren conocimientos de distintas disciplinas”, lo que hoy se llama “Enseñanza y Aprendizaje Basado en Proyectos y Problemas (EABP)”

 

Una idea motivadora, pero si no se olvida que la base de todo es el conocimiento y que por más estrategias creativas que se propongan nada se aprende sin tiempo, esfuerzo e insistencia. Esta idea de “superar la visión fragmentada del mundo, centrándose en el Saber y en el Saber Hacer”, suena muy linda. Pero se parece un poco al planteo de “desarrollar espíritu crítico” en gente que no tiene herramientas para criticar.

 

El espíritu crítico no se enseña en sí mismo, ni en abstracto. Es resultado del aprendizaje, de la formación. Si hago una búsqueda en Internet, ¿cómo distingo la calidad -o no- de un contenido si no es en base a lo que ya sé, a los conocimientos que adquirí previamente, a todo lo que leí antes, que me permite reconocer lo bueno de lo regular, lo serio de lo infundado, lo riguroso de lo impreciso?

 

Está de moda decir que al alumno hay que enseñarle a resolver conflictos. Otra sarasa, diría el ministro Martín Guzmán. Al alumno hay que enseñarle. Punto. Al niño hay que enseñarle cosas, permitirle apropiarse del acervo cultural acumulado por generaciones anteriores: ése es su derecho. Eso le permitirá en el futuro defenderse en el mundo ya sea laboral, relacional, universitario, etc. y resolver conflictos, si cabe.

 

El pedagogismo es especialista en eufemismos. Como la escuela está fracasando en su función, como hay deserción, repitencia y lagunas en el aprendizaje, se lo disimula con diferentes estrategias. El documento de la Dirección de Educación Secundaria apela a uno de esos eufemismos de moda: la enseñanza ciclada versus la graduada; la primera permite disimular retrasos y repitencias.

 

Como ya el primer grado no cumple su función de enseñar a leer y escribir, sumar y restar, los pedagogos afirman que los niños aprenden en un “ciclo” de dos años y no en un año… Todo maestro sabe que si en un aula tiene chicos que no adquirieron todos los conocimientos del grado anterior, eso retrasará la enseñanza. Sobre todo si son varios. Inexorablemente, el “ciclo” nivela para abajo.

 

Algo análogo pasa en las Aulas de Aceleración: para hacer como que se enseñan tres años en uno, se cuestiona la enseñanza por grados -que hizo exitosa a nuestra escuela-, con el argumento de que parte de la “uniformidad de cómo se manifiesta lo que se transmite y lo que se recibe”, en el aula, mientras que la enseñanza ciclada permite “múltiples caminos de circulación de los saberes en el aula; ya no sólo en un sentido unívoco donde tiene una fuerte presencia la ilusión que lo que el docente enseña es asimilado de la misma manera por parte de todos los alumnos.”

 

Toda esta parrafada apunta a convencer de que se puede enseñar en un año lo que normalmente se enseña en tres… Y a alumnos que presentaron dificultades para seguir el ritmo regular.

 

Acertadamente, Enrique Rojas reflexiona: “Si las Aulas de Aceleración son tan exitosas, haciendo que en 4° año estos alumnos se puedan acoplar a aquellos que hicieron los 3 años anteriores sin ninguna prerrogativa, ¿por qué no se adopta esta ‘aceleración’ para todos? Nos ahorraríamos por lo menos dos años de secundaria”.

 

“En el multigrado -sigue diciendo el documento de la Dirección de Enseñanza Secundaria- la circulación de los saberes está pautada por las muy diversas formas que tienen los participantes de la situación didáctica de vincularse con el saber que está puesto en juego”.

 

Nótese que, según la jerga oficial, en la escuela el saber “circula”, no se transmite de docentes a estudiantes; no hay maestros y alumnos, sino “participantes de la situación didáctica”, la enseñanza es una “ilusión” y cada uno se vincula con el saber como le parece. Queda una duda: entre estas “muy diversas formas” de “vincularse con el saber”, ¿está la de no aprender nada?

