POR ALBERTO AMATO
Fue el Napoleón de
Vietnam. Su nombre, que sonó siempre como un latigazo, fue el símbolo de la
independencia y de la libertad de su país, en el que había nacido el 25 de
agosto de 1911, y en el que soportó años de dominación en manos francesas,
japonesas, francesas otra vez y estadounidenses. A todas hizo frente y a todas
derrotó Nguyen Von Giap, el viejo general que cerró por fin sus ojos de
guerrero inclemente ayer, a los 102 años, en la ciudad que fue su patria del
corazón: Hanoi.
Precisamente sus ojos
eran el rasgo más distintivo de su figura física: eran vivaces, alertas,
astutos, en los que reinaba a menudo un destello de crueldad y que destacaban en
un cuerpo muy especial; Giap era muy bajo, no llegaba al metro cincuenta y
cuatro, tenía piernas cortas, brazos cortos, un cuello también corto y oculto
casi por los uniformes militares que fueron casi su segunda piel; era robusto,
de cara redonda y sonrisa que podía ser acogedora o helada.
Escribió varios
libros, pero uno, “Guerra popular, ejército popular” fue no sólo un compendio
de sus experiencias militares, sino un manual sobre cómo llevar adelante la
guerra de guerrillas en base a tres elementos decisivos: dirección,
organización y estrategia. Giap, un genio del sabotaje, la logística y la
estrategia, ponía la dirección en manos del Partido Comunista, la organización
en manos de una férrea disciplina militar y la estrategia al amparo de una
“línea política adecuada a las condiciones económicas, sociales y políticas del
país”.
A los 14 años, con
Vietnam en manos del poderoso imperio francés, empezó a participar de grupos
clandestinos de resistencia por la independencia. A los 18 ya había conocido la
cárcel y los palos; a los 19 había sido condenado a tres años de cárcel (lo
liberaron meses después) y a los 22 había entrado en la Universidad de Hanoi,
de donde fue expulsado dos años después por “agitador revolucionario”. Fue en la Universidad de Hanoi
donde conoció al principal ideólogo comunista, Dang Xuan Khu, que después usó
el seudónimo de Truong Chinh, y que lo incorporó al PC vietnamés.
Una tragedia parece
haber decidido el destino de Giap. En septiembre de 1939, cuando el gobierno
francés prohibió al PC, Giap escapó a China. Se había casado el año anterior
con Dan Thi Quang, una chica tailandesa también comunista, que cubrió su huida
y decidió ir presa en su lugar. Los franceses detuvieron también a la cuñada de
Giap para obligar al prófugo a entregarse. Giap dijo no y su cuñada fue
guillotinada, el hijo recién nacido de Giap y Quang fue asesinado, y su mujer,
torturada y abandonada en una celda poblada por ratas: murió dos años después.
Las fuerzas coloniales asesinaron también al padre de Giap, a sus dos hermanas
y a otros familiares.
En China, Giap se
vinculó a Ho Chi Minh, el cerebro político de la resistencia vietnamita, y
ambos fundan en 1941, en plena guerra mundial y con Vietnam en manos japonesas,
la Liga Vietnamita
para la Independencia ,
conocida como Vietminh. Giap se instala en las montañas del Vietnam profundo
para iniciar la guerra de guerrillas contra las fuerzas de ocupación y la
construcción de un ejército de campesinos, adoctrinados en el comunismo. La
derrota de Japón abrió las puertas para que Ho y Giap declararan la
independencia de Vietnam con un gobierno instalado en Saigón, presidido por Ho,
y con la jefatura del Ejército a cargo del joven general.
Pero los franceses
regresaron, y Vietnam vivió casi una década más de dominio y de guerrillas. En
mayo de 1954, con las fuerzas francesas atrincheradas en el valle de Dien Bien
Phu, el Vietminh inició un asedio que duró 55 días. Las fuerzas de Giap
treparon las montañas que rodeaban al valle con cien cañones desmontados y al
hombro, en bicicletas, a marchas forzadas y sin comidas.
Francia se rindió el
7 de mayo de 1954, después de perder doce mil hombres. Al Vietminh, la victoria
le costó cuarenta y cinco mil vidas.
De inmediato se
inició en Vietnam la dominación norteamericana, con un gobierno impuesto en el
sur de Vietnam, en Saigón. El país quedó dividido en dos. Los vietnameses
volvieron a la guerra que estalló en 1965, con el desembarco de las primeras
tropas de combate estadounidenses y que se prolongó durante casi una década.
Vietnam perdió más de dos millones de personas, hasta los acuerdos de paz de
1975.
Giap, con la lógica
despiadada, dijo alguna vez: “Cada dos minutos mueren trescientas mil personas
en este planeta; cuarenta y cinco mil mueren en una batalla, ¿qué significan?
En la guerra, la
muerte no cuenta.” Ese espíritu le hizo desatar en enero de 1968 la “Ofensiva
del Tet” (el Tet es el año nuevo lunar vietnamita); un ataque masivo de las
guerrillas y el ejército vietnamita a los principales objetivos militares y civiles
de Saigón. El cálculo de Giap fue terrible: supo siempre que iba a perder a
miles de hombres, pero que la guerra de Vietnam jamás volvería a ser vista con
indiferencia por el resto del mundo. Y así fue.
Ayer, el viejo
general perdió la batalla contra el único enemigo frente al que no valen las
estrategias ni la logística de la guerrilla.
Clarín, 5-10-13