 

No podía faltar la palabra “diversidad”, llave maestra de todo lo que está bien. Sin temor a repetirse, el documento dice: “Atender esa diversidad desde lo didáctico supone una nueva forma de atención a la diversidad, una manera que exige una diversificación de propuestas de enseñanza en función de las diferentes formas en que los niños pueden acercarse al saber”. Diversidad, diversidad, diversificación y diferentes. Luego el documento alcanza las cumbres de la jerga pedagogista cuando ¿sintetiza?: “Es decir, se trata de generar propuestas que favorezcan y potencien la relación de los estudiantes con los objetos de conocimiento [N. de la R: ¿está prohibido decir aprender?], buscar cuáles son las puertas de entrada más adecuadas para comenzar su apropiación, en relación a lo que ya sabe y a lo que saben los demás.”.

 

Luego viene la otra joya de la corona didáctica: la “resolución de problemas” o “consecución de proyectos”. Y su consecuencia: la “construcción de un saber compartido”. Esto es el bueno y viejo trabajo en equipo, pero dicho así no tiene sofisticación.

 

Todo este rebusque discursivo está destinado a justificar el Aula de Aceleración, en la cual “comparten un mismo ámbito físico estudiantes de diferentes edades, con trayectorias escolares y niveles de conceptualización muy distintos”. Pero esto, que como cualquier docente sabe es una complicación, para los redactores del documento oficial “representa un aspecto enriquecedor del proceso de apropiación del conocimiento”.

 

“En síntesis -insisten-, atender a la diversidad desde lo didáctico, supone”, entre varias cosas, “considerar diferentes posibles relaciones de los alumnos con el saber”, y “concebir cada uno de esos acercamientos igualmente valiosos e importantes para cada alumno”.

 

¿Cómo entender esto? ¿Da lo mismo que sepa mucho, poquito o nada?

 

Ahora bien, en algún momento hay que evaluar si en un año aprendieron como para ingresar a 4°… ¿O no? Acá vuelve la sarasa. “Esta propuesta pedagógica entiende a la Evaluación como parte del proceso de enseñanza y aprendizaje”; “la evaluación formativa [se] instala como un proceso continuo y retroalimentador para el docente y los estudiantes”; “la evaluación de los conceptos es tan importante como la de los procedimientos, las habilidades y las capacidades”; “el error se convierte en una posibilidad de nuevos aprendizajes”; etc., entre otras frases huecas y lugares comunes.

 

Y sentencian: “No se trata de examinar productos finales y cerrados [N.de la R: el programa de una materia en un año por ejemplo] sino de considerar los avances que se van sucediendo a lo largo del proceso de cada grupo y trayectoria individual”.

 

Ya podemos imaginar la flexibilidad que se esconde detrás de estas brumas. La misma Dirección, y en el mismo año, se ocupó de detallar esta experiencia en un documento titulado “Escuela no graduada: una práctica alternativa en la educación primaria”, que permite “disminuir la visión estanca que constituyó la estigmatización inconciente/conciente del alumno con desfase cronológico como académico.”

 

Acá aparece el argumento central de todo esto: el alumno que no pasa de año está siendo discriminado. Decir “no sabe” o “no aprendió” es poco menos que criminal.

 

El documento destaca la ventaja de poder “reconceptualizar la noción de permanencia, ya no en términos de repitencia, sino como aquel tiempo pedagógico necesario para construir contenidos no fijados, ya no en un año académico sino en el tiempo del respeto a los ritmos personales”.

 

Esta deconstrucción de la escuela “graduada” es la nueva coartada de quienes vienen fracasando estrepitosamente. La renuncia a enseñar, la descalificación del docente, el vaciamiento de contenidos, la pretensión de que se puede formar conciencia crítica, adquirir “habilidades”, resolver “conflictos”, sin aprender de modo riguroso, configuran en el fondo una renuncia a “educar”, a devolverle a la escuela su función primordial.

 

El espíritu de renuncia pedagógica que impregna a los funcionarios se traduce además en una presión sobre los docentes para que contemplen las “diversas formas de vincularse con el saber”, o sea, que promocionen a todos. Virginia, profesora de nivel secundario y terciario en provincia de Buenos Aires, dice en referencia a esa presión: “Es inmensa la violencia subjetiva contra el docente que desobedece. La mayoría elige sobrevivir, y en medio del maltrato y para evitar males peores, aprueban a todos. Otros aprueban a todos con convicción, y eso es peor, porque habla de una formación docente pauperizada y sesgada políticamente, en la que desaprobar es discriminar y excluir, e implica falta de empatía por parte del docente. Y así los alumnos reciben el mensaje de que está todo bien, y no lo está.”

 

A ella le preocupa sobremanera el bajo nivel de los futuros docentes porque el facilismo y la presión por aprobar también llegó a ese ámbito: “En primer año de un profesorado terciario, tengo alumnos que no están completamente alfabetizados, y que no comprenden consignas simples ni textos básicos. El nivel terciario no es obligatorio, pero este año en un profesorado he recibido un pedido de informe por el alto grado de desgranamiento en mis cátedras -dice-. Me sugieren dar trabajos integradores a alumnos de profesorado que en todo el año no han entregado nada”.

 

En palabras sencillas, Virginia resume lo que habría que hacer: “El desafío es recuperar la consigna central de enseñar, y la nueva consigna, post pandemia, debe ser la de enseñar a estudiar de nuevo. Desarmar esas asociaciones absurdas entre la desaprobación y el maltrato, y la aprobación y la calidad educativa. Un título vacío es discriminación encubierta, mucho más perversa si se disfraza de inclusión.”

 

Jorge Angelini, el profesor que denunció hace un par de semanas en Infobae que lo que se les da a los alumnos es “caridad educativa” y no “calidad educativa”, llegó a pensar, frente a las constantes medidas de “facilitación” que diseñan los ministerios en una medida extrema. “Pensé en ir a encadenarme a La Plata para que alguien me pusiera un micrófono y una cámara y pudiera manifestar mi desacuerdo absoluto. Qué indignación me da cuando veo a los alumnos que tuve en 4° y que no aprobaron Literatura que me miran como diciendo ‘este año aprobé Literatura de 5°, ja, ja, ja’. En cambio los estudiantes que se esforzaron por dar esa materia previa me preguntan: ‘¿Para qué lo hicimos profe, si al final, aprobábamos igual?’ Desazón absoluta...Y en el mismo lodo, todos manoseaos”.

 

Marcos Valle dice que “el deterioro es constante y es una política, más allá de quién gobierne: hay una matriz de pensamiento que es que el chico entre y egrese”. “Al profesor que es el que emite el conocimiento se lo degrada al punto de ponerlo a la par del alumno -constata- No se puede penalizar, desaprobar, dejar libre. Chicos de 5° año dan respuestas de primer grado, en tres renglones. Pobrecito… aprobado. La secundaria en pandemia fue una entrega de trabajos copiados. Los mismos profesores a veces le dicen al chico ‘copiá el trabajo de fulano que estaba bien’”. Asegura que no es cierto que este año (2021) “se recuperaron contenidos; eso es verso”.

 

Él trata de que sus alumnos tomen conciencia: “Tu derecho es venir a estudiar, no venir a que no te enseñen. Acá no te vamos a formar, te vamos a de-formar. No te vamos a enseñar respeto ni orden ni disciplina. Y les digo: todo esto crea más desigualdad, a ver si se espabilan”.

sábado, 8 de enero de 2022

LA BRÚJULA ROTA


 

por Enrique Guillermo Avogadro


 (Nota N° 819)

 

“Navidad es la época en la que los niños le piden a Papá Noel qué es lo que quieren y los adultos pagan por ello. El déficit del Estado es cuando los adultos le piden al gobierno lo que quieren y los niños pagan por ello”. Richard Lamm

 

¿Se imagina estar navegando en medio de una tormenta terrible y carecer de instrumentos para poder ubicar su posición? ¿Castigaría a la tripulación sin piedad cuando más la necesita? Pues eso es lo que está sucediendo con la Argentina, un buque gemelo del Titanic cuya sala de máquinas está a cargo de un académico fabulador y sin experiencia y en el puente de mando tiene a un capitán cobarde que, además, debe consultar cada decisión con una almirante a la que sólo le preocupa su situación personal y, eventualmente, cuidar su capital, tanto real cuanto simbólico.

 

El Gobierno sabe que llegar a algún arreglo con el FMI resulta un requisito esencial, aunque no el único, para que todo no se desbarranque finalmente en marzo (¿quizás con un “rodrigazo”, impuesto por la realidad?), pero la locura de quienes están conduciendo los penosos destinos del país los lleva a cometer un desatino tras otro y, peor aún, quejarse cuando las previsibles consecuencias de su errática conducta modifican en forma dramática la ruta que podría conducir a esa meta. Para que ese acuerdo se firme, es necesario que los funcionarios y el Directorio del Fondo aprueben un plan económico prometido y aún inexistente, porque la pretensión del Ministro de Economía, Martín Guzmán, en el sentido de considerar como tal al fantasioso y notoriamente falso presupuesto que presentó al Congreso resulta inaceptable para el menos advertido de sus interlocutores.

 

Los mayores accionistas del organismo internacional, que integran ciento noventa países son Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China. El Embajador de Japón ya ha dicho que no será tolerante con nosotros, porque el dinero que debemos pertenece a sus propios trabajadores; y cuando la Casa Rosada sondeó a China para obtener apoyo financiero, se encontró con que Xi Jinping nos exigía llegar, previamente, a un arreglo con el FMI.

 

La administración Biden, con un peso enorme en la toma de decisiones del Directorio, prioriza la recuperación democrática que las criminales dictaduras de Nicaragua, Venezuela y Cuba han destruido hasta los cimientos. Pero Alberto Fernández ha decidido enfrentarla reactivando una organización fantasma, la CELAC, para competir contra la OEA y dejando fuera a Canadá y los propios Estados Unidos (a quien tanto necesita), con el apoyo explícito de Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega, a los cuales ha acompañado en todos los foros internacionales para evitar la condena de sus regímenes totalitarios y asesinos; por si fuera poco, la Argentina enviará una delegación oficial a la re-reasunción del último, convalidando así el monumental fraude que practicó en las últimas elecciones nicaragüenses, incluyendo la detención de todos los candidatos opositores.

 

Además, y obedeciendo a la emperatriz patagónica, Fernández inició acciones penales contra los funcionarios del FMI que intervinieron en el otorgamiento del monumental crédito pedido por Mauricio Macri para evitar que la bomba nuclear que había dejado su predecesora estallara y, con ella, cayera el único gobierno no peronista que logró terminar su mandato desde 1928 hasta la fecha, en medio de una crisis económica y social que hubiera superado, en magnitud, la del 2001. Y las personas físicas denunciadas por el PresidenteMeme son, precisamente, aquéllas que deben informar al Directorio acerca de la viabilidad del plan que, al final, ofrezca Guzmán.

 

Y no se privan de denostar a la oposición y a sus líderes cada vez que abren la boca, pese a que los necesitan desesperadamente para simular un gran acuerdo nacional que los respalde. Es altamente probable que Gerardo Morales, Gobernador de Jujuy y Presidente de la UCR, haya sido “apretado” financieramente para inducirlo a una rara manifestación y convencer a sus colegas de la oposición de enviar delegados a la reunión convocada para obtener una foto para enviar a Washington. Pero, al menos esta vez, Juntos se cerró y acordó que el ámbito lógico de discusión del arreglo con el FMI, cuando se haya logrado y no antes, sea el Congreso.

 

En resumen, la Argentina está mucho más cerca del arpa que de la guitarra, aunque sea Alberto quien la toque para acompañar a Martín mientras canta su habitual sarasa. Nada nuevo, porque Cristina Fernández y La Cámpora no están dispuestos a encarar el necesario ajuste que implica reducir sensiblemente la inflación, achicar el gasto público, aumentar las tarifas, acabar con los subsidios, acumular reservas, terminar con la brecha cambiaria, etc., a riesgo de ir contra ese capital simbólico que le permite ser la dueña del país y tener los atributos masculinos de los grandes machos del PJ en una mano, sentada sobre la tercera sección electoral de la Provincia de Buenos Aires, fuente de sus votos.

 

Hay un viejo chiste que cuenta que, en gira electoral, un candidato promete destinar más fondos a mejorar la cárcel que la escuela; cuando un asesor le pregunta por qué, le responde que seguramente no volverá a estudiar, pero puede ser que termine preso. Y viene a cuento porque la marioneta que preside la República acaba de publicar que, mientras durante la “cuareterna” tantos chicos fueron excluidos del sistema educativo por falta de conectividad, invertirá mil millones de pesos en mejorar el acceso a Internet en las prisiones, donde los delincuentes detenidos tanto lo privilegiaron en las últimas elecciones. Tuvo razón Jorge Fernández Díaz cuando escribió: “Nadie se preocupa por el verdugo si no presume que está destinado al cadalso”.

 

Bs.As., 8 Ene 22

miércoles, 22 de diciembre de 2021

PROPUESTA DE PROGRAMA

 


DE FORMACIÓN POLÍTICA


 por Prof. Dr. Rafael Alvira


CIVILITAS EUROPA, 31-8-21

 

La tesis básica del Programa es que todo verdadero político es un gobernante, y que gobernar es un saber teórico-práctico que -con las diferencias significativas que imponen los diferentes tipos de Instituciones- tiene validez universal para todas ellas. La formación exigible a un político es la de gobernante. Se puede tener esa formación y ejercerla en cualquier Institución que no pertenezca a lo que hoy se entiende como el ámbito de la política en sentido estricto; y se puede también, por supuesto, estar en política sin tener esa formación, lo que no es infrecuente hoy.

 

Por eso sucede que un buen gobernante de una Empresa u Organización cualquiera se readapta bien para gobernar en la esfera estrictamente política, mientras que quien se ha limitado a ser miembro activo de un partido político, al serle otorgado un cargo demuestra con frecuencia su ignorancia en materia gubernativa.

 

Al respecto se puede añadir que la gran mayoría de los miembros de una Cámara Congresual o Senatorial carecen de formación seria para el gobierno, con lo que difícilmente pueden tomar decisiones o aconsejar acertadamente sobre temas relevantes para la vida de un país. 

 

1. La política ha de ser estudiada en sus dos dimensiones: estructural y personal. En primer lugar, se ha de ver cómo es la sociedad en sus dimensiones fundamentales, pues sin este conocimiento es imposible gobernar de modo adecuado; en segundo lugar, hay que estudiar cuales son las cualidades que debe reunir todo buen gobernante. En consecuencia, la formación que debe recibir la persona que se dedica o quiere dedicarse a la política, ha de incluir el estudio de ambos aspectos.

 

2. Con frecuencia, el político parte de las ideas y costumbres generalmente admitidas, sin ponerlas en cuestión. Hoy día eso supone, en el plano estructural, la aceptación de una democracia representativa comprendida de modo genérico; y, en el plano personal, el deseo de insertarse en un partido político. El problema que presenta la mera aceptación de esquemas ya vigentes es que, cuando más, se puede llegar es a ser un buen técnico experto en ellos y, según la calidad y nivel de la técnica aprendida se pueden: a. arreglar fallos puntuales que se presentan; b. mejorar el funcionamiento; c. diseñar una estructura más eficaz. Pero lo que no se puede es comprender a fondo el sistema, y un sistema, como el actual, en grave crisis, por más que se la intente esconder. Sin esa comprensión, cualquier intento serio de mejora está abocado al fracaso.

 

3. La innovación, hoy tan de moda, es pobre cuando se mantiene dentro de los puros límites de un sistema. Para innovar de verdad hace falta no sólo analizar a fondo la estructura del sistema -lo que ya es mucho-, sino saber porqué surgió, a qué necesidades quería responder, etc., todo lo cual supone un conocimiento de lo que es la sociedad en general, y de su configuración en el momento presente. Sólo tras poner esas bases, se puede abordar con sentido el necesario estudio del arte del gobierno.

 

4. Toda sociedad es un cierto “sistema” -tomando esta palabra en sentido genérico-, es decir, una unidad que incluye múltiples partes, las cuales han de acoplarse de modo funcional. Eso significa, por un lado: a. que su estudio ha de ser necesariamente interdisciplinar; y, por otro: b. que ha de tener una fuerte componente humanística, pues toda sociedad es primariamente un grupo articulado de personas y el Humanismo es el saber fundamental acerca de la perfección de lo humano.

 

a. La Interdisciplinaridad es imprescindible, dada la “unidad plural” del ser humano y de toda realidad. Se ha de enfocar desde dos dimensiones:

 

a 1. Cuantitativa: Es la que adquiere más fuerza en la actualidad. El “Big Data” busca relacionar inteligentemente datos de todo tipo, de manera que se puedan obtener conocimientos que faciliten líneas de acción adecuadas. Es un gran instrumento, pero unilateral: el dato de por sí es sólo un instrumento. Centrarse sólo en el dato supone un atraso cultural muy considerable.

 

a 2. Cualitativa: Hoy está descuidada, pero es fundamental. Consiste en añadir a los datos, la comprensión de los fundamentos de las diferentes dimensiones de una realidad, de manera que se pueda llevar a cabo un juicio prudente acerca de hacia donde dirigir la acción. Ningún ordenador puede hacer un juicio prudente, porque tal juicio implica relacionar los principios y fundamentos del saber con las finalidades y objetivos elegidos y con el análisis de las circunstancias históricas y espaciotemporales empíricas.

 

b. El Humanismo tiene tres vectores fundamentales: comprensión del pasado (historiografía), del presente (filosofía) y del futuro (lenguaje -arte, técnica-). No se trata, como es obvio, de estudiar en detalle y con gran acopio objetivo estos saberes, sino de descubrir su significado y necesidad, de tal manera que cada uno adquiera el hábito de comprender el valor del pasado, el presente y el futuro para la formación del juicio prudencial. Con frecuencia el político falla por no comprender la historia de la sociedad que gobierna, o por desconocer que no todo es relativo, sino que también hay verdad en la sociedad, que una buena filosofía política le muestra, o por no ser capaz de construir un lenguaje para el adecuado desarrollo futuro de la sociedad respectiva.

 

En sustancia, todo el Programa aquí diseñado va dirigido a la formación del juicio prudencial en el gobernante, y a la adquisición de las demás virtudes básicas. Sin prudencia política no se puede gobernar, pero ella no se tiene por nacimiento o buenas aptitudes, sino que requiere un aprendizaje difícil y además unido al de las otras virtudes fundamentales, sin cuya posesión la prudencia es ineficaz.

 

5. La formación de gobernantes debería incluir las siguientes líneas fundamentales:

 

a. Estudio interdisciplinar, con base humanística, del hombre y la sociedad;

 

b. Estudio de la situación de nuestro momento histórico;

 

c. Estudio de la filosofía, la ciencia y el arte del gobierno.

 

a. es la base de la que se tiene que partir necesariamente. Sin ese conocimiento, todo saber es fragmentario, carente de unidad y de verdadero significado;

 

b. la base de un conocimiento universal y profundo requiere un segundo conocimiento: la situación concreta a la que esa base se va a aplicar,

 

c. los conocimientos adquiridos en a. y b. posibilitan el buen gobierno, pero esa posibilidad se estropea si el gobernante no posee además la virtud de saber gobernar bien.

 

Una traducción concreta de estas líneas podría ser:

 

a 1.: Principios de Antropología

 

a 2.: Principios de Filosofía Política

 

a 3.: Civilización e historia; educación y cultura

 

a 4.: Espacio y territorio

 

a 5.: Fundamentación de la Economía

 

a 6.: Fundamentación del Derecho

 

a 7.: El ser de lo político y la política

 

a 8.: Principios de Ética y de Religión

 

b 1.: Principios de geoeconomía

 

b 2.: Principios de geopolítica 

 

b 3.: Aspectos centrales de la Historia contemporánea del propio país

 

b 4.: Aspectos centrales de la situación económica actual del propio país

 

c 1.: Filosofía, Ciencia y Arte del gobierno

 

c 2.: Teoría de la Organización y de la Innovación

 

c 3.: Fundamentos de la Administración

 

c 4.: Principios de Retórica

 

7. Y un desglose básico de las materias señaladas puede ser:

 

a 1.: Principios de Antropología

 

Una imagen de cómo es el ser humano en sus dimensiones fundamentales, con referencias religiosas, filosóficas, culturales y físicas.

 

a 2.: Principios de Filosofía Política

 

Qué se entiende por sociedad, cuales son sus elementos y constantes fundamentales; el sentido del poder y del gobierno.

 

a 3.: Civilización e historia: educación y cultura

 

Toda sociedad configura “espacialmente” una civilización, y “temporalmente” una historia. A su vez, toda relación humana en sociedad genera individualmente una educación y en común una cultura. Estudiar el sentido y la relevancia de estos cuatro elementos es de especial relevancia para un político.

 

a 4.: Espacio y Territorio

 

La ciencia y el arte de conocer, entender y, en consecuencia, saber usar adecuadamente, el espacio interior y el territorio exterior es fundamental para cualquier Organización, y también, por tanto, para las Organizaciones Políticas.

 

a 5.: Fundamentación de la Economía

 

El objetivo no es enseñar la complejidad de la ciencia económica a quien no la conoce -lo que es imposible en los límites de una asignatura-, sino hacer comprender el sentido de la vida y la ciencia económicas, sus conceptos fundamentales y sus claves principales en la situación actual.

 

a 6.: Fundamentación del Derecho

 

Semejante al punto anterior, no se trata de hacer jurista a quien no lo es, sino de abrirle los ojos al sentido y relevancia del Derecho, introduciéndole en el conjunto de sus conceptos fundamentales, y en la situación actual del Derecho.

 

a 7.: El ser de lo político y la política

 

Se ha de mostrar cual es el ámbito de lo específicamente político y cómo la comprensión de la política y su actividad propia depende de la manera de entender esa especificidad.

 

a 8.: Principios de Ética y Religión

 

Si la política se considera el conocimiento y la práctica supremas, entonces toda la vida personal y social se encuadra dentro del ámbito del poder estrictamente político, en la esfera de una vida volcada al exterior. Pero el ser humano tiene una interioridad, que se muestra primero en el despertar de su conciencia, que le pide obrar en justicia, o sea, de modo ético. A su vez, una interioridad ética apoyada en la “pura razón” no es suficiente ni para explicar el mundo interior del ser humano, ni para otorgar fuerza que empuje a obrar con justicia cuando parece que hacerla no nos favorece. La religión no sólo es imprescindible, sino que es la clave última, hasta el punto de que una política que intenta desconectarse de la religión acaba erigiéndose ella misma en religión (Rousseau: la religión civil del Estado; Hegel: el Estado moderno es el Dios objetivo en la sociedad).

 

b 1.: Principios de geoeconomía

 

Es una ciencia reciente, pero ya fundamental. En una economía globalizada como la nuestra ya no se puede prescindir de este estudio.

 

b 2.: Principios de geopolítica

 

Es una ciencia que desde el siglo XIX, cuando empieza a apuntar una interrelación política planetaria, ha pasado a primer término.

 

b 3.: Aspectos centrales de la Historia Contemporánea del propio país

 

Uno de los fallos más graves de la educación actual es el escaso conocimiento de la historia. Ella sin embargo tiene las claves explicativas para comprender a fondo nuestra propia situación.

 

b 4.: Aspectos centrales de la situación económica actual del propio país

 

Si siempre le ha sido necesario al buen gobernante conocer de qué recursos económicos dispone su país, y cual es la estructura económica que tiene, hoy le resulta mucho más imprescindible que nunca. En un sistema democrático la economía es clave.

 

c 1.: Filosofía, Ciencia y Arte del Gobierno

 

Para gobernar bien hace falta esa triple formación: los principios filosóficos, el análisis científico y el aprendizaje práctico del arte de gobernar. Esto último implica el uso de ejemplos bien seleccionados (no meros “casos”).

 

c 2.: Teoría de la Organización y de la Innovación

 

En realidad, organizar es innovar, y, de otro lado, toda innovación ha de integrarse en una organización. Lo que se llama Dirección tiene tres dimensiones: el gobierno superior, la organización-innovación y la administración. Cada una de ellas requiere hábitos diferentes. Hay excelentes organizadores que sería malos gobernantes, administradores que no saben organizar, etc.

 

c 3.: Fundamentos de la Administración

 

El Gobernante superior ha de tener la visión completa, el organizador-innovador ha de ser técnico y creativo, pero a la vez es preciso administrar adecuadamente los bienes y recursos de los que se dispone. Con frecuencia hoy los directivos son más organizadores que verdaderos gobernantes, con lo que no tienen contenta a su gente, y además arrastrados por la imaginación inventiva administran mal, de donde provienen las hoy tan frecuentes quiebras.

 

c 4.: Principios de Retórica

 

Es imposible realizar bien cualquier función en sociedad, y en particular las funciones de gobierno, si no se sabe comunicar bien. Hoy se está volviendo a estudiar un saber de gran relevancia, muy estudiado en épocas pasadas y en buena parte orillado desde el Romanticismo: la Retórica. Es imprescindible.

 

6. Finalmente, es oportuno subrayar que una formación completa, exhaustiva, en todas estas materias no se puede llevar a cabo en unos meses o incluso en dos años. La intención del programa es socrática: el comienzo de todo saber es darte cuenta de que no sabes. Se busca aquí abrir a los futuros gobernantes el panorama de los saberes fundamentales que hacen posible llevar a cabo un buen gobierno, sobre todo cuando se trata de un gobierno de las más altas Instituciones y grandes responsabilidades. Es imposible gobernar bien si falta visión, pero ella se adquiere cuando el futuro gobernante descubre las múltiples dimensiones de la sociedad y la persona, su verdadero y profundo significado, y la relación entre ellas.

 

Sólo quien tiene esa formación tiene, por un lado, el juicio propio de la prudencia gubernativa o política, y, precisamente por ello, es también capaz de elegir bien a sus asesores y consejeros. No es infrecuente hoy en política el hecho de tener muchos, pero es más raro que se les utilice bien, porque para ello hace falta entenderlos.


CIVILITAS EUROPA, 31-8-21